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Izquierda pervertidaDurante décadas enteras, muchas generaciones de mexicanos se educaron en la cultura de una izquierda que apelaba a mantener vivos los anticuerpos sociales -ante la hegemonía de un PRI antidemocrático, represor y corrupto-, para no perder las capacidades de asombro, indignación y crítica por los excesos de los gobiernos en turno y del partido único. Esa cultura de la confrontada izquierda mexicana -que sintetizó sus esfuerzos en el FDN de 1988 y en el PRD del 89- tenía en la discusión de ideas, en la defensa de las causas populares, en la organización obrera y en el repudio a la represión, entre otras, sus principales banderas de lucha, que con el tiempo se transformó en la disputa por el poder. Si en el México de 1968, de 1988, o de 1994 -momentos estelares de la movilización social a partir de los postulados de izquierda-, algún intelectual, adivino o lector del futuro hubiese pronosticado que un gobierno de esa izquierda lanzaría a policías armados para reprimir una movilización obrera -de la que resultarían dos mineros muertos- que protestaban contra los caciques y el gran capital, habría sido quemado en leña verde. Si algún despistado hubiese aventurado que otro gobierno surgido de la misma izquierda mexicana solapó que policías a su mando ejecutaran "en caliente" a delincuentes peligrosos -narcotraficantes- antes que detenerlos y someterlos a la justicia, ese despistado habría sido excomulgado. Y no se diga si otro iluso hubiese adivinado que un gobierno de izquierda recurriría a la cuestionada "prisión política", como venganza en las luchas de poder. ¿Qué habría pasado entre esa izquierda de hace no muchos años si algún curioso se hubiese aventado la puntada de adivinar que un candidato presidencial "se niega a debatir sus ideas, los postulados y las bondades de la izquierda para acceder al poder presidencial"? Seguramente nadie le habría creído y, en cambio, lo habrían acusado de reformista. ¿Y qué habría pasado si un periodista hubiese dicho que un gobierno de esa izquierda llegaría al extremo de organizar "comandos" para insultar a periodistas críticos de los gobiernos de esa izquierda? Le habrían dicho loco, por lo menos. Por doloroso que resulte, se han cumplido esos pronósticos. La izquierda mexicana, convertida en poder estatal, y aspirante al poder presidencial, ha incurrido en esos y muchos otros excesos, mientras que intelectuales, politólogos, dirigentes partidistas, políticos y luchadores sociales han perdido la capacidad de asombro, de indignación y de crítica ante esas y muchas otras perversiones de la izquierda mexicana en el poder. Resulta incomprensible que el gobierno perredista de Lázaro Cárdenas Batel -nieto del general Cárdenas e hijo del líder moral de la izquierda- haya decidido participar, junto con el gobierno del derechista Vicente Fox, para reprimir a trabajadores mineros de Sicartsa. Y es más insólito que haya ordenado a la policía de Michoacán disparar "en caliente" contra los mineros, cuyas luchas históricas fueron la bandera de la izquierda. ¿Pero a quién sorprende esa sinrazón? No a los intelectuales de izquierda, no a los políticos o periodistas, quienes intentaron, en un primer momento, solapar el hecho y exonerar al gobernador Cárdenas Batel. Igual de aberrante resulta que otro gobierno estatal de izquierda, como el de Zeferino Torreblanca, y que un gobierno municipal, como el de Félix Salgado, hayan tolerado y solapado -si no es que ordenado- a la policía de Acapulco que "matara en caliente" a cuatro narcotraficantes. ¿Qué no fue ese el origen de la guerra sucia de los años 70? Los guerrilleros de los 70 enarbolaban una causa política, en efecto, pero actuaban al margen de la ley. Los narcotraficantes defienden, al margen de la ley, el negocio del narco, pero igualmente tienen el derecho a la justicia. Ningún gobierno tienen derecho a ejecutar a nadie. ¿No era esa una bandera de la izquierda? ¿Dónde están la capacidad de asombro, de indignación y de crítica de los intelectuales, periodistas y politólogos de la izquierda? Ya hemos expresado aquí asombro, indignación y crítica por la prisión ilegal de Carlos Ahumada, el empresario corrupto que es mantenido como el primer preso político del gobierno de AMLO. También hemos señalado que es aberrante que aquellos que impulsan la llegada de la "¿izquierda?" al poder presidencial cierran ojos y oídos a esa claudicación de la izquierda que significa negarse a la transparencia en el gobierno de López Obrador. Pero resulta una auténtica perversión de la cultura de izquierda que el candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos se niegue al debate de las ideas, y que intelectuales, politólogos y periodistas justifiquen esa aberrante desviación con el sambenito de que "es una estrategia". Frente a la posibilidad de llegar al poder todo "es una estrategia", y todo se justifica y se perdona hasta que con dinero público paguen "comandos" dedicados a insultar a los críticos de AMLO. La historia no los justificará. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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