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Como seguramente se ha enterado, estimado lector, estimada lectora, al inicio de esta semana el candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos envió e hizo pública una muy curiosa misiva dirigida al Presidente de la República, Vicente Fox. Se trata de una carta sorprendente y chocante porque resulta que fue escrita para solicitar una audiencia con el primer mandatario, pero casi al final el remitente señala que está convencido "de lo obvio: usted no quiere recibirme"; incluso asume que el Presidente no desea "tener una conversación conmigo". ¿Entonces para qué mandó la carta? La verdad es que se trata de un recurso sagaz y marrullero que consiste en querer atrapar al interlocutor para que, sea cual sea su respuesta, quede mal parado. Me recuerda esa falacia que se conoce con el nombre de la pregunta compleja cuyo ejemplo es: "¿Ha dejado usted de golpear a su esposa?". Responda el interpelado lo que responda, es decir, diga sí o no, admite implícitamente un presupuesto falso: que ha golpeado a su esposa. López Obrador en su carta le pide audiencia a Fox y al mismo tiempo le dice que sabe no se la va a dar; por fin, ¿qué está solicitando: que se le otorgue la audiencia o que no? Creo que la misiva fue escrita con la artera intención de no ser atendida. O sea, en realidad no le interesa a López Obrador entablar diálogo alguno con el Presidente, aunque sí le importa detonar un efecto publicitario y mediático. Como ya sabemos, la Presidencia le respondió remitiéndolo a la Secretaría de Gobernación, aduciendo que es la instancia encargada de tratar estos asuntos. Si el candidato del PRD tuviera un auténtico interés por conversar asuntos que aminoren el desasosiego y la intranquilidad "de la muy difícil situación electoral, política y social por la que atravesamos", por supuesto que aceptaría conversar con el secretario Abascal. Si en verdad le interesara eso, estaría dispuesto a un diálogo constructivo con quien fuera. Dicen por ahí que en la forma de pedir está el dar, y es que nadie estará dispuesto a escuchar a alguien que de entrada te descalifica con palabras ofensivas. Por ejemplo, en la carta López Obrador le suelta al Presidente que es "ampliamente violatorio de la legislación electoral, el apoyo que el gobierno federal le da al candidato del PAN, la movilización de recursos, la incontinencia verbal que a usted lo distingue en este tema". ¿Es esta la forma educada, cortés, tranquila de solicitar una entrevista? Lo que está buscando con esa carta es otra cosa: quiere la atención de los medios. Y es que hay una realidad inobjetable: después del debate, van más de 10 encuestas sobre la intención del voto, dos de ellas hechas por empresas extranjeras, y en todas ellas Felipe Calderón es puntero y AMLO ocupa el segundo lugar, cuando en otras épocas alardeaba de su carácter "invencible" por ser el favorito en las encuestas. La realidad cambió y por eso le dice al público (ojo, no se lo dice al Presidente) "asumo mi equivocación" y dice aceptar "el error del ´¡cállese chachalaca!´". En efecto, fue un error de cálculo político el haberse lanzado de esa forma en contra el Presidente. En primer lugar, quien exige a otro que se calle, muestra un talante autoritario e intolerante que es incompatible con cualquier rostro democrático; en segundo lugar, a la mayoría de los mexicanos que respetan las instituciones y la investidura presidencial no les gustan los insultos dirigidos a quien los representa; por último, Vicente Fox mantiene niveles de aceptación que oscilan entre un 6% y un 7%, de modo que no se puede estar criticando a quien tiene esos niveles de aprobación, pues equivale a una ceguera política. En otra parte de su misiva, López Obrador contrapone la tan mentada "elección de Estado" a la "elección de sociedad". Curiosa oposición, ya que no es posible saber cómo se diferencia una de otra. La primera es, quizá, la que conocimos durante la hegemonía del PRI, y sobre este punto creo que ya no existen las condiciones que la hicieron posible en el pasado. En cuanto a la "elección de sociedad", o se está diciendo algo obvio o se deja entrever una amenaza. En efecto, desde que los mexicanos contamos con el IFE, los votos cuentan y se cuentan, de manera que institucionalmente está garantizada la voluntad popular. O sea, las elecciones son de la sociedad, o no son. Pero si lo que está tratando de deslizar es la idea de que la sociedad saldrá a las calles a defender una posible derrota del PRD, entonces se está abonando a favor de un escenario de violencia postelectoral, que a nadie conviene. Por supuesto, la carta no es clara ni aclara, sino que lo deja a la interpretación. La misiva refleja un estado de ánimo circunstancial y las contradicciones esenciales de quien la firmó. Más allá de las palabras, se advierte en ella un espíritu de confrontación y de desafío que, si bien es explicable por los tiempos de campaña que vivimos, no deja de inquietar por todo aquello que se lee entrelíneas.
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