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Estrategia del PANPara los panistas, el conflicto postelectoral ha llegado a su fin en su parte jurídica, lo cual podría resultar un grave error En el camino P ues no, contra lo que muchos suponen, la designación de los coordinadores parlamentarios del PAN -cargos que recayeron en Santiago Creel y Héctor Larios, a senadores y diputados respectivamente- no es muestra de ruptura o división al interior de ese partido, y menos forma parte de la erosionada relación del dirigente partidista Manuel Espino y Felipe Calderón. Está claro que Calderón y Espino no son amigos, que difícilmente lo serán, y que son y seguirán siendo adversarios en las disputas internas de su partido. Pero también es cierto que "la guerra" que declaró AMLO "a la derecha", en general, y al PAN, en lo particular, y especialmente al candidato con más votos, surtió un efecto inesperado para muchos, pero entendible para los intereses del panismo. Y es que esa "declaración de guerra" hizo el "milagro" de unificar a todos los grupos internos del PAN y hasta sirvió para catalizar lo que serán las primeras alianzas del "presidente electo". Y no es que en este espacio pretendamos ignorar que Felipe Calderón aún no se puede acreditar como ganador de la contienda del pasado 2 de julio, sino que la dirigencia del PAN decidió empezar en casa lo que luego hará en todos los frentes políticos. En la dirigencia de Acción Nacional y en una buena parte de los centros reales de poder en manos de ese partido -como Los Pinos, algunos gobiernos estatales y los grupos parlamentarios federales y locales- ya se asume que Calderón resultará ganancioso en el recuento de votos que hoy iniciarán los comités distritales en donde el Tribunal Electoral ordenó la apertura de los paquetes y la corrección de las irregularidades presentadas. Para los panistas, el conflicto postelectoral ha llegado a su fin en su parte jurídica -lo cual podría resultar un grave error político, porque sólo un adivino podría asegurar que no habrá cambios sustanciales en los votos favorables a Calderón-, y lo que resta es el análisis de la estrategia que se aplicará para anular y resolver el proselitismo que -aseguran en el PAN- impulsará aún por largo tiempo López Obrador. En los primeros círculos del gobierno saliente, entre los estrategas del que ya se asume como el "presidente electo", Felipe Calderón, y en la dirigencia del partido, de Manuel Espino, se le apuesta a una estrategia en tres tiempos: no caer en ninguna de las provocaciones planteadas por AMLO; confiar en que el tiempo terminará por diluir una protesta que -según el PAN- no es más que una estrategia para forzar una negociación ventajosa; y lo más importante, avanzar en la construcción de acuerdos y alianzas intramuros del PAN, y con otros grupos políticos y partidistas. En pocas palabras, que Acción Nacional ya da por ganada la Presidencia de la República y sólo espera la ratificación del TEPJF. Y en abono a esa estrategia y a lo que viene, en el PAN saben del pragmatismo del PRI, partido que se convertirá en un factor determinante para los fines estratégicos del nuevo gobierno -en la lógica de que sea Calderón el nuevo presidente-, ya que sumados los votos del PAN y el PRI será posible lograr la mayoría simple en el Congreso. Por eso ya empezaron los puntos de contacto con los jefes parlamentarios del Revolucionario Institucional, que se apresuró a designar a sus coordinadores en las cámaras de senadores y diputados, precisamente para que esos centros reales de poder se conviertan en los focos de negociación del nuevo PRI. Pero al mismo tiempo se intensifica la política de acercamiento entre el equipo de Calderón con otras fuerzas políticas, como el PVEM, Convergencia, el PT, el Panal y Alternativa, en la lógica de que sólo mediante alianzas entre dos de las grandes fuerzas políticas, como el PAN y el PRI, más la suma de algunas de las fuerzas emergentes -que también gustan del juego del pragmatismo-, será posible sumar los votos necesarios para alcanzar la mayoría calificada en el Congreso, y para lograr reformas constitucionales. El PAN y su candidato suponen que la crisis postelectoral ya pasó su etapa más crítica, que el recuento de votos le será favorable y, por ello, ya se camina en torno a la preparación de lo que creen deben ser las tareas del nuevo gobierno. Calderón ya revisa lo que será su programa de gobierno -el cual incluirá reformas económicas, políticas y sociales-, los escenarios para las alianzas necesarias -internas y externas-, y quiénes serán sus principales colaboradores, lo que todos conocen como el gabinete presidencial. En este plano se analizan los escenarios de las alianzas y su relación con el nuevo gabinete, ya que Calderón ha propuesto un gobierno de coalición, compartido, en donde el reparto de posiciones en el gobierno federal se traduzca en una alianza en el Congreso y en las reformas que pretende su hipotético gobierno. Mientras tanto siguen los plantones, los bloqueos y la pretendida "purificación" al país. En solidaridad con Pepe Cárdenas, acosado por los fanáticos de AMLO. aleman2@prodigy.net.mx
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