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Un fantasma real
Si le pidiéramos a una persona de cultura media que mencionara a los grandes criminales del siglo XX, respondería seguramente con los nombres de Hitler, Stalin, Harry Truman, Mao y acaso Pol Pot, el siniestro líder del Jemer Rojo. A nadie se le ocurriría que en esa lista apareciera un monarca belga: Leopoldo II, con quien los mexicanos algo tendríamos que ver pues se trata del hermano de la enloquecida "emperatriz" Carlota. ¿Leopoldo II de Bélgica, uno de los "grandes criminales"? Sí, sin la menor duda. Acabo de leer un libro que documenta de manera exhaustiva la narración de la empresa aniquiladora, genocida de Leopoldo II; se titula El fantasma del rey Leopoldo y fue escrito por el periodista estadounidense Adam Hochschild. Es más que posible que esa persona de cultura media a la que interrogábamos sepa que existió algo que se llamaba "Congo Belga"; pero es casi seguro que ignore la existencia del llamado "Estado Independiente del Congo", entidad anterior a aquel país que se independizó en los años 60. El Estado Independiente del Congo fue literalmente propiedad del rey Leopoldo; entiéndase bien esta monstruosidad supercapitalista y autocrática: el Congo no era parte de sus dominios como rey, sino su feudo personalísimo. En las primeras décadas del siglo XX los belgas tuvieron que arrebatarle ese dominio al monarca insaciable; pero antes Leopoldo dio cuenta de entre 8 y 10 millones de congoleños: matanza comparable a las de los criminales mencionados al principio. Aquellos congoleños fueron muertos de mil maneras, muchos a latigazos; a los sobrevivientes de aquella explotación -sobre todo en los campos de caucho silvestre, entre 1885 y 1906- les fue cortada la mano derecha por "fallas" en la entrega de la producción esperada por Leopoldo y sus agentes. Hay un libro que surgió de ese infierno: El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, narrada por su alter ego, el marinero Marlow, y cuyo protagonista era un agente del rey Leopoldo llamado Kurtz. El libro de Hochschild describe con pormenor los ámbitos de ese libro extraordinario y propone algunos candidatos "reales" para el personaje de Kurtz. En 500 páginas Hochschild nos cuenta la historia del Estado Independiente del Congo: un repertorio narrativo-histórico de alucinaciones atroces y de algunos heroísmos formidables, a cargo de un escaso puñado de rebeldes congoleños y de unos cuantos europeos humanitarios. En los tiempos modernos, no hay un capítulo semejante de defensa de los derechos humanos. El libro de Adam Hochschild es admirable; menos en un punto y por dos palabritas. En las páginas sobre Carlota, leí, con un estremecimiento de indignación, la siguiente frase: ". en 1867, unos rebeldes capturaron y ejecutaron a Maximiliano". ¡Unos rebeldes! Mi corazón juarista se sublevó ante tamaña ignorancia. Pero el libro es tan bueno que tuve que perdonárselo a Adam Hochschild.
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