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AMLO y ´La boa´Es probable que sea el mejor candidato en 2006. ¿Pero será el mejor presidente?H ace algunos meses, cuando en este espacio hacíamos referencia al carácter mesiánico del candidato Andrés Manuel López Obrador, la respuesta era una lluvia de correos electrónicos cargados de insultos y descalificaciones. Cuando hablamos de su talante intolerante y soberbio, se repitió la dosis; lo mismo que cuando nos referimos a su orientación populista. Se incrementó la receta del insulto y hasta menudearon locuaces amenazas de muerte, cuando advertimos de la peligrosa y ofensiva desviación a la que era llevada la llamada "izquierda institucional", cuando insistimos en el asalto al PRD por lo peor del PRI, cuando cuestionamos el "trasvase" del PRI al partido de la izquierda, y la irracional postulación de 80% de los candidatos a puestos de elección popular, de extracción priísta, a las filas del PRD. En el extremo del delirio pro-AMLO, un supuesto científico combinó el insulto con la ciencia, para refutar el pronóstico que hicimos, en su momento, de que esa popularidad había llegado "a su techo" y que ya en la campaña formal, las preferencias del candidato de la coalición Por el Bien de Todos estaban destinadas a disminuir, porque sus adversarios "no están mancos, mudos ni cojos". Y los adjetivos no bajaban, por decir lo menos, de "loco", "vendido" y hasta "pinche reaccionario". Hoy, a dos meses del 2 de julio, cuando todas o casi todas las encuestas muestran una tendencia a la baja de López Obrador, hasta los más fieles enamorados del aspirante de la dizque izquierda mexicana reconocen el carácter mesiánico de su candidato, aceptan su populismo, su soberbia e intolerancia y que cometió graves errores al empeñarse en convertir al PRD en una perversa sucursal del PRI, en no acudir al debate y, sobre todo, en negar la realidad de las encuestas. Más aún, muchos pronostican que eso puede llevarlo a la derrota. Como en el clásico habanero, que popularizó la Sonora Santanera, La boa, todos saben de las carencias y los defectos del candidato López Obrador. Lo saben los ingenieros, lo saben los periodistas, lo saben los intelectuales, lo saben los políticos, lo saben los taxistas, lo saben... Casi todos. Pero lo interesante del asunto es que también todos, o casi todos, hemos caído en la trampa, hemos sido tragados por los sabrosos ritmos de La boa. En 1988, una notable mayoría creyó que el mejor candidato presidencial para sacar al PRI de Los Pinos era Cuauhtémoc Cárdenas, el candidato del FDN al que le fue arrebatado el triunfo mediante las peores artes de la política. En 1994, por momentos, una mayoría pensó que "el bueno" como candidato para esa tarea sería el panista Diego Fernández de Cevallos. Pero en el año 2000, la corriente mayoritaria creyó y confió en que el mejor candidato era Vicente Fox. En los tres casos nadie se equivocó. Cárdenas fue el mejor candidato en 1988, Fernández de Cevallos lo fue por un buen tiempo en 1994 y, sin duda, Fox fue el mejor candidato presidencial en la historia moderna mexicana. Pero también en los tres casos no fueron más que eso, buenos candidatos, acaso los mejores, pero en el de Vicente Fox los mexicanos pudimos comprobar que un buen candidato, el mejor, no es garantía de que sea el mejor presidente. En efecto, Fox fue el mejor candidato que hayamos conocido, pero al parecer terminará si no como el peor, si como uno de los peores presidentes. Y es allí donde está la trampa en la que casi todos hemos caído. Es probable que López Obrador sea el mejor candidato en la contienda presidencial de 2006. ¿Pero será el mejor presidente? Bueno, ya no el mejor. ¿Será el que esperan muchos de sus enamorados? Nadie lo sabe de cierto, ni quienes dicen que ya se probó como jefe de Gobierno, porque "una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa". La trampa consiste en que tanto partidos políticos, candidatos, intereses y efectos mediáticos nos quieren hacer creer que votar por el mejor candidato es, en automático, elegir al que será el mejor presidente. Y eso, por decir lo menos, es una gran mentira. Durante meses, criticar al candidato puntero era lo más cercano a la herejía, era la peor de las traiciones, era ir en contra de las banderas populares y, en el colmo de la simplificación, hacerle el juego a la derecha o al viejo PRI. Y en efecto, el puntero construyó una popularidad que lo llevó a las nubes en las encuestas -que nunca fueron cuestionadas cuando lo daban como el más aventajado-, pero eran y son muchos los que se negaron a ver, a reconocer -y ya no se diga a criticar-, que no se trataba más que de un efecto circunstancial, a partir de esa explosiva popularidad. Pero lo interesante del asunto -preocupante para AMLO y satisfactorio para sus adversarios-, es que debido a esa "extensa burbuja" de popularidad, López Obrador sufrió una curiosa metamorfosis que primero lo hizo ver como un candidato atractivo, pero que luego lo mostró como es, un virtual presidente mesiánico, autoritario, soberbio, populista. Ya se cree presidente, y en calidad de eso, no ve ni escucha, no atiende razones. Y eso empezó a preocupar a muchos electores indecisos que no quieren un autoritario como presidente. Pero aún no hay nada para nadie. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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