|
Voto del miedo ¿Quién pierde y quién gana con la crisis política, institucional, social y electoral, a raíz de lo ocurrido en Atenco? L uego del trágico final del gobierno de Carlos Salinas -de los asesinatos políticos de Luis Donaldo Colosio, José Francisco Ruiz Massieu y de la violenta aparición del EZLN-, el candidato presidencial sustituto del PRI, Ernesto Zedillo, fincó una parte fundamental de su estrategia electoral en el llamado "voto del miedo", estrategia que a final de cuentas le dio un contundente triunfo en las urnas. Y es que frente al impacto social por los crímenes que obligaron a la sustitución de un candidato presidencial, y ante la incertidumbre exaltada por la existencia de un grupo armado que declaró la guerra al Estado mexicano, un elevado porcentaje de los potenciales electores decidieron cancelar toda posibilidad de un cambio y sufragaron por lo ya conocido. "Más vale malo por conocido que bueno por conocer", habrían reflexionado. Y viene a cuento la memoria porque el clima de tensión social y de represión institucional que se desencadenó en Atenco -y que según se aprecia seguirá por lo menos hasta el 2 de julio-, es el potaje ideal para que una de las partes, la del mal llamado "gobierno del cambio", incluido su candidato presidencial y sus aliados mediáticos, sobre todo Televisa, capitalicen ese ambiente hasta convertirlo en rentable "voto del miedo". ¿Quién pierde y quién gana, de los candidatos presidenciales en disputa?, con la crisis política, institucional, social y electoral que se plantea a raíz de lo ocurrido en San Salvador Atenco y, sobre todo, con las secuelas que suponen que el líder zapatista Marcos ya dejó Chiapas para mudar su lucha al centro político e institucional del país, al DF. Por donde se le quiera ver, el delegado Zero tiene la coartada perfecta y el escenario mediático ideal, para tratar de ser un actor central en la sucesión presidencial. Es, hasta hoy, el ganador de la crisis, a pesar de que sus bonos están por los suelos.
Marcos saltó de nuevo a los reflectores, al centro del debate, y según sus más recientes declaraciones, se quedará en el Distrito Federal para encabezar la lucha por la liberación de los detenidos de Atenco. Una estratagema que para efectos mediáticos le puede resultar rentable, pero lo cierto es que su activismo trasnochado convence a muy pocos -porque la mayoría de simpatizantes de la izquierda que le quemaban incienso le han dado la espalda-, y porque la movilización que propone, en lo más caliente del proceso de sucesión, va en sentido contrario de los intereses electorales y el discurso de los más aventajados candidatos presidenciales. Y por si fuera poco, por legítimo que pudiera ser, ese discurso es rechazado por una mayoría que no quiere vivir en el conflicto. Pero queda sin respuesta la pregunta fundamental: ¿quién, de entre Calderón, López Obrador y Madrazo, resultará ganancioso o perdidoso? El que parece tener más claro el asunto -si se le ve desde la rigurosa óptica de la rentabilidad electoral- es el desprestigiado y rezagado Roberto Madrazo, quien si bien rechazó la violencia de los "macheteros" y la represión policiaca federal y estatal, también cuestionó la validez de las acciones del delegado Zero, a la luz de los acuerdos que legitiman la actuación del jefe del zapatismo. Madrazo intenta capitalizar electoralmente la crisis de Atenco para prometer que no se tolerará la impunidad de grupos como los "macheteros", tampoco la represión policiaca, pero tampoco la "ilegal" actuación de Marcos. El problema para Madrazo es que fuera de su voto duro, la influencia de su discurso es prácticamente nula. En el PAN, en el "gobierno del cambio" y el candidato Felipe Calderón, ya dieron muestras de estar dispuestos a capitalizar electoralmente el llamado "voto del miedo". Si ya utilizaron como spot y como eslogan el "peligro" que supuestamente representa el candidato López Obrador, y si ya emparentaron Atenco con la incapacidad del gobierno de AMLO para impedir linchamientos como el de Tláhuac, no pasará mucho tiempo para que exalten el parentesco de López Obrador con organizaciones afines a los "macheteros" y al EZLN. El mensaje parece claro. Es decir, se trata de hacer creer a los potenciales votantes que mientras que el gobierno federal y el del estado de México ofrecieron una demostración de fuerza, al detener y enviar al penal de La Palma a los "cabecillas" del grupo de "revoltosos" y "violentos" -posición que celebra el candidato presidencial del PAN y un importante sector social-, la agitación seguirá en las calles del DF y de municipios conurbados, pero no por culpa de quienes son "responsables de velar por la tranquilidad y el respeto al estado de derecho", sino por culpa de "los violentos". Pero resulta que "los violentos", más allá de engañosas estratagemas mediáticas de la derecha, sí están vinculados con el PRD y su candidato presidencial. ¿Cuántos de los hombres cercanos a López Obrador tienen el control político y clientelar de grupos que son fervorosos seguidores de Marcos y de los "macheteros" de Atenco? La lista es muy larga, y a menos que se produzca un deslinde público y claro, la crisis de Atenco pegará directo en la línea de flotación de López Obrador. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
|