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La ´malquerida´
Su poder no radica sólo en la fortaleza numérica de su gremio, sino en el control del mismo A lgunos la jubilaron, por enfermedad, ha- ce pocos meses. Otros dudaron de su vigencia en la política, luego de su choque con el grupo de Madrazo. Y para un amplio sector político es la "malquerida", no por razones de género, sino por lo implacable de su estilo de hacer política. Y se puede decir lo que se quiera, o casi lo que se quiera, de Elba Esther Gordillo, pero lo cierto es que la de 2006 fue, para la lideresa del magisterio, la elección federal que la encumbró como la más acabada estratega política de los tiempos modernos. Como ningún priísta, como ningún líder sindical que haya producido el viejo partido y como pocos políticos surgidos del Revolucionario Institucional, la profesora ha convertido la colonización cultural del PRI en un verdadero artificio de la política. Y sus logros en el reciente proceso electoral están a la vista. Resultó determinante su influencia en favor de Calderón, en el voto que le dio la mayoría de sufragios al candidato del PAN. Su lucha personal contra su otrora compañero de fórmula, Roberto Madrazo, contribuyó de manera decidida no sólo a la derrota del tabasqueño, sino en su virtual retiro de la política. Logró lo que nadie en el PRI, construir desde las ruinas del viejo partido su propia organización partidista: Nueva Alianza, lo que le dará un grupo parlamentario. Y si hiciera falta, se colocó como una figura transexenal en el segundo gobierno de la derecha mexicana. Y todo, sin que los suyos, los priístas, pudieran quitarle "una sola pluma a su gallo". Sigue como si nada en el PRI. La señora Gordillo podría ocupar, sin duda, un lugar en los records Guinness. Es la líder, mujer, del más numeroso y rico gremio sindical; el de los maestros del Estado mexicano. Pero su verdadero poder no radica sólo en la fortaleza numérica de su gremio, sino en la conducción y el control del mismo. Un control y una conducción autoritarios, estrictamente verticales, nada democráticos, basado en el premio generoso y en el castigo ejemplar; en la corrupción y el corporativismo. Desde ese poder -que dejó atrás a míticos líderes, hombres, como La Quina y Jonguitud, por citar sólo a dos-, la profesora influye como pocos en gobiernos estatales, sean de PRI, PAN o PRD, al grado de apoyar electoralmente a cualquiera de las tres tendencias, o si se quiere, tirar a cualquier gobierno. Por eso en el PRI le temen. Se dio el lujo, como secretaría general de ese partido, de retar a su presidente, de advertirle que lo destruiría, de destruirlo políticamente. Y al mismo tiempo apoyó al gobierno antagónico a su partido, al de Fox, y al candidato presidencial adversario al de su partido, a Calderón. De manera simultánea enfrentó al candidato presidencial de la mal llamada izquierda, a AMLO, al que ayudó a derrotar. Y por si fuera poco, también al mismo tiempo, construyó su propio partido. ¿Quién, qué líder político o social en el mundo puede presumir de esas habilidades y esos logros? La señora Gordillo es o puede ser vista como el más cuestionable producto del viejo PRI, como símbolo de corrupción, de antidemocracia sindical, como el ejemplo más acabado del corporativismo. Lo que se quiera. Pero en política, y sobre todo en la mexicana, el valor de los liderazgos se mide por la eficacia, por los resultados. Bajo esa métrica, la profesora es el animal político por excelencia; guste o no. En la pasada elección, Elba Esther Gordillo jugó como nadie sus cartas. Estableció una alianza con Felipe Calderón -alianza que, por cierto, podrá ser un lastre si el panista finalmente es declarado presidente-, para el que movió y promovió el voto no sólo entre su gremio, sino entre sus aliados políticos: gobernadores del PRI y del PRD. Como si fueran votantes suizos, los agremiados del magisterio sufragaron por Calderón en la boleta presidencial, pero votaron por Nueva Alianza en las boletas a diputados y senadores. Con esa estrategia -que para los amantes del juego del taco y la tiza es una jugada de fantasía-, mató varios pájaros de un solo tiro. De esa manera ayudó a Calderón con por lo menos tres puntos porcentuales -los que, si se quiere, le dio la diferencia en el recuento sobre López Obrador-, colaboró en la derrota de su peor enemigo político, Roberto Madrazo, al que arrebató votos como nadie. Con esa misma estrategia logró el registro del Partido Nueva Alianza -el cual, en la elección al Congreso, consiguió casi 5% de la votación, en tanto que en la elección presidencial sólo alcanzó 0.9%-, que tendrá una modesta pero muy importante representación en el Congreso. Y se metió, con todo su poder, en el nuevo gobierno, si es que Felipe Calderón resulta ganador de la contienda y presidente. ¿Quién, qué otro líder o lideresa pueden hacer esa maniobra? Hoy por hoy sólo la "malquerida", la señora Elba Esther Gordillo, a quien todos temen en su gremio, pero todos obedecen a ciegas y sordas. La profesora vive en el 2006 sus mejores momentos. Afianzó sus alianzas, derrotó a sus adversarios, y vio nacer a su hijo político, Nueva Alianza, un retoño del PRI que es el fruto de los amores de la maestra con la política al estilo priísta. Y sin duda estará feliz, pero no hay liderazgos eternos, y menos cuando el peso del padre, en este caso de la madre, castra a los hijos. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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