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Ricardo Alemán
29 de mayo de 2006

La victoria del PRI

El Revolucionario Institucional también sembró exitosas colonias partidistas en Nueva Alianza y Alternativa Socialdemócrata y Campesina

A hora resulta que Manuel Bartlett Díaz, el artífice del fraude electoral de 1988, el mismo que le arrebató el triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas para imponer a Carlos Salinas, llama a votar por el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador. ¿Quién lo hubiera dicho?

Pero en realidad ese salto al vacío no debe sorprender a nadie. Ya antes habíamos visto que entre los operadores estelares de López Obrador apareció Manuel Camacho, otro de los ex priístas que "vendieron su alma al diablo" para hacer presidente a Carlos Salinas. Y también vimos que en el primer círculo de AMLO se incorporaron los ex priístas Socorro Díaz, César Raúl Ojeda, Ricardo Monreal y Arturo Núñez, entre otros.

De igual manera presenciamos cómo AMLO impuso al ex priísta Leonel Cota Montaño como dirigente del PRD, y como aspirante a jefe de Gobierno del DF, a Marcelo Ebrard -por cierto, Marcelo también fue operador salinista para aplastar al FDN, antecedente del PRD-, mientras que en medio de la rechifla generalizada de la izquierda institucional, también fueron impuestos como candidatos los ex priístas Víctor Emilio Anchondo, Alfonso Durazo, José Guadarrama, Roberto Vega Galina, Elías Dip Ramé, Víctor Gandarilla y Raúl Sifuentes Guerrero.

Y no, tampoco ahí termina la historia. El PRD y su candidato presidencial pactaron la coalición Por el Bien de Todos con lo partidos Convergencia y del Trabajo. Y debemos recordar que el primero es propiedad de Dante Delgado, un inescrupuloso dirigente del salinismo y del zedillismo, que vende el "naranja" de Convergencia y hasta su alma al mejor postor. Y el PT es otro partido familiar propiedad de Alberto Anaya, quien junto con los hermanos Carlos y Raúl Salinas lo fundaron en sus mocedades.

¿Es una sorpresa que Manuel Bartlett decida llamar a votar por AMLO?

Claro que no, sobre todo si vemos que la "victoria cultural" del PRI no sólo ha colonizado al PRD, el partido de la dizque izquierda institucional. El PRI también sembró exitosas colonias partidistas en los nacientes Nueva Alianza y Alternativa Socialdemócrata y Campesina. En el primero, un sector del PRI, el vinculado con el magisterio de la profesora Gordillo, es el germen de esa organización, junto con muchos de sus candidatos, como Roberto Campa. Y el segundo, se fundó de una coalición socialdemócrata y una corriente campesina de origen priísta.

Y por si hiciera falta, el PRI de Salinas y Zedillo también colonizó al Partido Acción Nacional. Desde hace meses todos saben que la priísta Elba Esther Gordillo es una aliada fundamental del gobierno del "cambio" y de su candidato, Felipe Calderón. Pero por si no fuera suficiente, apenas en días pasados se sumaron a Calderón el ex presidente nacional del PRI, Genaro Borrego; el ex secretario de Gobernación y ex gobernador oaxaqueño, Diódoro Carrasco, y los ex secretarios de Estado durante el zedillismo, Luis Téllez, Jesús Reyes Heroles, Carlos Ruiz Sacristán y recientemente Óscar Cantón Zetina. Todos ellos, como se sabe, fueron expulsados de facto del PRI.

¿Por qué asustarse del llamado que hace Manuel Bartlett a favor del candidato López Obrador?, si en realidad el PRI ha colonizado todos los partidos políticos con registro, las candidaturas y los equipos de campaña de los cinco aspirantes presidenciales. En todo caso, lo que nos debiera asustar y hasta indignar es que el viejo partido corrupto, maniobrero y corporativo, ha conseguido una victoria cultural histórica, y no sólo no fue desbancado en el año 2000, y menos desapareció del escenario político electoral, sino que en el 2006 se metió hasta los huesos en todos los partidos.

La cantera del PRI parece inagotable, sobre todo en tiempos electorales. Se da el lujo de regresar al poder a través de sus colonias. ¿Quién va a ganar el 2 de julio próximo? Está claro que se podría alzar con el triunfo Calderón, Obrador o Madrazo. Pero en el fondo la victoria de la colonización cultural será para el priísmo. ¿Sería posible que Calderón, Obrador y Madrazo pudieran aspirar al triunfo sin los priístas compañeros de viaje, y sin la cultura esa de la antidemocracia, la corrupción, el corporativismo y la trampa electorales? Ni Calderón y menos AMLO tendrían posibilidad alguna. ¿Y por qué no Madrazo, si en esta lógica tiene todo a su favor?

Porque el PRI ya no es un ejército compacto, y muchos de sus "generales" salieron a fundar sus propias colonias, a imagen propia. Y en algunos casos, como el del PRD, están a punto de fundar sus propios imperios. ¿Y entonces por quién votar? En el fondo, hay que decirlo, el voto por cualquiera de los cinco presidenciables será un voto por el viejo PRI. Por eso resultaría interesante ejercitar "el voto por el no", que no sería anular el sufragio, sino un voto contra la simulada democracia electoral. Pero de eso nos ocuparemos pronto.

alemán2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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