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Alejandro Villagómez
17 de mayo de 2006

Soluciones para el desempleo

En mi columna de la semana anterior señalaba que un tema común destacado de manera enfática por todos los candidatos a la Presidencia de la República es el del empleo, lo cual se entiende debido a que éste es precisamente uno de los más serios problemas que ha enfrentado nuestro país en los últimos años.

También señalaba que por desgracia no existían planteamientos novedosos que se antojaran soluciones factibles y de fondo a dicho problema en las plataformas o propuestas de los candidatos. Siendo honesto, hay que reconocer que este es un problema que se enfrenta en la mayor parte del mundo, ya que los países industrializados que han visto crecer sus economías no han mostrado mayor dinamismo en el comportamiento de su empleo. Es por eso que el problema de la migración adquiere mayor fuerza, ya que los trabajadores locales lo ven como causa de su desempleo, no sólo en Estados Unidos, sino en Alemania o Francia.

Al igual que en México, en estos países ha sido difícil encontrar una solución de fondo, y reformas como las planteadas en Francia que afectaban a los jóvenes, sólo encuentran respuestas violentas de rechazo.

Así que el problema es global y su solución va a requerir de propuestas creativas y radicales, ya que no es claro que solamente vía un mayor crecimiento se lograrán crear los empleos necesarios.

Además de las propias distorsiones, barreras y obstáculos que se han generado en la mayoría de los mercados laborales del mundo, es probable que existan también importantes cambios estructurales en la relación producto-hombre que expliquen parte de este fenómeno, y estos ajustes requieren de tiempo.

El problema del desempleo no sólo se deriva de la pérdida de importantes recursos humanos que no son aprovechados productivamente en un país, sino del serio conflicto que representa para un individuo y su familia la pérdida de ingreso. En muchos países este problema se resuelve parcialmente con la implementación de un seguro de desempleo.

En lo individual esto permite proteger al menos una parte del ingreso del trabajador, y en el agregado este mecanismo contribuye como un estabilizador automático que mitiga ciertos efectos del ciclo económico. Pero hay al menos dos problemas importantes con este tipo de esquemas: los recursos fiscales requeridos para mantenerlo, y los incentivos perversos que producen en ciertos individuos al momento de elegir empleo o desempleo. Estos son temas de investigación y discusión en la academia.

En nuestro país no existe un programa similar, y en cierta forma, el mercado informal y la migración son las válvulas de escape para los desempleados. Pero sabemos que la informalidad genera otros muchos problemas, mientras que la migración también significa no aprovechar recursos valiosos en nuestra propia economía, a pesar de su contrapartida en remesas. Y también hay otra porción de trabajadores desempleados que no pueden incorporarse a la informalidad ni migrar, por lo que engrosan a la indigencia y a la delincuencia. Claramente la solución de este problema requiere de reformas importantes dentro y fuera del mercado laboral, así como un crecimiento mayor y sostenido, pero no es seguro que esto sea suficiente ni que ofrezca resultados inmediatos en la magnitud requerida. Es por eso que no deberían descartarse el uso de acciones menos ortodoxas que han funcionado en el pasado, aunque también han generado otro tipo de distorsiones y problemas. Una de estas acciones es la de crear un programa de empleo temporal, con tutela gubernamental, pero a diferencia del que existe actualmente en nuestro país, debe ser de mucho mayor envergadura para que sea realmente efectivo. Este tipo de programas fueron muy útiles en los países desarrollados en las épocas de posguerra y después de la Gran Depresión. Algunos de los problemas que generan este tipo de programas son un creciente gasto público, una mayor injerencia gubernamental en la actividad productiva o posibles distorsiones en el mercado laboral privado, lo cual es cierto. Habría que estimar el posible gasto derivado de este programa, pero es probable que sea menor de lo que se imagina, ya que podría sustituir otras transferencias públicas en programas a la pobreza, en la medida que esta pobreza también se derive de la falta de empleos.

Por otro lado, el énfasis de este empleo debiera ser en infraestructura, aunque no solamente. Éste es un área en la que el Estado debe mantener su participación, conjuntamente con el sector privado. Además éste es un programa temporal y la fuerza de trabajo utilizada debiera fluctuar con el propio ciclo económico, por lo que en parte este mecanismo se comportaría como un estabilizador automático. Incluso, un programa de este tipo debiera reducir la necesidad de un esquema de seguro de desempleo, y al final es mejor contar con medidas que también estimulen a la oferta y no sólo a la demanda, como lo son las transferencias por desempleo.

Finalmente, habría que definir un esquema salarial que no impacte en el mercado privado, ni provoque presiones inflacionarias. Desde luego esta no es una propuesta completa, y sólo constituyen reflexiones que invitan a discutir este tema de una manera más seria para lograr alcanzar una mejor situación en cuanto al tema del empleo y la protección a los ingresos de la población.

Profesor investigador del CIDE

alejandro.villagomez@cide.edu

 
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PERFIL
 
Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profesor investigador de la División de Economía del CIDE, de la cual fue su director del 2000 al 2003. Ha sido consultor y asesor del gobierno mexicano, organismos privados y organismos internacionales. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
 
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