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Elvira García
30 de mayo de 2006

Canal 22, mucho más de dos

Porque somos más de dos va más allá de ser el slogan con que arranca la nueva etapa de programación del Canal 22.

Es la confirmación de que este canal cultural mexicano, para hacer crecer su programación propia en 63%, ampliar su cobertura hacia Estados Unidos, remodelar sus instalaciones, crear dos foros y cabinas para producción digital, conquistar nuevos socios y poner su señal internacional al alcance de todo el mundo a través del sistema Jump TV de internet, ha movido la voluntad, la energía y el talento de un montón de gente que ha logrado trabajar en equipo, gastando más ingenio que dinero. Porque ya sabemos que en los medios dedicados a la cultura siempre escasea el dinero y lo que tiene que abundar es la capacidad para lograr sinergias.

El Canal 22 ha consolidado un estilo de entender y comunicar el producto cultural, rompiendo el mito de que el arte y la cultura no tienen público y no son negocio para los medios televisivos porque no hay empresas interesadas en anunciarse en ellos. Hoy, cuando está a punto de fenecer este sexenio de tan escasos logros culturales, el Canal 22 podría convertirse en la manzana de la discordia de grupos que mueven los hilos de la cultura en el país.

Años atrás, algunos integrantes de esos grupos ninguneaban la tarea que había comenzado a hacer el Canal 22, y hasta olvidaban que existía en el espectro radioeléctrico. Hoy, esos mismos personajes gustosos pedirían dirigirlo.

Sin duda, hoy el 22 es una medio codiciable, y hay muchas personas que creen que pueden mejorar el trabajo realizado en estos seis años por Enrique Strauss y su equipo.

Y como en gustos se rompen géneros, hay quien dice que Strauss ha hecho de esta televisora cultural un reducto de nostálgicos setenteros y ochenteros; otros, que Televisa tiene marcada presencia en esa pantalla cultural, y hay quien afirma que en ocasiones su programación es demasiado experimental.

Sea como fuere, lo cierto es que el Canal 22 se ha constituido en un referente, en un medio que es citado como fuente informativa cultural, y eso no es poca cosa. Sin duda está desbancando a Once TV en cuanto a temáticas de actualidad. Además, la reaparición de la señal del Canal 40, ahora bajo la denominación de Proyecto 40, sitúa al 22 frente a un universo televivo cultural de muy interesante competencia.

Está pasando inadvertido para los críticos mediáticos que en estos momentos esos tres canales están ofreciendo al televidente un buen menú, una digna opción de programas hechos por, y para mentes con neuronas vivas, y lo que es mejor, el acceso a esas opciones culturales es gratuita.

La calidad de la televisión abierta no es ser un favor al televidente, esa es una obligación de los medios que detentan un bien público, y es también un legítimo derecho del televidente el tener acceso a una televisión con programación artística y cultural de buen nivel, sin que tenga que desembolsar dinero por su sintonía.

La gente del 22 ha trabajado como hormiguita, en silencio y sin tregua. Y hoy puede cosechar las semillas que ha venido sembrado en estos últimos cinco años. Ahora bien, lo que uno se pregunta es: ¿cuál será el destino de un canal cultural como el 22 dentro del contexto de un cambio de gobierno? Hasta hoy no hemos escuchado a los principales candidatos pronunciarse al respecto. Andan tan ocupados en sus grillas y descalificaciones mediáticas que apenas si han tenido tiempo de afirmar, como ya lo hizo Calderón Hinojosa, que la cultura no es por el momento su prioridad. Si la cultura está en el último sitio de la agenda de los candidatos que pretenden gobernar México, ¿qué podremos esperar del destino de la televisión cultural mexicana?

viragarcia1952@aol.com

 
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PERFIL
 
Comenzó a colaborar en los medios desde principio de los 70. Desde esa fecha, ha escrito en más de seis diarios y en revistas como Proceso y Geografía Nacional. Es co-conductora del programa dominical "La República de las Letras". Ha escrito seis libros biográficos, entre los que destacan: "Redonda Soledad, la vida de Pita Amor"; "Cuando los grandes eran chicos", y "De lunas garapiñadas, Cri-Cri.
 
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