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10 de junio de 2006

Chofer afortunado y su jefe infundioso

Sería un error, me parece, querer levantar el puño del ganador de lo que llamaron el segundo debate. Las encuestas previas al encuentro señalaban un empate técnico entre Felipe Calderón y AMLO, y en el debate ambos confirmaron su lugar de punteros. Pero eso no quiere decir que la contienda presidencial esté únicamente entre ellos. Roberto Madrazo hizo gala de sus aptitudes políticas y jugó muy bien su posición, ubicándose en el centro político, más allá de la izquierda y la derecha. Hay que reconocer que el PRI y su candidato siguen en la contienda, pese a las más recientes "migraciones" de distinguidos ex priístas hacia los otros partidos.

Les propongo a mis lectores y lectoras tres conclusiones, muy personales, sobre el último debate:

1. El proceso electoral no está decidido aún, pues nadie, salvo los partidarios de cada candidato, podría decir que el encuentro dio una definición sobre quién será el próximo presidente del país; en otras palabras, cualquiera puede ganar.

2. Tres candidatos contienden realmente por la Presidencia y dos más buscan el registro de sus partidos (aunque me temo que sólo Patricia Mercado podrá sumar 2% para conservar el registro de su organización, a menos que Elba Esther opere de forma que movilizando a todos sus maestros, Nueva Alianza obtenga su anhelado registro).

3. Aunque sólo Felipe habló de un gobierno de coalición, cualquiera que llegue a la Presidencia tendrá que gobernar haciendo alianzas obligadas con las otras fuerzas políticas, no hay de otra si se quiere gobernar en serio.

Pero en fin, más allá de esta circunstancia, lo importante, lo trascendente, no es quién puede ganar sino quién tiene la capacidad para gobernar al país como se requiere.

Por otra parte, el debate tuvo novedades, más allá de las propuestas. AMLO trajo al debate a la familia de Calderón y lanzó una acusación sobre un presunto tráfico de influencias en beneficio de Diego Hildebrando Zavala, el cuñado de Felipe. En estas horas que corren han salido a la luz informaciones inquietantes. ¿Cómo es posible que se dé a conocer información fiscal, que se supone que debe estar protegida por el secreto institucional, del señor Zavala? Antes de este incidente, también conocimos una infidencia del SAT, cuando Roberto Campa dijo en el primer debate que tenía información que le había "llegado anónimamente" a su domicilio sobre el no pago de impuestos de Roberto Madrazo. ¿Qué está pasando con esas informaciones? ¿Quién las filtra? ¿Con qué propósitos? Ojo, mucho ojo... con la divulgación de estos asuntos confidenciales. ¿Quién le va a tener confianza al SAT luego de estos manejos?

La otra novedad es que por fin conocimos la verdadera personalidad de Nicolás Mollinedo, mejor conocido como Nico, el chofer y jefe de inteligencia de AMLO. A raíz del debate, se confirmó que el hijo de Nico estudia en una muy prestigiosa y muy cara universidad de Estados Unidos. La información se dio a conocer desde la semana pasada a través de los medios de comunicación. Y, claro, no faltó quien se apresuró a decir que quizá el muchacho habría obtenido una beca de estudios, como tantos otros que así han logrado estudiar en el extranjero. Pero resulta que nada de becas. El propio Nico develó la incógnita: la colegiatura y manutención del muchacho las cubre la familia de su ex esposa, una familia que es dueña de hoteles en la Riviera Maya. Nico añadió que él sólo paga la pensión alimentaria que le fijó el juez después de su divorcio.

Una de las cosas que esta información sugiere es que Nico tiene un "pegue" sensacional. ¿Será que en realidad detrás de su gesto adusto se esconde un Brad Pitt, galán admirado y apetecido por muchas mujeres? ¿Será que Nico tiene otras habilidades desconocidas y que van más allá del manejo del Tsuru y del choque de la camioneta? ¿Será que hay en él un Antonio Banderas, seductor y apasionado? ¿O por lo menos tendrá lisito detrás de la oreja? Como quiera que sea, hay que reconocer que Nico es un hombre excepcionalmente afortunado, en toda la extensión de la palabra.

También su jefe es afortunado, aunque en su caso es más difícil pensar alguna conjetura del porqué de su bienhadado presente. Esto lo digo porque nos enteramos de algo un tanto equívoco.

La semana pasada, AMLO nos sorprendió con un spot en cadena nacional en el cual comunicaba su propuesta de ayuda económica a quienes ganan menos de 6 mil pesos al mes. El comercial me pareció confuso, no entendí cómo y de dónde se hará esa transferencia de dinero. Y es que a López Obrador no le salen bien las cuentas.

En una entrevista radiofónica con Joaquín López-Doriga, López Obrador fue interrogado sobre cuánto había pagado por ese spot en cadena nacional. El candidato respondió, como en tantas otras ocasiones, con vaguedades y de pronto dijo que había pagado ¡700 mil pesos! ¿A quién quiere engañar con esas cifras? Y la otra pregunta, que no se le formuló en ese momento, es: ¿de dónde sale tanto dinero para sus cadenas nacionales y sus campañas en la televisión?

A lo mejor, en sus ratos libres, Nico va talonear y consigue algún dinerito para pagar los gastos de su jefe.

lolitadelavega@msn.com

 
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