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Juan Domingo Argüelles
14 de mayo de 2006

Debemos a Emmanuel Carballo la última y sin duda la mejor entrevista a Mauricio Magdaleno (1906-1986), de quien ayer se cumplió su centenario natal. El entrevistador refiere que la grabó en los últimos días del año de 1985 (don Mauricio fallecería menos de seis meses después: el 30 de junio de 1986).

La entrevista permaneció inédita casi una década, hasta que, en 1994, su autor la incluyó en la cuarta edición del mejor libro de entrevistas literarias que se haya escrito en nuestro país: Protagonistas de la literatura mexicana. Junto a Mauricio Magdaleno, Carballo incorporó también a Juan Rulfo, lo cual no deja de ser significativo, pues tanto Magdaleno como Rulfo, dos indudables protagonistas de nuestras letras, son dos escritores de parecida estirpe y de similares preocupaciones temáticas, a grado tal que quien lee El resplandor (1937), de Magdaleno, y Pedro Páramo (1955), de Rulfo, puede hallar sin esfuerzo algunas similitudes que reflejan la realidad de una Revolución Mexicana que se había pervertido o, como lo diría con mayor exactitud Carballo "se había vuelto reaccionaria".

En este sentido, Mauricio Magdaleno es un precursor o, mejor aún, uno de los grandes precursores en las letras mexicanas del siglo XX. Según el propio Magdaleno, fue autor de 48 guiones de películas, entre ellas Flor Silvestre, Las abandonadas, María Candelaria, Bugambilia, Río escondido, Maclovia y Pueblerina que fue la que le dejó más satisfecho.

Sus inicios en las letras fueron en la dramaturgia. En 1933 publicó, en España, el libro Teatro revolucionario mexicano, que incluía tres piezas: Pánuco 137, Emiliano Zapata y Trópico. Pero sin duda alguna es en la narrativa donde resplandecen sus mayores dotes.

El resplandor, que relata las miserias y las violentas desdichas de dos pueblos vecinos en el Valle del Mezquital (San Andrés de la Cal y San Felipe Tepetate) es de las obras más intensas de nuestras letras, en cierta medida con elementos autobiográficos, pues el escritor fue director de la escuela de un "pueblecito de ambiente sórdido, de sol quemante, lleno de moscas, de indios que nos veían con mucha desconfianza". En la novela, el alter ego de Mauricio Magdaleno lo es sin duda el maestro Joaquín Rodríguez, de la Normal Rural del Mexe, que llega a tratar de educar a los indígenas que primero lo evaden, luego lo importunan y lo estorban y casi acaban envenenándolo. Las luchas despiadadas de ambos pueblos, que se disputan las aguas del río y que sueñan con apropiarse de la hacienda La Brisa (el único lugar realmente feraz en medio de tanta miseria) son permanentes carnicerías y continuas revanchas, y a ello se suma la acción terrible de hacendados y capataces, de los ejércitos revolucionarios y gobiernistas y, lo que es peor, de un personaje de su mismo origen (Saturnino Herrera), alimentado en su infancia por los habitantes de San Andrés de la Cal, que luego es llevado a Pachuca a estudiar, que llega a Gobernador y que sólo regresa a su pueblo a violentar más a su gente y a traicionar la ingenua esperanza que habían depositado en él.

Para Emmanuel Carballo, El resplandor es una de las cuatro o cinco grandes novelas de de la literatura mexicana, y es mucho más que esto: "Es una novela más nueva que el periódico de hoy. Totalmente vigente en cuanto a estructura y estilo, en cuanto a las tesis que de ella se desprenden".

Obligado a dejar la modestia por un momento, ante la insistencia del autor de Protagonistas de la literatura mexicana, el escritor zacatecano aceptó: "Sí, El resplandor es una de las grandes novelas mexicanas, aunque sea mía".

 
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Este espacio trata los temas relacionados con el libro, los lectores y la industria editorial. Busca ser un servicio para quienes deseen tener información de actualidad sobre estos temas. Propone un diálogo sobre escritores, editores y productores del libro, a nivel internacional. Argüelles es actualmente director de Normatividad de la Dirección General de Bibliotecas del Conaculta y gusta de compartir la experiencia de su trabajo con los lectores.
 
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