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David Huerta
07 de junio de 2006

Elogio de la evasión

Las elecciones han emponzoñado el ambiente.

No me lo explico, o me lo explico demasiado bien: no estamos acostumbrados a discutir, lo hacemos con una violencia que no se aviene con nuestro habitual temperamento comedido.

Mencionar el tema electoral en una sobremesa conduce, sin falta, a una discusión altisonante, siempre desagradable, pero sobre todo estéril. Nadie convence a nadie porque se ha perdido -si es que alguna vez se tuvo- la mínima capacidad de escuchar, mientras, por otro lado, han aumentado exponencialmente los argumentos agresivos. Todos los opinantes parecen saberlo todo sobre la política nacional, los candidatos, los proyectos, el bien y el mal; lo saben y despliegan su convicción de manera estridente.

La verdad yo, como muchos millones de mexicanos comunes y corrientes, estoy cansado de todo esto. No me importa averiguar quién o quiénes tienen la culpa. Me importa mucho más allegarme vías de escape, maneras de evasión del mal clima que ahora nos rodea.

Toda mi vida he oído hablar mal del escapismo, la "literatura de evasión", la huida de los problemas acuciantes. El complemento de esa reprobación es el llamado urgente a meterse de lleno en esos problemas: hay que hacer esto, hay que plantear aquello otro, hay que. Ese "hay que" me suena muchas veces como el graznido de un ave estrechamente emparentada con el cuervo de Poe.

En la inmensa mayoría de las ocasiones, la entrada de lleno en los problemas no los resuelve ni por asomo. No quiero exagerar, como uno de mis viejos maestros, quien afirma que tratar de cambiar las cosas para que mejoren no le ha resultado ni con el intento de perfeccionar el ángulo de las persianas, no, pero a veces este asunto del "compromiso", la exigencia de "meterse", no lleva a nada más que a una grisura pavorosamente parecida a la rutina más oprimente. Todo sigue igual. A partir de estas reflexiones, si no es exagerado llamarlas así, me permito poner aquí un voto de confianza en el valor de la evasión, del escapismo.

El 2 de julio depositaremos nuestro voto en las urnas. Antes de esa fecha no vale la pena extenuarse en discusiones y peleas inútiles. Resultaría mucho mejor leer un buen libro que nos permita olvidarnos de la crispación y la aspereza políticas. Escaparse, evadirse, huir.

Cualquier género sirve: poesía, narraciones detectivescas, testimonios de viajes, divulgación científica.

La evasión nada nos pide a cambio y nos entrega tesoros formidables: un sueño tranquilo, una distracción de la neurosis, un fantaseo inocuo. Esa experiencia está hecha de momentos incruentos y, con un poco de suerte, hasta de recompensas estéticas. Ningún partido, ningún candidato ofrece nada parecido.

Quienes nos exigen a gritos que nos "comprometamos" nunca conocerán las delicia de la evasión bien cumplida.

No sé si es una recomendación reaccionaria, ni me importa. Sí sé que la evasión es una medida mínima de salud.

 
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PERFIL
 
La columna de David Huerta se ocupa de diversos temas de la cultura contemporánea y no tan contemporánea; el apartado "otras cosas" del nombre del espacio, le permite a Huerta --poeta y comentarista político-- hablar lo mismo de música, que de pintura y vida cotidiana. El también escritor ha publicado más de 10 libros de poesía y es un apasionado lector de los autores del Siglo de Oro español.
 
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