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Ricardo Alemán
07 de agosto de 2006

AMLO: un paso atrás

Está claro que asistimos a una importante reconsideración en la estrategia postelectoral emprendida por la coalición Por el Bien de Todos

A lgo debe estar pasando en el cuartel general del aún candidato de la coalición Por el Bien de Todos, para que se haya decidido que las nuevas acciones de la resistencia civil ya no sean anunciadas por el propio López Obrador, sino que en las últimas horas las acciones de la beligerancia salen de la vocería o de alguno de los dirigentes de su partido, o de los dirigentes de la coalición.

¿Qué es lo que está ocurriendo? ¿Por qué -por ejemplo- López Obrador estuvo ajeno al plantón en la Bolsa Mexicana de Valores? ¿Por qué ayer domingo no fue AMLO quien hizo el anuncio de que habrá "marcaje personal" al presidente Fox? Está claro que asistimos a una muy importante reconsideración en la estrategia postelectoral emprendida por la coalición Por el Bien de Todos -estrategia que era soportada totalmente sobre la imagen y el capital político del caudillo-, y aparecen signos claros de que en algún lado se tomó la decisión de cuidar la imagen del propio candidato presidencial. ¿Por qué ese cambio?

Porque en la coalición, efectivamente, las bondades de la contienda presidencial y del liderazgo de AMLO fueron para casi todos. Ganaron una buena parte de los aspirantes a diputados federales y locales, de los candidatos a senadores, ganó el candidato a jefe de Gobierno y los aspirantes a jefaturas delegacionales. Casi todos ganaron, menos AMLO y un puñado de malos candidatos. Más aún, en una brutal paradoja, son muchos los perredistas, petistas, convergentes y candidatos externos que resultaron gananciosos, mientras que López Obrador reclama un fraude generalizado.

Es decir, que en medio de ese presunto "cochinero electoral", una abrumadora mayoría de los compañeros de viaje de AMLO en la contienda presidencial y al Congreso federal ganaron las posiciones en disputa y son, por ello, los menos interesados en continuar impulsando la protesta poselectoral. ¿Hasta cuándo seguirán en la resistencia civil, los senadores y diputados federales electos; los electos jefe de Gobierno y jefes delegacionales, los diputados a la Asamblea Legislativa?

Por eso, frente a ese escenario -en donde los compañeros de viaje de AMLO ya alcanzaron su porción de poder-, López Obrador apareció más solo que nunca, más allá de las multitudinarias concentraciones que ha convocado, no sólo porque se alejó la posibilidad real de que se convirtiera en el jefe único de ese proyecto de gobierno, sino porque todo el costo de la lucha posterior al 2 de julio, el costo de la resistencia civil, de las acciones extremas como el bloqueo de Reforma y del centro histórico, son pagadas por el caudillo que, paradojas de la política, es el único que no logró su objetivo de poder.

Los focos rojos para el liderazgo de AMLO se prendieron cuando anunció la más extrema medida de la resistencia civil. Ésta -que hoy se sabe se tomó de manera unilateral- no sólo fue rechazada y reprobada de manera pública por algunos de los aliados fundamentales de López Obrador, sino que en la práctica se convirtió en una impostura. A unas horas de anunciado el bloqueo, los campamentos fueron abandonados por líderes y candidatos electos del PRD y de otros partidos, y en su mayoría se dejó al frente a precaristas.

Todo el peso del descrédito político, del enojo social, de la mala imagen mediática que significó la medida extrema golpeó de manera directa sobre el capital político de AMLO, en tanto que sus compañeros de viaje empezaron a dar muestras de que eran viajeros eventuales; sólo ante la posibilidad de triunfo, pero no ante la realidad de la derrota. La preocupación por el alto costo que pagaban no sólo AMLO, sino todo el PRD -que gracias a López Obrador consiguió un resultado electoral histórico-, agitó las aguas de lo que queda de la izquierda perredista, pues fueron muchos los que advirtieron del riesgo real de que AMLO era empujado al "suicidio político" por sus cercanos, un puñado de ex priístas interesados en el descrédito del caudillo, como paso previo al asalto total del PRD.

Pero si entre los sectores de la verdadera izquierda del PRD era creciente la preocupación por los altos costos que paga AMLO y el partido por la resistencia civil y por las batallas poselectorales, en el PAN parecían no darse abasto con el recuento de beneficios en imagen y confianza. Es decir, mientras que López Obrador jalaba solitario todo el reclamo por el presunto fraude, el panismo se instaló en la capitalización de ese descrédito.

Y es que, en efecto, al radicalizar las medidas de la resistencia civil, AMLO complace a una buena porción del núcleo duro de sus simpatizantes, pero al mismo tiempo suma argumentos no sólo para sus detractores, sino para el sector de quienes aún después del 2 de julio mantenían dudas sobre su responsabilidad política. Parece que López Obrador se dio cuenta del error y ha decidido un paso atrás. Cuidará su imagen y repartirá los costos.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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