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Deciden desde las candidaturas de Calderón y López Obrador El viejo partido es el gran ganador, hasta en el interinato Del refranero popular: "Una imagen dice más que mil palabras". Y es que en efecto, en la guerra postelectoral que se vive en México las imágenes hablan por sí solas, lo dicen todo. Las imágenes del PRI que lo mismo ha colonizado al partido en el poder, a la derecha del PAN, que a la izquierda partidista, al PRD. La imagen de Elba Esther Gordillo -la habilidosa pero harto cuestionada lideresa magisterial-, que se aventó la puntada de declarar "presidente electo" a Felipe Calderón Hinojosa, el aún candidato presidencial que por el momento es el aliado de la profesora -lo mismo que hace no muchos años Roberto Madrazo fue el aliado de la señora Gordillo-, aunque esa alianza coyuntural resulte contra natura, o si se quiere, políticamente incorrecta. Y gritan y vociferan en la tienda de enfrente: "La perversa alianza del PAN y de su candidato con la profesora Gordillo". Pero desmemoriados hasta con sus muertos, esos de la tienda de enfrente se olvidan que en su propia casa también las imágenes hablan, lo dicen todo, con la misma sonoridad. La imagen de Andrés Manuel López Obrador, el aún candidato de la dizque izquierda, del PRD, con Manuel Camacho, con Marcelo Ebrard, con José Guadarrama, con Ricardo Monreal y con Arturo Núñez. Y la no menos cuestionable imagen, en días recientes, de la alianza de Monreal con José Murat, con lo que queda del PRI de Madrazo. La alianza del PRD con Murat y con otros sectores del PRI a los que la desvergüenza del momento hizo llamar "los demócratas del PRI". Ahora resulta que por obra y gracia de la emergencia de legitimidad -ante el deslegitimado proceso electoral-, para el PAN de Calderón y para el PRD de Obrador, el priísmo, sea de la señora Gordillo, sea del señor Murat, son la tabla de salvación, la encarnación de la democracia y algo así como el futuro para los mexicanos. ¿Dónde quedaron lo que decían hace no muchos meses Calderón y Obrador del viejo PRI? ¿Dónde quedó la historia, los fraudes que ese PRI le aplicó durante décadas al PAN gracias al corporativismo, y dónde quedó la persecución y los crímenes de ese PRI contra la naciente izquierda del FDN y del entonces niño PRD? El poder los hace iguales, dice la voz popular. Pero dicen los estudiosos que la derecha y la izquierda mexicanas viven la peor colonización de su historia, la colonización del PRI. Calderón y Gordillo Hace muchos meses, desde los tiempos de la ruptura de Madrazo con la profesora Gordillo, aventuramos en este espacio una alianza entre ese poder real que es el gremio magisterial y su liderazgo a toda prueba, no sólo con el gobierno en turno, con el de Vicente Fox, sino con su herencia, que terminó siendo la de Felipe Calderón. Luego advertimos del riesgo para la candidatura de Calderón, de un acercamiento abierto con la señora Gordillo. Pero ese acercamiento no se dio de manera clara, porque si bien aliada temporal, la lideresa del magisterio también debió construir su propia plataforma de poder, el Partido Nueva Alianza. Todos saben que detrás del exitoso eslogan "uno de tres", Gordillo escondía una estrategia fundamental. La de acarrear votos en la elección presidencial a favor de Calderón -que no era otra cosa que apostarle a la derrota de Roberto Madrazo-, en tanto que el voto magisterial en las variantes de diputados y senadores fueron depositados en la urna que le diera el registro a Nueva Alianza. La estrategia funcionó a la perfección, al grado que se puede decir que ese voto hizo la diferencia que tiene a Calderón como el candidato presidencial con más votos. Pero la profesora vivía el mejor de los mundos. Ocupaba el papel del Espíritu Santo en la política mexicana. Era una de las más influyentes dirigentes del PRI, con el control de mayor y más rico sindicato y la mayor influencia corporativa. Al mismo tiempo era mecenas del partido en el poder y de su candidato presidencial, Felipe Calderón, al que le dio los votos que lo colocaron como el aspirante más votado. Pero también era la dueña y beneficiaria de un nuevo partido, el aún pequeño Panal, pero fundamental para sus aspiraciones políticas. Por eso la señora Gordillo fue echada, finalmente del PRI, partido del que salió con un mensaje demoledor: "Le cumplí a México, porque Roberto Madrazo no fue presidente". Pero tampoco obtuvo