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La novela y la vidaAlgunos novelistas ingleses que he leído en años recientes echan mano de un recurso que podríamos llamar "biografía sesgada". Pienso en dos, en especial: John Banville y Lawrence Norfolk. El primero, Banville, recreó en su novela Shroud (Sudario) episodios centrales en las vidas de dos pensadores muy diferentes pero igualmente trágicos: Louis Althusser, el pensador marxista más célebre de las últimas décadas, y Paul de Man, uno de los padres de la escuela deconstruccionista. Althusser, como se sabe, mató a su esposa y fue recluido en un hospital siquiátrico; la víctima de ese arranque de locura homicida era judía: en la mente perturbada de Althusser se mezclaron extrañas culpas, de difícil desciframiento. Paul de Man simpatizó con los nazis en su juventud y escribió elogios de ellos y de su líder, Adolfo Hitler. Banville mezcló los rasgos salientes de ambas vidas y escribió así su novela. Por su parte, Lawrence Norfolk procedió de un modo a la vez parecido y diferente al de Banville: en su novela In the Shape of a Boar (En forma de jabalí) recreó un mito de la antigüedad griega, el del Jabalí de Caledonia y la cazadora Atalanta, y combinó esas imágenes hirsutas de una leyenda mediterránea con algunos hechos en la vida del poeta rumano de lengua alemana Paul Celan, víctima del nazismo: los padres de Celan fueron ejecutados en campos de exterminio y él se suicidó en París en 1970, bajo el peso de recuerdos intolerables, tragedia similar a la de Primo Levi, otro de los testigos del Holocausto. Con esa tercera novela Norfolk prosiguió su impresionante trabajo literario, iniciado con El diccionario de Lemprière y continuado en El rinoceronte del Papa. La decisión de Banville y Norfolk echa mano de un acervo inmenso para los narradores de todos los tiempos: la vida misma. Pero una vida transfigurada, invadida por una serie de modificaciones y variantes operadas en su seno por la imaginación de los escritores. En esa torsión se cifran los alcances de sus "invenciones", palabrita a la que podemos quitarle las comillas, entre las que la he puesto para indicar el ingrediente real, seudonaturalista, de estas obras modernas, deudoras al mismo tiempo de Zola y de Cervantes. En la novela de John Banville aparece la tragedia del pensamiento en tensión ya no dialéctica sino directamente trágica con la política, con el poder; en la de Lawrence Norfolk, la tragedia de la poesía, forma superior del pensamiento, en medio de la guerra y del Holocausto. La figura de Louis Althusser me resulta desconcertante y la de Paul de Man bastante antipática; en ambos casos, empero, la densidad del pensamiento es indudable: los libros de ambos forman parte de los avances teóricos de la modernidad. En cambio, Paul Celan es un hombre que me inspira auténtica devoción: gran poeta de los límites, de la desgarradora "leche negra del alba", frase de su poema más conocido.
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