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Ricardo Alemán
10 de agosto de 2006

Críticos linchados

Los opositores a los gobiernos de Vicente Fox y Ulises Ruiz han acuñado la vieja consigna de "prensa vendida"

E n los tiempos de la hegemonía del PRI en los gobiernos municipales, estatales y federal, los opositores al viejo partido -fueran partidos políticos u organizaciones sociales apartidistas- motejaron como "prensa vendida" al conjunto de medios, periodistas y críticos que por la presión del Estado o por conveniencia ideológica o personal se mantenían alineados a esos gobiernos.

A partir de experiencias sociales y políticas como los sismos de 1985 y la elección presidencial de 1988, y de gobiernos, como la gestión de Ernesto Zedillo, entre 1985 y 2000 la libertad de expresión y en general las libertades de prensa y la pluralidad mediática se hicieron realidad, a la par que se avanzó en la democracia electoral. En realidad, las libertades de prensa y la libertad de expresión eran una condición indispensable para la democracia electoral.

La pluralidad informativa, la crítica al viejo régimen, al autoritarismo y a la antidemocracia del partido hegemónico resultaron fundamentales para el paso que dio la sociedad mexicana hacia la democracia electoral y, entre 1997 y 2000, por fin el PRI fue echado del poder presidencial y de gobierno estatales y municipales, incluido el del DF.

Pero cuando en una buena parte del país son realidad las libertades de prensa -aunque se debe reconocer que aún existen cacicazgos políticos regionales en donde siguen canceladas-, resulta que la polarización politicoelectoral que provocó la sucesión presidencial también hizo reaparecer -con todo lo antidemocrático que ello significa- algunos de los más cuestionables signos de la intolerancia y el autoritarismo de los viejos regímenes priístas. Los opositores al gobierno de Fox y al de Oaxaca -grupos políticos y radicales emparentados por la supuesta identidad de izquierda- han acuñado la vieja consigna de "prensa vendida", la cual lanzan a todo aquel que no piensa como ellos, que disiente de sus intereses, de sus tácticas y estrategias políticas, y que cuestiona sus objetivos.

En los tiempos de la democracia electoral mexicana, criticar los delirios discursivos de AMLO y la complicidad del gobierno capitalino con esa dizque izquierda; no pensar como los coligados salvadores de la patria, no compartir el cuento del fraude generalizado y, sobre todo, reclamar respeto a las instituciones democráticas, es ser parte de la moderna versión de la "prensa vendida" y de los "corruptos", "vendidos", "despreciables" periodistas que deben ser quemados en leña verde.

Pensar diferente, ejercer la libertad de expresión y criticar al caudillo y a sus iluminados es suficiente para que se pida el repudio de esos periodistas o críticos. En las asambleas de AMLO se piden las cabezas de los críticos, en tanto que se ordena enarbolar carteles contra todos aquellos que no piensan como el caudillo y que lo critican. En el bloqueo al corredor Reforma-Centro Histórico aparecen carteles que repudian a los conductores de informativos de radio y tv, como si se tratara de traidores a la causa superior del caudillo. Pepe Cárdenas, Joaquín López-Dóriga, Ciro Gómez Leyva, Jorge Zepeda, Estela Livera, Mario Ramón Beteta, entre otros, son parte de un mural del pecado, en donde esa dizque izquierda insulta a los que considera enemigos, por cometer el pecado de pensar distinto, de criticar al caudillo. La consigna es "linchar al que critica, al que no piensa igual". Mural de la antidemocracia y la intolerancia.

Pero la persecución contra los críticos al caudillo no se queda en el cartel anónimo y menos en la exhibición mitinera. También aparece de manera directa, con nombre y apellido. En respuesta a un desplegado que firmaron poco más de 130 escritores y académicos a favor de la defensa institucional, Marcelo Ebrard quiso complacer a su jefe con un severo insulto: "Hay una carta firmada por 100 personas quienes andan diciendo que ya se contaron los votos; a ellos les decimos que abran los ojos y cierren las carteras, porque las evidencias del fraude sobran". Queda claro que quienes ordenan el linchamiento contra los periodistas y los críticos del caudillo son los que rodean al caudillo.

Pero este linchamiento que se vive en la capital del país es acaso un botón de muestra de lo que pudiera venir, y que ya es posible ver en Oaxaca, en donde los trabajadores de los medios viven, literalmente, un estado de terror. La ingobernabilidad prevaleciente en Oaxaca, provocada por el mal gobierno de Ulises Ruiz y por el asalto de grupos guerrilleros al movimiento magisterial, ha mostrado sus signos más violentos en la persecución de periodistas oaxaqueños, en el asalto de redacciones de diarios, cabinas de radio y tv, y en el llamado para que los inconformes "les den su merecido a los periodistas, en sus casas, y en donde los encuentren". El asalto a estaciones de radio, redacciones, canales de tv, la persecución a los periodistas que piensan distinto y que critican a la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca ha llegado al extremo de que una estación de radio privada de plano se convirtió en clandestina, porque se llevó a un lugar secreto sus equipos para transmitir. La nueva izquierda.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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