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Era impresionantemente bella. Indescriptiblemente hermosa. Como sólo podía serlo una criatura del propio Zeus. Dotada además de otros regalos de los dioses: Afrodita le dio las formas y rasgos de la belleza suprema; Apolo la regaló con un maravilloso talento musical y Hermes... bueno, el también llamado Mercurio le obsequió una caja para templar su obediencia. Una caja que no debía abrir. Y así lo hizo. Hasta que se dejó doblegar por una democrática y común curiosidad que la hizo destapar el ánfora misteriosa. Fue así que Pandora liberó todas las desgracias humanas. Como las plagas, la peste, la miseria y las dos más devastadoras: la tristeza y el crimen. Horrorizada y para mayor infortunio cerró la caja justo antes de que algo más, llamado esperanza, también saliera de ella. Por esos días, el mundo vivió una época negra de desolación. Hasta que otra vez el cosquilleo de la curiosidad hizo que Pandora volviera a abrir la urna para liberar también a la esperanza. Y corrió entonces hacia los hombres para decirles que no todo estaba perdido. Y la luz volvió a triunfar sobre las sombras. Y yo creo que vale el recuerdo de esta historia fantástica adaptada a la feroz realidad mexicana. El debate cruel sobre el voto por voto tiene en vilo al país y a todos sumidos en la oscuridad de la incertidumbre. La bella y joven democracia mexicana ha liberado algunos de los demonios más temibles: el odio, el racismo, el desprecio y sobre todo la intolerancia más exacerbada y rabiosa. Y en este escenario de miedo y confusiones rondan también los fantasmas: el norte contra el sur; los ricos contra los pobres; la gente bien contra los nacos; los blancos contra los prietos; los bien tragados contra los muertos de hambre. Falso. Tan falso como el mapita que han promovido del México pintado de azul confrontado con el México pintado de amarillo. Como si todos en Jalisco fueran panistas y todos en el DF perredistas. Como si no existieran las zonas populares en Guadalajara o la delegación Benito Juárez en la capital. Es más, las diferencias partidistas y las simpatías o antipatías más furibundas se dan entre vecinos de la misma cuadra, compañeros de una misma oficina y hasta al interior de cualquier familia. Lo que en realidad ha estado en juego todo este tiempo son dos modelos de país. Uno, el representado por Fox, el PAN, las cúpulas empresariales, sectores conservadores de altos ingresos y grupos de ultraderecha, que ha sido asumido públicamente por Felipe Calderón. El otro, impulsado por el PRD, grupos diversos de la sociedad organizada, intelectuales, profesionistas, artistas y sectores de medianos y bajos ingresos, encarnado en el liderazgo de izquierda de Andrés Manuel López Obrador. El primero privilegia la globalización, la exportación, la maquila, la Bolsa, las reservas en dólares, el envío de divisas de los migrantes, la concentración del ingreso, la educación privada, la venta al extranjero de Pemex y la CFE y la tesis foxista de que la riqueza primero se crea y luego "lo que desparrame" se reparte a los pobres. En una palabra, continuidad. El otro modelo propone una fortaleza económica integrada en la mundialización, la reanimación del mercado interno a través de la elevación del ingreso, la reactivación del empleo para contener la migración, la inversión productiva en infraestructura, la educación pública, el fortalecimiento financiero de Pemex y la CFE y la tesis lopezobradorista de que Por el Bien de Todos, primero los pobres. Es decir: cambio. El problema de este país es que no hemos tenido un proceso en el que los electores hayan podido discernir sensatamente sobre estas dos opciones. No fue siquiera una competencia dura y hasta ruda, como cabe esperar en cualquier disputa democrática. Aquí lo que hubo es miedo, suciedad y trampas. Todo porque los grandes privilegiados de la política y el dinero están aterrados por la posibilidad de un nuevo modelo de país que no les conviene. Y desde las alturas han movido todos los hilos y han enseñado garras y dientes. Por eso es fundamental, histórico e indispensable que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación abra los paquetes de Pandora. Para que no haya dudas sobre quién ganó y el país que quiere esa mayoría. Sea cual fuere. Abrir y contar voto por voto. Para que salgan los demonios, pero también la esperanza. ddn_rocha@hotmail.com
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