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    Panorama Norteamericano
Eduardo Valle
01 de julio de 2006

E l primer domingo del mes de julio del año 2000, Panorama Norteamericano pronosticó, estado por estado, cuál de los tres candidatos principales resultaría triunfador en cada una de las entidades. Además se estableció una cifra por la cual Vicente Fox Quesada ganaría la elección para presidente de la República. Acertamos. En todo. Ahora hay demasiado ruido y confusión en los estados y hasta en los distritos electorales. Por ello, para este primer domingo de julio del año 2006 la tarea no resulta tan fácil. Con todo, ahí va un pronóstico global: Felipe Calderón Hinojosa ganará la Presidencia de la República con un mínimo de un millón de votos sobre el adversario más cercano. ¿Razones? Van las generales.

El voto a favor de Calderón está más concentrado en el norte. Es verdad que el Partido Revolucionario Institucional (no necesariamente Roberto Madrazo) tiene una bolsa mayor en Coahuila, Durango, Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas, pero aquí ocurren dos fenómenos: los gobernadores priístas van a cuidar, en primer lugar, "lo suyo". A sus propios candidatos a cualquier nivel. En particular, en Sonora. Eso es lo que les dará a los señores feudales poder real de negociación; más allá de quién gane la pelea por la silla mayor. Y luego está presente la real imagen del propio Madrazo. Y el votante del norte está más acostumbrado a votar, no tanto a mítines y manifestaciones, y conoce el voto diferenciado.

El voto diferenciado es una cruel realidad para los priístas en esta zona. Y para el panista convencido votar forma parte de su cultura política original. Acción Nacional y el Revolucionario Institucional pelean por el voto del norte; pero la desventaja para Madrazo es evidente. López Obrador (no necesariamente el PRD) tiene presencia real, pero allá no es contendiente mayor. Baja California, con gobernador panista, y Baja California Sur como triste herencia de Leonel Cota, definirán sus tendencias en esa alineación.

Si Colima, Campeche y Sinaloa, y Nayarit, Quintana Roo e Hidalgo votarían por el PRI por mayoría, en Michoacán, Zacatecas y Guerrero, y hasta en Tabasco, votarán por el PRD. Mientras el PAN tiene su bolsa mayor en el centro del país: Guanajuato, Aguascalientes, San Luis Potosí, Querétaro. A pesar de sus gobernantes panistas. Y aquí hay que agregar Yucatán. A pesar de su gobernador.

En Chiapas, Oaxaca, Morelos y Tlaxcala, el PRI y el PRD pelean, cada uno con sus modos, tan parecidos, por la mayoría de votos. Y entonces la elección general se definiría por los porcentajes para cada candidato en el Distrito Federal, estado de México, Jalisco, Veracruz y Puebla. Y aquí aparecen los dos problemas mayores para el pronóstico: los indecisos y el "voto oculto".

Lo conocido hasta ahora por las encuestas (sólo en términos del "voto decidido") nos muestra que el norte y el centro los puede ganar Felipe Calderón. Mientras en el sur la pelea se da entre PRI y PRD. En tres entidades de mayor peso en el padrón electoral (Jalisco, Veracruz y Puebla) la pelea será muy cerrada entre los principales contendientes; y en el estado de México y el Distrito Federal (a pesar de la mayoría relativa por Andrés Manuel López Obrador), los porcentajes en la votación van a tener un significado mucho más grande al ahora previsto. Conste. Con todo, por el enorme peso de las ocho o 10 entidades con mayor número de electores, los "indecisos" (de 6 a 8 millones, en una votación global de alrededor de 45), y el ahora "voto oculto", adquieren un esencial papel y todo pronóstico tiene enormes escollos.

Pero hay pistas objetivas. Un candidato (López Obrador), quien en un año descendió de ser "invencible" e "indestructible", a pelear un poco más de la tercera parte del voto "decidido", no debe tener un particular atractivo para este fundamental bloque. Más cuando representa una ruptura del status quo.

Más cuando puede preverse el autoritarismo y también la corrupción (el PRD ahora es, en lo esencial, una coalición donde los exiliados del PRI juegan el papel central, rodeando a su candidato). Y afirmo: también habrá que prepararse, en un escenario, para la violencia organizada, luego de tres o cuatro años de su probable gobierno. Ya Gabriel Zaid (¿Por quién votar?) nos advierte de cambios constitucionales mayores. Obvio: se trata de la reelección de López Obrador y de la continuidad en el poder de su grupo de elegidos. De ahí la absoluta necesidad para él del triunfo de Marcelo Ebrard, un operador indispensable.

¿En verdad los indecisos y los votantes ocultos intuyen esta situación? ¿O sólo son mis buenos deseos? Pues resulta que esta "intuición" política (tan racional o irracional como se quiera), será fundamental para el desenlace de la votación. Si el indeciso y el votante oculto no quieren dar a conocer su voto, y se reservan el derecho de "hablar" hasta encontrarse frente a la urna, entonces López Obrador ya está derrotado. Al igual que Madrazo. Con un millón de votos como mínimo. Quizás por muchos más votos. Nada más por la sencilla razón de que los indecisos y el "voto oculto" se encuentran en cierta medida intimidados por la campaña y los recursos de López Obrador y los suyos.

Ahora bien: estas pistas objetivas pueden ser absurdas e inútiles. Y mi pronóstico está muy equivocado. El indeciso y el votante "oculto" no hablan ahora porque simplemente no quieren ni les interesan las encuestas. Están desde ya fascinados con el cambio que ahora sí, creen, llegará gracias al "rayito de esperanza" y la "honestidad valiente". Entonces ya no habrá nada que decir y mañana López Obrador ganará la elección por muchos puntos. Y eso significará de inmediato que un Congreso dividido en tres o más partes y la misma opinión pública deberán hacer su trabajo sobre dos presupuestos políticos: alcanzar acuerdos inteligentes y productivos con Andrés Manuel López Obrador. Y vigilar que los "nacionalistas-revolucionarios" del PRD y sus primos hermanos del PRI no coopten el poder, ocupen el Estado y provoquen la violencia.

mvalle131@aol.com

 
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PERFIL
 
Eduardo Valle se graduó en la Escuela Nacional de Economía de la UNAM. Fue dirigente del Partido Mexicano de los Trabajadores, diputado federal y asesor del procurador general de la República, Jorge Carpizo. Desde hace algunos años reside en los Estados Unidos.
 
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