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Ricardo Alemán
24 de mayo de 2006

Impensable convergencia PRI-PRD, pero inimaginable que sea por la implantación de la legalidad

P ues resulta que siempre sí, que los señores Madrazo y AMLO sí serán compañeros de viaje. Tripularán al alimón la nave de la "implantación de la legalidad en la República". ¿Quién lo hubiera dicho? El desprestigiado Madrazo, el símbolo de la corrupción político-electoral, converso en adalid de la legalidad, mientras que el más severo crítico de esas corruptelas, convertido en redentor del PRI y de su paisano tabasqueño.

Convergencia inevitable la del PRI y el PRD -según la carta enviada por López Obrador al Presidente Fox-, que ya se construye con la solidez de ese cemento que es la denuncia de que se intenta una perversa "elección de Estado", y que debe ser impedida a toda costa, a como dé lugar, incluso como compañeros de viaje del partido al que históricamente debían combatir. Pero la lucha por el poder bien vale tragar sapos y serpientes.

En la misiva, AMLO le dice al presidente Fox y al PRI: "Las diferencias con los priístas de arriba no son mínimas ni son erradicables, pero compartiremos la movilización legal y pacífica para detener el pobrísimo y carísimo maniobreo del presiente Fox y los suyos. Permanecen acrecentadas nuestras críticas al clientelismo de invención priísta y a sus métodos inescrupulosos, pero si la meta es la implantación de la legalidad en la República, la convergencia será inevitable, y no requiere de modo alguno de pactos o reuniones específicas. La defensa de la ley es una asamblea permanente".

¿Quién lo iba a decir? El partido político que nació como la alternativa al PRI, que se propuso acabar con la cultura priísta de simulación, corrupción, antidemocracia y maniobreo político electoral, que se nutrió de lo mejor de la izquierda mexicana y que hasta hace unos meses era el más severo crítico del PRI -ya no se diga hace 17 años-, ha decidido que es inevitable la convergencia con el PRI. Impensable convergencia PRI-PRD, pero inimaginable que esa tendencia común sea por la implantación de la legalidad en la República.

Está claro que en política, y sobre todo en la electoral, son moneda corriente de cambio el acuerdo, la negociación, la alianza, el pacto y la convergencia. Políticamente no tendría nada de particular que dos partidos, dos candidatos a un puesto de elección popular y hasta dos aspirantes presidenciales decidieran viajar juntos, sea por razones estratégicas o por conveniencia electoral. El problema es que el destino que han elegido los dos viajeros -el de la implantación de la legalidad- y la nave en la que viajan -la de combatir una elección de Estado- son espejismos electoreros en los que pocos creen.

¿Quién en su sano juicio puede creer que Madrazo y el PRI buscan la implantación de la legalidad? ¿Quién puede creer que AMLO está preocupado por la implantación de la legalidad, cuando ha dado muestras de rechazar todo lo que tiene que ver con ella? ¿Quién puede creer que detrás de esa convergencia en verdad está el interés por implantar la legalidad?

Más allá de artificios mediáticos -como la solicitud de audiencia y la difusión de la carta de AMLO a Fox-, en realidad asistimos a un episodio más de la degradación de la política, del más vulgar pragmatismo -el fin justifica los medios-, en donde lo que se busca en el fondo es pisotear las instituciones y suplantarlas por la presión política conjunta. ¿Requieren viajar juntos, PRI y PRD, para implantar la legalidad? ¿O lo que se busca es sumar fuerzas, centros reales de poder, para multiplicar la presión política hacia el gobierno federal y hacia el candidato del PAN? ¿De cuándo acá la izquierda institucional mexicana ha requerido de una convergencia con el PRI corrupto, antidemocrático, maniobrero y fraudulento, para implantar la legalidad?

En el fondo, en su exacerbado pragmatismo -con el que lanza al bote de basura la historia de su partido-, en su desmedida ambición de poder -que la antepone a décadas de luchas por la democracia electoral-, el PRD de López Obrador está jugando con fuego, lleva al precipicio al último símbolo de la izquierda mexicana y, de manera irresponsable, pone en riesgo la elección del próximo 2 de julio. Cuando habla de "la inevitable convergencia" con el PRI y cuando señala que "compartiremos la movilización legal y pacífica", lo que hace López Obrador es enviar un mensaje no por la implantación de la legalidad, sino a favor de la presión política y la desconfianza institucional.

Llamados como ese, la historia reciente lo ha demostrado, son sólo presiones políticas al margen de las instituciones. En realidad es un llamado a la confrontación entre supuestos buenos y señalados malignos, con el pretexto de la legalidad, esa que en tiempos del "desafuero" era simbolizada como el pretexto para ganar la contienda presidencial al margen de las urnas. Los que ayer se quejaban de que la legalidad era enarbolada para sacarlos de las boletas electorales, hoy la enarbolan para invalidar las boletas electorales. Si AMLO y Madrazo fueran realmente adalides de la legalidad, simple y sencillamente habrían acudido a las instituciones para denunciar los excesos presidenciales. Lo demás no es más que juego irresponsable. Por lo pronto, esa convergencia costará muchos votos. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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