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´Rendevouz´ presidencialE l primer debate presidencial anticipaba ser un ejercicio de escoger rivales y tirarles de golpes. Felipe Calderón lo haría contra el ausente Andrés Manuel López Obrador; Roberto Madrazo, el tercer lugar en las encuestas de preferencia electoral, contra Calderón para ver si logra alcanzarlo; Roberto Campa, el instrumento de la enemiga política de Madrazo, Elba Esther Gordillo, en la permanente cruzada para demoler la campaña del priísta; y Patricia Mercado, sin ninguna misión política clara, salvo tratar de conservar, finalmente, su registro electoral. ¿Y qué pasó? Calderón decidió que su rival no era Madrazo, y mucho menos Mercado o Campa. Fue a lo largo del debate una discusión argumentativa contra AMLO, resultado de un trabajo meticuloso de su campaña que ha investigado los puntos débiles del perredista. Por eso arrancó enfrentando el empleo, que es el eje de su propuesta electoral, a la deuda, que es el elemento utilizado en los spots propagandísticos contra López Obrador que más daño le han hecho. Los spots, que fueron denunciados inútilmente por el PRD ante los órganos electorales, lograron en cuatro meses que un número creciente de habitantes del Distrito Federal, el principal bastión perredista del país, empezara a expresar en encuestas y grupos de enfoque, que les preocupa que la deuda crezca en la capital, porque no quieren seguir siendo parte de una generación completa que ha crecido y vivido en la crisis, y olvidaran los programas sociales que tanta clientela electoral le había dado. Ante la ausencia de López Obrador, Calderón tuvo el camino abierto para hacer una serie de propuestas de corte social en materia de salud, educación y desarrollo social, aprovechando el hueco que deliberadamente dejó. La campaña de Calderón tiene medido nacionalmente que las políticas públicas del gobierno foxista, como Oportunidades y el Seguro Popular, sí tienen un impacto positivo importante entre el electorado, rivalizando inclusive con aquélla que había sido cultivada por el gobierno lopezobradorista en el Distrito Federal. La silla vacía, como varias veces a lo largo del debate, dejó de ser un activo simbólico para pasar a ser una arma poderosa contra López Obrador, preparando el PAN nuevos spots contra el perredista y contratando una intensa pauta comercial en medios electrónicos. Fueron momentos perdidos por la necedad de López Obrador para no debatir, dejando pasar la oportunidad para responder a la nación en qué fue utilizada la deuda adquirida por el gobierno del Distrito Federal, cuando él lo encabezaba, y relanzar su propia campaña en estos días de crisis estratégica. También claudicó en la posibilidad de rebatir el que su gobierno fuera el más opaco de todos de los cinco últimos años. Calderón le echó en cara, sin mencionarlo por nombre una vez más, que él era un candidato de "manos limpias" y que iba a luchar contra la falta transparencia, que tanto se le achaca al perredista. A su adversario ausente lo centró insistentemente a lo largo del debate, mientras toreaba a Madrazo, que trató de acorralarlo y vincularlo a los desaciertos del gobierno federal. Madrazo tuvo razón cuando describió la desinstitucionalización del gobierno del presidente Vicente Fox, y el fracaso de varias de las responsabilidades torales que debía haber enfrentado. Sin embargo, no pareció haber tenido éxito. Madrazo se la pasó corriendo del acoso de Campa y su batería de acusaciones en su contra mediante la descalificación, tratando de alcanzar el objetivo que ha perseguido desde hace varias semanas de reducir los negativos, y modificar la paradoja de que el PRI, el partido con mayor fuerza electoral en el país -a decir por los puestos de elección popular en su poder-, tiene el candidato con peor imagen. En el primer trimestre, de acuerdo con encuestas del propio gobierno federal, Madrazo logró reducir en 29% sus negativos, por lo que el objetivo era terminar este debate con la proyección de una imagen "presidenciable", como ha sido la estrategia de los últimos spots propagandísticos. Es muy difícil que tras el debate lo haya logrado. Madrazo cometió errores tácticos, inducidos indiscutiblemente por sus asesores para el debate. La imagen "presidenciable" de los spots le recuperó los puntos que perdió hace casi tres semanas cuando se presentó ante el electorado como un pendenciero, retando a AMLO a debatir en donde quisiera y en el lugar que escogiera. Pero anoche tiró por la borda lo logrado. Trató de golpear fuertemente a Calderón y a insultar a Campa. El problema de Madrazo, como lo vienen reflejando consistentemente las encuestas electorales, no es el mensaje, sino el mensajero. Perdió mucho tiempo en el cuestionamiento de Calderón y tratando de vincularlo con Fox, confundiéndose varias veces al presentar sus propuestas, dejándolas inconclusas o confusas. Las encuestas posdebates seguramente mostrarán cómo fracasó en achicar la diferencia que le llevan sus adversarios, aunque desde anoche mismo preparaban una intensa campaña mediática para mostrar que ellos habían sido los vencedores. Campa tampoco parece haber logrado mucho con sus ataques insistentes a Madrazo, desperdiciando los golpes en dañar la imagen de quien peor la tiene. Al ser el último en las encuestas de preferencia electoral, Campa tenía mucho que ganar y poco que perder. No obstante, es probable que se haya invertido esa ecuación y que inclusive como francotirador haya fracasado en el primer debate. Lo mismo se puede argumentar de Mercado, a quien Calderón le quitó por omisión o vehemencia, la agenda de género y de grupos minoritarios, mostrando lo pequeña que es como candidata y, junto con Campa, la aberración de un obsoleto sistema de multipartidos que no sólo cuestan dinero al contribuyente, sino distraen la atención del electorado y fragmentan a sectores que podrían fortalecer las tres fórmulas políticas reales en el país. Definitivamente, ni Campa ni Mercado tienen la estatura política para estar en esta contienda presidencial. De igual manera, Madrazo terminó seguramente consolidado en un tercer lugar de preferencia electoral y con una muralla muy difícil de escalar a escasas ocho semanas de la elección presidencial. La batalla por la Presidencia parece haber terminado de configurarse entre dos candidatos, Calderón y AMLO. El panista, como lo probó en el debate, trae una disciplina electoral y una línea argumentativa consistente. El problema es para López Obrador, quien ayer mismo tuvo una reunión de emergencia con su equipo de campaña para revisar las estrategias y evitar que siga su tendencia a la baja. No va a ser fácil por su tozudez. Pero la realidad ya no le está diciendo que es un puntero inalcanzable, y que como le ha fallado ese cálculo, también el que pronosticaba que él sería el ganador del debate. Habrá quien discuta si Calderón lo ganó o no, pero lo que difícilmente se podrá alegar es que fue Andrés Manuel López Obrador quien no ganó la batalla que creía tener en la bolsa. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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