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Ricardo Alemán
04 de julio de 2006

PRI, la caída

Cuando el tricolor se enfrentó a la ausencia de poder, no fue capaz de mantener la unidad

El domingo 2 de julio de 2006 será una fecha histórica para el partido fundado en 1929 por Plutarco Elías Calles -hace 77 años- que todos conocemos como PRI. Y es que ese 2 de julio pasado marca la más estrepitosa caída electoral del Revolucionario Institucional, que bajó al tercer lugar en la contienda presidencial y también se colocó en la tercera posición en el Congreso federal.

Nadie duda que el gran perdedor de la elección del pasado domingo es el viejo PRI. Así lo muestra una comparación elemental de las dos recientes elecciones presidenciales, la de 2000, en donde el candidato Francisco Labastida consiguió poco más de 13.5 millones de votos, 36.5% de los sufragios, y la del pasado domingo -seis años después-, en donde el candidato Roberto Madrazo alcanzó sólo 8.3 millones de votos, 21.5% del total de los sufragios emitidos. En sólo seis años, entre las elecciones presidenciales de julio de 2000 y julio de 2006, el PRI perdió 15 puntos porcentuales -poco más de 6 millones de votos-, lo que significa alrededor de 45% de su caudal electoral. Un desastre político electoral, por donde se le vea. Eso sin contar con la erosión que sufrió en las elecciones federales para renovar las cámaras del Congreso, en donde el Revolucionario Institucional cayó al tercer lugar.

Pero la tragedia que vivió el PRI el pasado domingo no es "una burbuja" en la vida electoral de ese partido, y menos se le puede acreditar a un error estratégico producto de una fallida jornada electoral -lo que le puede pasar a cualquier fuerza política-, sino que se inscribe como la más severa crisis de identidad, ideológica, doctrinaria, política y operativa que ha vivido en sus 77 años de existencia. A seis años de perder la hegemonía presidencial, y durante un quinquenio en el que daba muestras de una notable recuperación electoral, al final de cuentas el PRI se "desfondó" en una elección que era fundamental y estratégica para su vida interna.

¿Pero qué pasó en la última década, la que marcó el declive político-electoral del PRI? Vale recordar que una de las más severas crisis que vivió antes del 2 de julio de 2006 se produjo hace 19 años, en 1987, cuando un puñado de priístas -encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas- rompieron con un PRI corrupto, antidemocrático, corporativo, para luego dar forma al más importante partido de la izquierda mexicana, el PRD. En esa fecha empezó la caída del tricolor. Pero esa caída se catalizó cuando el último gobierno surgido del Revolucionario Institucional, el de Ernesto Zedillo, promovió lo que hoy conocemos como las reglas electorales creíbles y confiables, mediante organismos ciudadanizados. Así, en la primera prueba electoral que enfrentó el PRI con reglas electorales equitativas, transparentes y democráticas -las elecciones del julio de 2000-, mostró que no estaba hecho para la contienda electoral democrática. Entonces perdió el poder presidencial.

Y con esa mutilación perdió no sólo a su eje articulador, el presidente de la República, sino su principal nutriente, el poder federal. Ya sin ese poder aglutinador, trasladó las facultades del "primer priísta" a tantos jefes estatales como gobiernos locales tenía en sus manos. Pasó del férreo poder vertical -que todo lo podía y que sexenalmente era relevado- a un disperso poder horizontal, de territorios estatales y virreyezuelos de temporal.

El PRI es un partido creado por y desde el poder. Y cuando se enfrentó a la ausencia de ese poder, no fue capaz de mantener la disciplina y la unidad que aglutinaba lo mismo a políticos de extrema derecha, que a centristas y hasta cercanos a la izquierda. Pero tampoco fue capaz de regular su vida interna y menos la lucha por las candidaturas a puestos de elección popular. Frente a esa crisis, muy pronto apareció el ambicioso Roberto Madrazo, quien con la ayuda de la profesora Elba Esther Gordillo se propuso no sólo apoderarse del PRI, sino alcanzar la candidatura presidencial, a costa de lo que fuera.

De esa manera se inició una verdadera guerra civil en el interior del PRI, en donde los derrotados y desplazados, los inconformes y expulsados, buscaron los cauces naturales para encontrar una nueva identidad. Muchos oportunistas encontraron lugar en el PRD, en donde lavaron sus respectivos pasados en las aguas de la izquierda mexicana, en tanto que otros llegaron a la derecha, de la que siempre fueron parte. A la sangría siguió la guerra interna frontal. No pocos de los nuevos "jefes máximos" vieron más que por el PRI y por su candidato presidencial, por su interés personalísimo, y de manera casual en sus feudos, el voto favoreció a otros candidatos, del PAN y del PRD. ¿Por qué ese voto útil? Porque la fuente del poder está en Los Pinos. Lo demás es lo de menos. Dejaron colgado no sólo a Madrazo, el indeseado y desprestigiado candidato presidencial, sino al PRI de Madrazo.

Pero no faltaron las guerras abiertas. La profesora Gordillo se convirtió en la más ardorosa impugnadora de Madrazo. Los votos del magisterio se orientaron hacia dos vertientes. El voto presidencial favoreció a Calderón, en tanto que los votos para el Congreso fueron para el partido de la profesora, para Nueva Alianza. El PRI de Madrazo llegó a su fin. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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