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Ricardo Alemán
22 de mayo de 2006

Calderón y Zedillo

El priísmo antimadracista estará representado en la boleta electoral en la figura del panista

A hora resulta que algunos de los más influyentes colaboradores del ex presidente Zedillo -entre ellos Diódoro Carrasco, Carlos Ruiz Sacristán, Luis Téllez y Genaro Borrego- son algo así como los mejores ejemplos del pasado y las promesas del futuro en un eventual gobierno continuista, es decir, en la hipotética gestión panista de Felipe Calderón.

Ahora resulta que igual que ha ocurrido con el PRD y con Andrés Manuel López Obrador -en donde el PRI se metió hasta los huesos de la campaña del representante de la dizque izquierda-, en el PAN de Felipe Calderón también hay lugar para el priísmo y ex priísmo resentido, ese que fue marginado por Roberto Madrazo y que en la candidatura de la derecha busca un espacio para reciclar proyectos políticos y ambiciones personales.

¿Qué significa que a poco más de 40 días del 2 de julio un puñado de ex priístas y sobre todo de ex zedillistas decidan alinearse a la campaña presidencial de Calderón? En tanto decisión política trascendental -porque los mencionados fueron actores centrales en la gestión de Zedillo-, el asunto tiene muchas lecturas y tendrá, por consecuencia, muchas repercusiones.

En primer lugar, se trata de un mensaje cuyos efectos mediáticos pretenden influir de manera directa en una franja de los votantes indecisos, aquellos que aún creen en el PRI, pero que no confían en la candidatura de Madrazo. Con la llegada al equipo de Calderón de personajes como Diódoro Carrasco, Ruiz Sacristán, Luis Téllez, Genaro Borrego, además de Jesús Reyes Heroles y Andrés Rozental, el mensaje para esos votantes es de confianza y que para ellos hay una opción en la candidatura del panista Calderón.

Es decir, que si hay un lugar para los ex priístas mencionados en la campaña del PAN, sin que éstos deban renunciar al PRI, el mensaje que se envía es que el priísmo antimadracista también estará representado en la boleta electoral, en la figura de Felipe Calderón. Y en efecto, ninguno de los arriba mencionados representa a grupo alguno de votantes, a organización alguna o fuente real de votos. Pero representan a un importante sector del grupo político que detentó el poder entre 1994 y 2000, al grupo de Zedillo, el mismo que combatió y derrotó a Carlos Salinas y a Roberto Madrazo, pero el de Zedillo también es el grupo político con el que pactó el entonces candidato Vicente Fox para hacer posible la alternancia en el poder presidencial.

Y es precisamente en esta variable -la del pacto Zedillo-Fox- en donde debemos centrar la atención de ese estratégico movimiento del ajedrez de la sucesión presidencial -más allá del impacto mediático de la jugada-, ya que con ese movimiento se podría confirmar la versión que señala que detrás de los candidatos presidenciales en campaña, sean del PRI, PAN y PRD, está la sorda lucha política entre dos personajes que han peleado a muerte por mantener la hegemonía de sus respectivos grupos en el poder presidencial: Salinas y Zedillo.

Para nadie es una novedad que detrás de Madrazo está la influencia de Salinas. Esa influencia quedó clara luego de la pelea entre la profesora Gordillo y Roberto Madrazo. Todos saben que la lideresa del magisterio se empeñó, por todos los medios, en la derrota de Madrazo, y que casi lo consigue. Pero en tanto el puntero de la contienda era el perredista Andrés Manuel, el grupo político de Zedillo parecía ajeno a la contienda, si acaso con una espectacular aparición a través de Liébano Sáenz, el secretario particular de Zedillo, quien presentó un libro sobre la modernidad de la Presidencia mexicana.

Pero como en política no hay nada escrito y el candidato López Obrador empezó a declinar, y como a causa de ese declive se empezó a dibujar desde hace un par de semanas un posible acercamiento entre la dupla Salinas-Madrazo con la dupla López Obrador-Camacho Solís, al parecer se hizo necesario que el grupo político de Zedillo moviera sus piezas para combatir a sus históricos adversarios, es decir, a Salinas, Madrazo y a Camacho. ¿Y cuál era la forma de combatir ese alineamiento entre López Obrador y Madrazo? La única posible sería fortaleciendo la campaña de Calderón.

En efecto, la anterior se antoja como una hipótesis lineal. Pero es cierto que hasta hace unas semanas las campañas de AMLO y Madrazo no eran otra cosa que dos frentes de un mismo polo, el del priísmo de Salinas y el anterior a Salinas. Y si el acercamiento entre esos dos frentes amenazaba con sumar fuerzas para alcanzar el triunfo el 2 de julio -frentes en donde jefes reales como Salinas, Madrazo y Camacho son enemigos a muerte del ex presidente Zedillo-, entonces resultaba urgente un contrapeso que impidiera ese triunfo. Si con el apoyo de los ex salinistas se refuerzan las posibilidades de Calderón, y si al final él logra la victoria el 2 de julio, habrá dos ganadores: Zedillo y el aún presidente Fox. Se habrá cancelado toda posibilidad de venganzas de Salinas, Madrazo y Camacho y, por añadidura, se habría detenido a López Obrador. Sin duda una jugada perversa. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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