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Guerra AMLO-IPEl candidato de la coalición Por el Bien de Todos dice haber identificado a los que promueven una campaña "en su contra" A pocos días de la jornada electoral en la que se renovarán los poderes Ejecutivo y Legislativo -además de los gobiernos estatales del Distrito Federal, Guanajuato, Jalisco y Morelos-, se ha desatado una peculiar guerra político electoral entre los más influyentes capitanes de empresa, agrupados en el Consejo Coordinador Empresarial (CEE), y el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. Cualquier ciudadano curioso puede presenciar esa guerra mediática y declarativa ente "ricos y pobres" con sólo asomarse a las pantallas de televisión y escuchar las frecuencias de radio, en donde a la embestida discursiva de López Obrador contra los empresarios de todas clases -a los que igual acusa de "vividores", de "no pagar impuestos", que de ser "traficantes de influencias"-, el CCE responde con spots en los que identifica a AMLO, sin mencionarlo por su nombre, como un peligro para la estabilidad económica de la última década. Pero esa peligrosa guerra, con su cauda de lucha de clases, entre "ricos y pobres", amenaza con convertirse en el "crisol" de una acalorada contienda electoral que, de no detenerse a tiempo, no augura nada bueno para el "día después", para el nuevo gobierno que a querer o no empezará a partir del próximo lunes 3 de julio. Claro, salvo que la noche del 2 de julio lo competido de la contienda impida declarar a un ganador. Por lo pronto, en medio del circo mediático que son las campañas electorales, los guerreros intercambian lanzadas y enseñan los dientes. En un despropósito que va contra libertades fundamentales, la representación del PRD en el IFE intentó censurar los spots lanzados por el Consejo Coordinador Empresarial contra el eventual triunfo de AMLO. En respuesta, el candidato dice haber identificado a los que desde la iniciativa privada promueven una campaña "en su contra", en una suerte de amenaza velada. Y es que si bien censurables desde el punto de vista ético -porque se coloca todo el peso del máximo organismo empresarial mexicano contra un candidato presidencial-, los spots del CCE son perfectamente legales y hasta políticamente correctos, porque expresan la postura de un grupo social que ha sido estigmatizado por un candidato presidencial que los detesta. ¿Qué esperaba AMLO de sus adversarios de clase, a los que en su discurso descalifica y hasta amenaza con perseguir si gana la elección? López Obrador está en su derecho de expresar, sea como estrategia proselitista, sea por su origen de clase, que "no le caen bien" los empresarios, que son "unos vividores", que "le sacan ronchas", que "son corruptos y saqueadores". Lo que quiera. Como los empresarios están en su derecho de responder, en términos de ley electoral, a las acusaciones del primero. Pero el problema no es legal, y menos de simpatías y antipatías. El problema es que con razón o sin ella, amplios sectores empresariales ven con preocupación creciente la llegada al poder de López Obrador. Lo mismo ocurrió en 1988, en 1994 y 1997, cuando Cárdenas se acercó al poder presidencial y cuando alcanzó la Jefatura de Gobierno del DF. Pero vale decirlo, Cárdenas no es López Obrador. En cambio, el CCE surgió el 5 de agosto de 1976, al final del gobierno populista de Luis Echeverría, como un instrumento de presión contra los excesos del poder presidencial. Echeverría se caracterizó por una permanente confrontación con los poderosos grupos empresariales de la época, sobre todo los de Monterrey, a los que acusó por la reducción en la inversión y por la fracasada política económica, que terminó en una espiral inflacionaria. Desde entonces el CCE ha reunido a la mayoría de los empresarios -los que a pesar de todo siempre resultaron los grandes beneficiados de los gobiernos priístas-, y ha sido vocero de la iniciativa privada frente al poder público, y en algunos casos un dique a los excesos del presidencialismo imperial. La historia al parecer se repite. Pero la de Echeverría con el CCE no es la primera de estas guerras. Otra confrontación que resultó catastrófica para los ciudadanos en general -por la ruinosa crisis económica a la que se había llevado al país- se produjo a raíz de la nacionalización de la banca, el 1 de septiembre de 1982, cuando José López Portillo intentó la reivindicación de su gobierno. Entonces apareció en escena un líder, Manuel J. Clouthier, próspero agricultor de Sinaloa y en ese 1982 presidente del CCE. En protesta por la devaluación del peso y por la nacionalización de la banca inició a través de la Coparmex las jornadas "Por México", que no fueron otra cosa que la participación activa de los empresarios en política. Esa fue la semilla de lo que hoy es el PAN en el gobierno de Fox, y Clouthier fue uno de los impulsores de la democracia electoral mexicana. La historia se repite, y no aparece quien les explique a AMLO y a los poderosos empresarios que juegan con fuego. Al tiempo. aleman2@@
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