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08 de julio de 2006

No se me ocurre otra manera de iniciar esta columna más que repitiendo aquellas palabras con las que empezaban los cuentos infantiles: Érase que se era un partido político todopoderoso, que siempre salía invicto, incluso le llamaban el partido aplanadora ., experto en el ratón loco , el carrusel , operación tamal y urnas embarazadas ; este partido se sostuvo durante muchos años en el poder, pero un día llegó la democracia y las cosas cambiaron y así el antes partido invencible empezó a perder, a perder y a perder y hubo un momento en que el país parecía dominado por tres fuerzas políticas. Hasta que llegaron las elecciones del año 2006 y entonces todo se derrumbó -como dice la canción de Emmanuel- para el PRI. Al revés de los cuentos, el príncipe ante el beso del electorado se transformó en sapo.

En la última elección, el partido fundado por Plutarco Elías Calles quedó prácticamente en la calle. (Cualquier semejanza no es mera coincidencia). Perdió la Presidencia de la República, perdió las tres gubernaturas en juego que, por cierto, ya estaban en manos del PAN; perdió la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal (la que ya tenía perdida hace años), perdió la única delegación que conservaba en el DF y cayó hasta el tercer lugar en las cámaras de Diputados y de Senadores. En pocas palabras, el PRI es el gran perdedor en la contienda electoral, mientras que todos los otros partidos ganaron y ganaron bastante. El PAN se convirtió en el partido más fuerte en el país, creció como nunca, mucho más que en 2000. El PRD incrementó su presencia en todo el país como nunca antes. Incluso, los nuevos partidos, Alternativa y Nueva Alianza, no sólo consiguieron sus respectivos registros sino que cuentan con representaciones en el Poder Legislativo.

Pero, ¿por qué perdió el PRI? Hay circunstancias históricas que convirtieron las fortalezas del pasado en las debilidades del presente. La erosión del PRI se inició en 1987, con el éxodo de un grupo de priístas encabezado por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y, como todos los éxodos posteriores, el grupo también se llevó a otros grupos de personas. Miembros importantes de los sectores tradicionales (obreros, campesinos y sector popular) empezaron a ver que sus intereses podrían encontrar respuesta en otras opciones políticas diferentes al tricolor.

Otro factor histórico: el PRI se lleva mal con los procedimientos democráticos. Cuando las trampas estaban a todo lo que daban, empleando con singular alegría la coacción y otras tácticas de imposición para conseguir la mayoría de los votos, el partido estaba ubicado en el lugar del supremo poder. Cuando la sociedad se hizo cargo de las elecciones, a través del Instituto Federal Electoral, el PRI ya no pudo hacer de las suyas. Los procesos están llenos de candados que impidieron las trampas de los tiempos de hegemonía del PRI.

También están los factores actuales que jugaron en la reciente elección. Como se vino diciendo desde 2005, Roberto Madrazo era un candidato sujeto a una enorme controversia, tanto interna como externa. El candidato, junto con sus muy desiguales -y miones- comerciales, desarrolló una campaña en medio de confrontaciones con sus correligionarios (Elba Esther, el Tucom, Montiel y un largo etcétera). A esa debilidad ante sus adversarios internos, se sumó la "burbuja" de protección que rodeó a Madrazo; me refiero a un puñado de corifeos que se encargaron de hablarle a la oreja al candidato y que le contaban un mundo inexistente ("tú eres el mejor, vas en primer lugar, no hagas caso de las encuestas, no hagas caso de la realidad.") y que se comportaban como si estuvieran trabajando con el Presidente en turno. Corrijo: ni en Los Pinos tienen esos aires de superioridad. Y ni hablar del efecto de la demoledora campaña "¿Tú le crees a Madrazo?, yo tampoco". Si a un candidato se le vulnera en la credibilidad, se le hace pedazos, porque no tienen más que eso.

Sin embargo, después de la debacle, el PRI tiene una oportunidad histórica. Ahora puede hacer honor a su apellido y desempeñar el papel Institucional que permita reestablecer los equilibrios sociales y políticos que tan desbalanceados han quedado luego de una elección presidencial tan apretada. Su misión ahora es contribuir a que existan los acuerdos necesarios entre las fuerzas políticas. Labor que el partido ha hecho durante décadas. Vale reconocer la aceptación de la derrota por parte de Roberto Madrazo, con una gran altura, al asegurar que no piensan judicializar la elección, ya que no pueden pelear por los votos que no ganaron en las urnas. ¡Bien por él!

El PRI debe refundarse. Por supuesto; debe estar a la altura de los tiempos que vivimos y hacer una lectura cuidadosa del mensaje de las urnas. Debe darse cuenta de que una de sus debilidades es la elección de candidatos. Hubo algunos que ni siquiera se tomaron la molestia de hacer campaña y que pensaron que por inercia ganarían. Craso error. Cuando Carlos A. Madrazo, padre de Roberto, fue presidente de ese instituto político, propuso la incorporación de los líderes naturales de las comunidades como candidatos. Díaz Ordaz se negó y por supuesto siguieron las prácticas clientelares, de grupúsculos y los intereses de amigos, incondicionales, lambiscones y compadres. A la hora de la hora, los liderazgos no se inventan, sobre todo cuando hay procesos democráticos. Y en eso de escoger a los suspirantes a obtener el soñado hueso, la verdad, muchos causaron pena ajena.

lolitadelavega@msn.com

 
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PERFIL
 
Periodista de radio, televisión y medios escritos, Lolita de la Vega desde muy pequeña tuvo contacto con los medios, por lo que decidió convertirse en Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Por su labor ante las cámaras, tras el micrófono o con la pluma, Lolita ha sido distinguida en dos ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo.
 
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