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27 de mayo de 2006

U n momento: no celebremos todavía. Exis- ten dos proyectos de ley sobre reforma migratoria: el del Senado y el de la Cámara de Representantes de EU. Este último contempla "seguridad en las fronteras y en el territorio" y criminaliza a los inmigrantes indocumentados. Hasta ahí; luego el Senado introdujo el programa para trabajadores temporales y abrió una complicada puerta para la legalización de unos 7 millones de indocumentados; aquellos con más de cinco años de trabajo en el vecino del norte. También ofrece oportunidades a quienes han residido más de dos años; pero éstos deberán salir de EU para aspirar a esos beneficios.

La extensa versión del proyecto del Senado contiene provisiones hasta más duras para los inmigrantes que la de los representantes; las cuales llevan a decir a Paul M. Igasaki, director de la coalición llamada Rights Working Group que, en el balance, la versión del Senado representa "un muy serio deterioro de los derechos de los migrantes", pues se otorga mucha más fuerza y facultades a las autoridades ejecutivas de migración, como la Patrulla Fronteriza (The Washington Post; 26 de mayo).

Y con todo, lo cierto es que el proyecto del Senado abre una puerta para la legalización de millones de trabajadores. Y crea el programa con el cual el ocupante de la Casa Blanca se ha comprometido.

En suma: la gran mayoría de los legisladores en el Capitolio están de acuerdo en proteger las fronteras y el territorio. El presidente republicano (con mayoría en las dos cámaras en el Capitolio) busca un programa de trabajadores temporales. Y una coalición bipartidista en el Senado además promueve un largo y sinuoso camino para la legalización de los indocumentados.

¿El resultado probable?: un proyecto de ley que incluya la seguridad y el programa de trabajadores. Los objetivos de siempre de George W. Bush. Y acaso una versión mucho más "exigente" para la legalización de los inmigrantes. Y eso sobre la base de una extrema insistencia de la coalición de senadores demócratas y republicanos (liderada por John McCain y Edward Kennedy); a la cual espera una feroz batalla en la conferencia que deberá armonizar y unificar el texto de la ley. Antes de que pueda firmarse por el presidente. Hasta ahí vamos.

¿Qué se puede celebrar en México hasta este momento?: existirá un programa de trabajadores temporales, gracias a la intervención del presidente y de su asesor Karl Rove. Y la posibilidad de crear formas en EU de legalización de millones de indocumentados. Y esa posibilidad la han creado los movilizados estudiantes, hijos de inmigrantes, quienes en los años inmediatos podrán votar.

Eso es lo que no han entendido los representantes de distritos en donde esos estudiantes no aparecen en el futuro mapa electoral. Ya sean, obvio, republicanos en su mayoría o demócratas en minoría. Los estrategas de los dos partidos sí lo saben. Si los republicanos obstaculizan la reforma migratoria, y eso significa en los hechos la legalización de millones, más temprano que tarde y bien pronto, van a pagar un enorme costo político. Se mostrará que nada pueden reformar, no pueden gobernar, y están en contra de las minorías. Pudieran perder en noviembre la mayoría en el Capitolio y luego la misma Casa Blanca.

El presidente Bush puede estar seguro de que las medidas legislativas relacionadas con seguridad y el programa de trabajadores temporales van a salir adelante. No habrá mayor problema. Eso es lo que él ha buscado desde mucho tiempo atrás. Pero, lo sabemos, esos son sólo dos de los tres puntos mínimos que representan una real reforma migratoria.

El tercero es la legalización de los trabajadores. Y si ahí nada dice o hace trampa no podrá engañar a nadie.

Hasta ahora el juego de Bush va viento en popa. Un proyecto en la Casa de Representantes, el cual sólo contempla seguridad. Uno más de los senadores con promoción del programa de trabajadores temporales. ¿La mosca en la sopa?: una coalición bipartidista de senadores introdujo caminos para la legalización. Ahora el presidente debe definirse en forma necesaria frente a este tercer elemento; cuando él, en verdad, nunca lo contempló en serio. Hasta cuando se le vino encima el problema, gracias a la movilización de los indocumentados y sus familias y a la coalición de senadores.

¿Las opciones de los republicanos?: ceder, aun cuando sea parcialmente en la legalización, como ahora propone Bush; o boicotear la reforma. Pero en este último caso va a quedar claro como una gota de agua que Bush y los líderes republicanos en el Capitolio hicieron trampa, desde cuando se les frustró el proyecto de incluir en la reforma sólo la seguridad y el programa de trabajadores temporales. Y los demócratas van a tomar nota de ello; aun para tan corto plazo como noviembre.

¿Retrasar la reforma migratoria? Es la peor opción para los republicanos. Las tendencias de aprobación del trabajo de la Casa Blanca y el Capitolio muestran que los republicanos están en serios problemas. Y una vulgar maniobra de ese tipo les crearía aún más. Cuando el tiempo político y electoral está en su contra.

Parece que a Karl Rove, al menos en esta ocasión, no le funcionó la estrategia al mínimo posible. La Casa Blanca se encuentra en un muy difícil proceso de reconstrucción (hasta el secretario del Tesoro anunció ya su salida, y llega un nuevo asesor político conservador para Bush) y pareciera que si el señor Rove falla en esta, se va a su casa.

La reforma migratoria permanece todavía en el terreno de la incertidumbre. Hay espacios para exigirle al presidente de EU, de manera comedida y muy respetuosa, que emplee su investidura en relación con la legalización de los indocumentados. O, de otra forma, nos diga que está esperando a las elecciones de julio y noviembre para avanzar más allá de lo señalado por él al inicio del proceso. Con todo ya no abrá frontera abierta. Seguro.

Mvalle131@aol.com

 
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Periodista de radio, televisión y medios escritos, Lolita de la Vega desde muy pequeña tuvo contacto con los medios, por lo que decidió convertirse en Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Por su labor ante las cámaras, tras el micrófono o con la pluma, Lolita ha sido distinguida en dos ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo.
 
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