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Viene la guerraEn el árbol del PRD no se mueve ni una sola hoja sin el aval y el beneplácito del señor AMLO D ice el refranero popular: "cuando el río suena, es porque agua lleva". Y ese es el caso del alineamiento entre influyentes operadores políticos de los candidatos presidenciales del PRI y el PRD, Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador, quienes ni desmienten con la contundencia que requiere el caso, y menos confirman y explican la versión sobre los alcances de un eventual acercamiento con fines electorales. Por lo pronto, lo más llamativo es la postura de AMLO, quien al ser cuestionado sobre el acercamiento entre Manuel Camacho Solís y David Penchyna, respondió con su acostumbrado estilo confuso y evasivo: "Ese es asunto del partido, es decisión del partido y yo no me voy a meter". Luego de esa declaración, formulada en Monclova, Coahuila, se ha negado a hablar del tema. Y si López Obrador ni confirmó ni desmintió la especie de un acuerdo político entre los dos presidenciables tabasqueños -acuerdo que no significa una alianza y menos la declinación de alguno de los dos pretendientes-, para todos fue evidente que tanto Leonel Cota, el dirigente formal del PRD -formal, porque en la realidad no dirige a nadie-, y Jesús Ortega, el también jefe formal de la campaña -formal, porque tampoco coordinada nada en la campaña-, fueron instruidos para negar todo acuerdo, para rechazarlo y para introducir un factor de confusión en el escándalo. Y es confuso y contradictorio el asunto, porque según la versión de AMLO, ahora resulta que se mandan solos los señores Cota, Ortega y Camacho. Resulta que la dirigencia formal del PRD, el coordinador formal de la campaña y el operador político más cercano al candidato tienen las facultades, la libertad y hasta la capacidad de negociar acuerdos políticos con uno de los más aborrecidos adversarios políticos del candidato de la coalición Por el Bien de Todos. Y según eso, resulta que López Obrador nada tiene que ver en esos acuerdos, que no es consultado, que prácticamente ha sido marginado, y que hasta se da la licencia de aparecer como un candidato ajeno a lo que ocurre en su partido. ¿Resulta creíble que los señores Cota, Ortega y Camacho se manden solos? ¿Que por la libre, sin el aval del candidato presidencial, decidan un acuerdo con el PRI de Madrazo? Claro que no. Para cualquiera que tenga un mínimo de congruencia, de sentido común, que tenga dos dedos de frente, estamos ante un nuevo engaño de AMLO. Y es que en el fondo esa declaración de que el acuerdo con el PRI "es un asunto del partido, es decisión del partido y yo no me voy a meter", es la mejor estampa del estilo lopezobradorista de hacer política. Es decir, manda a uno de sus subordinados a hacer el "trabajo sucio", ordena a otros de sus leales a desmentir de manera pública lo que teje el primero, mientras que él, López Obrador, navega de a muertito. Mañana dirá: "Fue el partido, yo no fui". Y si recurrimos a la memoria, recordaremos que esa fue la misma estrategia de Bejarano. Lo mandó a hacer el trabajo sucio con Ahumada, en donde Bejarano dijo que todo lo que hacía lo sabía "Andrés", pero al final AMLO lo negó y dejó que Bejarano se hundiera. Pero la realidad es muy distinta. Todos saben que en el árbol del PRD no se mueve ni una sola hoja sin el aval, el palomeo, la opinión y el beneplácito del señor López Obrador, que es más que el líder del partido, más que el candidato, más que el jefe real de esa fuerza política, y que podría ser visto incluso como el dueño de la izquierda institucional; es el caudillo, el que todo lo ordena, todo lo sanciona, todo lo decide. Y a partir de esa rendija que enseñó AMLO en el acuerdo que se teje entre PRD y PRI, a partir de la confusión deliberada que le metió al tema el candidato de la dizque izquierda, podemos suponer que se trata de un acuerdo de altos vuelos, diseñado para operar antes, durante y después del 2 de julio; un acuerdo de alto riesgo, pero de elevada rentabilidad política. Si no hubiese nada detrás de las pláticas entre Camacho y Penchyna, López Obrador habría negado de manera tajante la especie, pero prefirió trasladar la responsabilidad "al partido", como si éste fuera un órgano independiente. ¿Qué se traen entre manos AMLO y Madrazo? Parece claro que no se trata de una alianza para que uno decline a favor del otro. Para entender lo que ocurre debemos partir de variables reales de poder. Es decir, resulta rentable aliarse con Madrazo, no por lo que vale políticamente el nombre de Roberto Madrazo -marca político-electoral harto desprestigiada y cuestionada-, sino por lo que significa el PRI madracista en centros reales de poder. Pero ese poder también tiene que ser medido en el tiempo, es decir, antes, durante y después del 2 de julio. A partir de esta explicación, podemos suponer que el acuerdo se hará para sumar fuerzas entre gobernadores, en el Congreso, en el IFE y en los medios -a partir de la "Ley Televisa"-, para emprender una embestida conjunta contra Fox y contra Calderón. Esa alianza operará antes, durante y después del 2 de julio. Y lo que augura no es más que una guerra civil, de las dos caras del PRI, el PRIRD, contra el PAN. ¿Y la izquierda? Ésa sólo hará el trabajo sucio. ¿Quién lo diría? Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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