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Puerto Madero pone a prueba el paladar
Al lugar acude un gran número de comensales que baja de sus coches caros, presume trapos caros y llena las mesas hasta que éstas se agotan. La oportunidad es estupenda, se asiste al sitio de reunión perfecto para los que se ostentan como de clase alta y, por añadidura, van a ver o a ser vistos y desean saciar sus apetitos carnívoros. Es Puerto Madero, el cual abrió hace tres o cuatro semanas y es hoy, y de seguro por algún rato, el lugar más exitoso de Polanco. El original se halla en Cancún, justo frente al hotel Ritz Carlton, sobre el largo paseo Kukulkán, que sufrió los estragos por el huracanazo, pero no tanto. Es pretencioso en su aspecto, con una facha como de lounge, mucha madera y una imagen que seduce, elegante y cómoda. Entre sus ancestros en línea directa destaca El Cambalache. El resultado en calidad y precio es predecible. El nuevo Puerto Madero ocupa el mismo espacio que dejó otro sitio importado de Cancún, Casa Rolandi. Entre sus oficios está el de conformar una carta que combina productos de mar, excelente carne, además de una imagen que desde la entrada, con la cocina funcionando a todo vapor y las vitrinas borbollando bifes y atunes de engorda, se antoja. La carta de vinos es atrevida y le da prioridad a los caldos argentinos, es la primera que veo así, pero además, los precios son accesibles e invitan al consumo. La carne y el vino Lo que distingue a Puerto Madero de su papá Cambalache es una carta propositiva en la que resalta la intención por abonar más platos de mar. El degustador seguro puede advertir que en esencia el menú es el típico de un restaurante argentino con algunos cambios bien adaptados. Para empezar, la oferta de carpaccios matizados con aceites, chile, cebolla y otros elementos de lo más discreto, dan la bienvenida y dejan a un lado las tradicionales, toscas y riquísimas empanadas de siempre. Recomiendo el de pulpo, atún y pez espada. Por el mismo sendero caminan las tártaras de salmón y atún y algunos ostiones, navajas y almejas chocolatas. Mientras le preparan el bife untado por aromas que despide el carbón de quebracho en la parrilla, las ensaladas, como la Madero, adornan la mesa en un festejo que incluye lechugas, palmitos, jitomate, aguacate y queso de cabra, rociados de salsas tersas. El ´kobe beef´ El kobe beef es lo de hoy. Esa carne que se supone se amasa, se alimenta especialmente hasta desarrollar una engorda que marmolea el músculo lo suficiente como para colmarlo de sabor, es la moda en Nueva York importada de Japón, y poco a poco se traslada a México. La textura es de terciopelo y su costo es muy alto, pero si puede pagarlo (650 pesos, 350 gramos), no lo lamentará. El nivel de cocimiento se debe mantener perfecto para conservar los jugos frescos y la carne en el temple exacto. No permita, como yo, que se la entreguen más cocida de lo que pedí. El precio que uno paga por estos cortes es terriblemente alto como para permitir errores. Atacar un buen bife de chorizo de los de aquí es una opción casi obligatoria. Quizá es un menú de consecuencias demasiado bien estudiadas, porque hay de todo para todos. No me enamoran las pastas. Los de apetitos exóticos disponen de langostas por las que habrá de sangrar la bolsa. Pero la lista de pescados incluye lo mismo una lonja de salmón que filetes de halibut, atún aleta amarilla, blanco entero y otras carnes jugosas que no se aprecian tanto en carta como después de degustadas y por las que promuevo una actitud abierta. Hay selecciones frescas de entrada, sopas calientes y muchas ensaladas. El servicio es muy bueno, con un andar histérico que lleva y trae a tiempo. Me parece que los postres como el merengue son terriblemente dulces; el alfajor demasiado grande, y las copas de frutas groseramente monstruosas, pero hay gustos para todo. Si no reserva un día antes seguro lo mandan a la terraza o al segundo piso, lo que no es malo, pero se está mejor adentro. cesar.calderon&gourmand.com.mx
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