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Ricardo Alemán
24 de abril de 2006

IFE, a contentillo

La llamada guerra de los "spots" no sólo enseñó la magnitud del conflicto político-electoral que veremos antes, durante y después del 2 de julio, sino que exhibirá el tamaño del error que cometieron los partidos políticos al negarse, primero, a terminar la reforma electoral mediante la regulación del uso de la radio y la televisión en tiempos electorales, sino, lo más importante, lo incontrolable del monstruo que crearon con la nueva ley de radio y televisión.

Como ya se vio en días pasados, el papel del árbitro electoral fue cuestionado a contentillo de tal o cual candidato presidencial o partido político. La más reciente escaramuza electoral dejó en el centro de la discusión precisamente al IFE, ya que una de las partes reclamaba sacar del aire los spots del PAN, en apego a las reglas electorales, "porque se difama al candidato López Obrador", mientras que en respuesta el candidato de Acción Nacional reclamaba el respeto a la libertad de expresión.

Así, a los ciudadanos se nos ofreció un triste espectáculo en el que aparecieron, por un lado, el árbitro de la contienda y, por el otro, los partidos y sus candidatos, enfrascados en una disputa presuntamente por la legalidad y la preservación de libertades fundamentales como la de expresión. Pero a pocos, si no es que a nadie, se le ocurrió que el centro de la disputa, de la polarización y hasta del espectáculo mediático no está en el contenido o el mensaje que se envía a través de los spots, sino en el uso mismo de spots como instrumentos privilegiados en las contiendas político-electorales.

Es decir, que el problema coyuntural de la actual "guerra de los spots" -conflicto previo a la elección del 2 de julio próximo-, en estricto sentido no es del árbitro, tampoco es de los partidos y menos de los candidatos, sino de la carencia de una reforma electoral que regule a los medios electrónicos de comunicación en procesos electorales.

Desde las avanzadas reformas electorales que se acordaron en el gobierno de Ernesto Zedillo -en 1996-, quedó claro que faltaba la regulación en la ley electoral del uso de la radio y la televisión en las contiendas electorales.

Esa carencia legal convirtió las millonarias y ofensivas partidas de dinero público entregadas a los partidos en calidad de prerrogativas, en factor de disputa mediática, ya que los poderosos grupos de radio y el duopolio de la televisión se quedaron con todo ese dinero, a cambio de ofrecer sus espacios en pantalla y en audio para la construcción de los candidatos a puestos de elección popular.

Esa perversión de la democracia electoral fue detectada por todos los partidos, sobre todo en las elecciones de los años 2000 y 2003, pero durante ese tiempo ni el gobierno en turno -el del cambio que preside Fox, y menos los estatales y el del Distrito Federal, en manos del PRD- ni los partidos en contienda se atrevieron a completar dicha reforma, sea por temor o por complacencia con las televisoras.

Más aún, la administración foxista prefirió congraciarse con las televisoras, al regalarles 12.5% de los impuestos -en el llamado decretazo-, en tanto que todos los partidos y los candidatos avalaron -el 1 de diciembre de 2005- la llamada "Ley Televisa" en la Cámara de Diputados, reglamentación que luego aprobaron todos, menos el PRD, en la de Senadores.

En realidad la "guerra de los spots" es apenas una pequeña muestra de las peligrosas desviaciones de la democracia electoral, a causa de un error político formidable: el de no impedir que en las contiendas electorales el vehículo privilegiado para la comunicación entre candidatos presidenciales y ciudadanos sean los spots, la propaganda, la popularidad, que está muy lejos del deseable intercambio de ideas, de propuestas y de programas.

Pero acaso sea mucho pedir si se apela a la sensatez, al privilegio del interés general sobre el particular, al desplazamiento de la radio y la televisión de la democracia electoral.

Por eso resulta ridículo que la derecha, la dizque izquierda y el Revolucionario Institucional se enfrasquen en vergonzosas peleas como la "guerra de los spots", cuando han sido incapaces de ponderar las ideas por sobre la popularidad. Por eso vale preguntar. ¿De qué se quejan?

¿No que no? El pasado martes dimos a conocer en este espacio parte del "Manual" del PRD para contrarrestar la llamada "guerra sucia" contra AMLO. Incluía un listado de nombres y teléfonos de comunicadores de radio, televisión y prensa para llamar e insultar a los informadores que se atrevieran a criticar al candidato López Obrador. Ya lo reconocieron, pero ahora se sabe que existe un ejército de personas pagadas por el GDF. ¿Qué no es lo mismo que hacía el PRI cuando era gobierno? Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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