el mayor número de votos el candidato de la izquierda, y en cambio la lideresa se dio el lujo de declarar "presidente electo" a Calderón, el representante de la derecha. La imagen del apoyo de Gordillo al candidato Felipe Calderón, y la imagen del corrupto líder sindical Víctor Flores reconociendo el triunfo de Calderón, son dos estampas que muestran, más que mil palabras, no sólo la crisis de identidad a la que ha sido llevado el partido de la derecha, sino la descomposición del sistema de partidos y la crisis política que vive la elección presidencial. Si Calderón ha tenido que buscar esas alianzas para alcanzar el mayor número de votos y para obtener el reconocimiento político -la legitimidad como candidato más votado-, y si está dispuesto a transitar por ese sendero para alcanzar finalmente el poder, no podemos hablar de un triunfo de la derecha, menos de Calderón, sino del PRI, o si se quiere, de un sector de lo más cuestionable del PRI. En sus luchas internas el PRI se ha valido de sus colonias, en este caso de la playa que penetró al PAN, para sobrevivir en el poder presidencial. AMLO, Núñez, Murat Y tienen mucha razón quienes desde la llamada izquierda cuestionan la alianza de Calderón con la señora Gordillo y con el señor Flores. ¡Qué vergüenza!, dicen. Cuestionan "la paja" en el ojo ajeno, pero olvidan "la viga" en el ojo propio. Y es que es tanto o más vergonzosa la imagen del señor López Obrador en alianza con Camacho, con Ebrard, Núñez, Monreal, Guadarrama, Murat. ¿Qué diferencia existe entre Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Socorro Díaz, Ricardo Monreal, Arturo Núñez, el señor José Murat, todos ellos aliados de AMLO, y la profesora Elba Esther Gordillo aliada de Calderón? Sin duda que existen muchas diferencias -una fundamental, que acaso la señora Gordillo resultó más inteligente que todos-, pero son más las coincidencias. Todos provienen del PRI de Salinas, todos o casi todos se aliaron en su momento con la derecha -para que esa derecha legitimara a Salinas-, al tiempo que combatieron y persiguieron a la izquierda. Y hoy todos se dicen demócratas, porque ya no habitan en el PRI. Pero ni unos ni otros se pueden decir de izquierda, los primeros, y de derecha, la segunda. En los últimos tiempos el caso más significativo es el de un perredista de nuevo acarreo. El señor Arturo Núñez -que en el gobierno de Carlos Salinas, en la Secretaría de Gobernación de Fernando Gutiérrez Barrios, y en la subsecretaría de Manlio Fabio Beltrones, era nada menos que el director general de Desarrollo Político- fue precisamente el encargado de operar la legitimidad del fraude electoral de 1988, ya en los tiempos del gobierno de Salinas, y el encargado de las "concertacesiones" con el PAN. Y por supuesto que tuvo que ver, en forma destacada por la naturaleza y jerarquía de su cargo, en la persecución del Frente Democrático Nacional y del naciente PRD de 1989. Arturo Núñez -quien hoy es senador por el PRD, gracias a la misma elección fraudulenta que denuncia- es nada menos que el encargado de operar en sentido contrario. Es decir, en 1988 y los años que siguieron del gobierno de Salinas, Núñez fue el encargado de legitimar lo ilegítimo; legitimar en el ejercicio del poder el fraude electoral que hizo presidente a Carlos Salinas. Pues bien, hoy, el mismo Núñez es el encargado -ya no desde la Secretaría de Gobernación, sino desde su posición de preferido de AMLO- de operar el supuesto fraude y de destruir el IFE que él mismo construyó en tiempo de Salinas. Sí, porque Núñez fue director del primer IFE, cuando se operaba su tránsito de esa institución hacia la ciudadanización. Y bueno, a la luz de la historia pública del señor Núñez, aparece la pregunta obligada: ¿con qué calidad política y de moral política, Arturo Núñez habla hoy de fraude, y se convierte en el operador de la defensa jurídica contra ese supuesto fraude, cuando junto con Camacho, Ebrard, Díaz y otros, operó el fraude de Salinas? Pura congruencia de esa mal llamada izquierda. Pero la reciente adquisición de Núñez a la causa de esa izquierda siempre congruente, memoriosa, consecuente con su historia, se queda en pecata minuta, frente a la nueva alianza del PRD con el PRI de Roberto Madrazo. Apenas hace unas horas el ex priísta Ricardo Monreal selló el pacto de uno de los sectores más duros -y hasta se podría decir más atrasados del PRI-, con la causa de López Obrador. Pacto que pocas horas después se tradujo en el rechazo del PRI al resultado sobre la limpieza del proceso electoral, proclamada por el IFE. El PRD, como ha quedado claro, es la mayor de las colonias políticas del PRI. Lo peor de ese partido, los operadores del salinismo contra la vieja izquierda mexicana, los que la defraudaron con Cárdenas como candidato presidencial, los que la persiguieron y fueron responsables -si no por comisión sí por omisión-, de los crímenes contra esa izquierda, hoy son los que defienden el supuesto fraude contra el candidato López Obrador. Esa es la nueva izquierda. El PRI y sus siglas En el fondo, la nueva geometría política del México democrático, de la alternancia y la pluralidad, es el reparto de los tres grandes partidos en por lo menos tres de los grandes grupos del PRI. Es decir, el sector duro de los salinistas renegados -con Camacho, Ebrard, Díaz, Núñez y muchos otros- se apoderó del PRD, el partido de la izquierda en el que lavaron sus rostros, se enfundaron la máscara de la democracia y se aprestan a llegar al poder con los mismos métodos, pero en sentido contrario, con los que se apoderaron en 1988. En ese año sí hubo fraude, y gracias a ese fraude llegaron al poder. Hoy han inventado un fraude inexistente, el que han convertido en dinamita para las instituciones electorales, porque por esa misma vía quieren llegar al poder. Otro grupo de ese PRI -y aquí hay que recordar que la profesora Elba Esther fue llevada a la dirigencia magisterial por Carlos Salinas, luego de que el presidente ilegítimo defenestró al líder Carlos Jonguitud Barrios-, es el que encabeza precisamente Gordillo, y que penetró primero al gobierno de Vicente Fox, y luego la candidatura de Felipe Calderón. A ese grupo se han sumado otros apoyos corporativos, como el de Víctor Flores, que se han olvidado de su partido de origen, el PRI, porque ya no es alternativa de poder. De esa manera, ese sector ha colonizado a la derecha, de la que espera obtener su nueva fuente de poder. Pero falta el PRI al que todos conocemos por sus siglas y que a querer o no sigue siendo una fuente de rica miel. Luego de la caída de Roberto Madrazo, el que fuera cacique y candidato presidencial hasta hace unos días, el partido parece haber quedado en las manos de uno de los estrategas más eficaces; Manlio Fabio Beltrones. Y sí, el sonorense también le debe una buena parte de sus éxitos políticos a Salinas, quien lo llevó a la Subsecretaría de Gobernación, luego al gobierno de Sonora, y de ahí para adelante. Beltrones fue un aliado incondicional de Madrazo, de quien parece haber heredado las fuentes reales de poder, las posiciones del PRI en el Congreso. Y es que en efecto, Beltrones consiguió hacerse de la coordinación parlamentaria del PRI en el Senado. Impulsó con todas sus fuerzas que en el cargo similar, pero de los diputados de su partido, quedara Emilio Gamboa. Así, desde el control del Congreso, con Beltrones como operador casi exclusivo, el nuevo PRI se convertirá en el más importante centro de poder. En el gobierno que resulte, o si es que se debe declarar un gobierno interino, el PRI podrá ser el fiel de la balanza, la fuerza sin la cual los dos en disputa -PRD y PAN- no podrán operar nada, simplemente no podrán aprobar nada. Es más, a estas alturas del partido, el más interesado en un presidente interino debía ser el PRI, ya que debido a su papel de tercero en discordia y con la posibilidad de fiel de la balanza, nadie puede descartar un interino del PRI. Pero en el supuesto de un gobierno de Felipe Calderón, se debe recordar el papel que jugaron tanto Beltrones como Gamboa. En los dos casos, se trató de priístas que votaron junto con el PAN leyes fundamentales, por ejemplo, la perniciosa "Ley Televisa". Juntos, por ejemplo, el PAN y el PRI, más algunos de los incondicionales pequeños, se logra no sólo la mayoría simple en el Congreso, sino incluso la mayoría calificada, es decir, para reformar la Constitución. En sentido contrario, en un eventual gobierno de AMLO, juntos el PRI y el PRD sólo logran la mayoría simple, pero nunca la mayoría calificada. Estamos, nos guste o no, ante la mayor victoria del PRI. Y si no, al tiempo. En el camino Blanca Laura Villeda, procuradora de Puebla, reta a Lydia Cacho para que se sometan al polígrafo, para saber quién miente. La escritora dijo que no. Los demonios salieron del edén. aleman2@prodigy.net.mx
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