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Estocolmo, el síndromeNos referimos al tema del síndrome de Estocolmo a la mexicana, el 14 de febrero de 2005. Entonces recordamos que el 23 de agosto de 1973 un grupo delictivo asaltó el Kreditbalken, de Estocolmo. Los delincuentes mantuvieron a algunos rehenes durante días y, al momento de la liberación, los periodistas captaron una escena que mostraba cuando una de las rehenes y uno de los captores se besaron a manera de despedida. Señalamos en esa fecha que el estado psicológico en que la víctima de secuestro desarrolla una relación de complicidad con su captor fue acuñada como el síndrome de Estocolmo por el criminólogo Nils Bejerot, y el término se hizo famoso cuando Patricia Hearst -hija del magnate periodístico en EU- fue secuestrada por el Ejército Simbionés de Liberación, al que se unió luego de su secuestro. En el Itinerario Político del 14 de febrero dijimos que el síndrome de Estocolmo parecía tener una peculiar aplicación en México, en la aldea política local y, especialmente, entre la llamada izquierda mexicana que se ve afectada por dicho síndrome. En febrero de 2005 aún estaban lejos los comicios presidenciales de este año, pero eran muchos los indicios de que el PRD era un partido político que se aproximaba al síndrome de Estocolmo, al enamoramiento de los usos y costumbres del viejo PRI. Durante décadas, la izquierda mexicana cuestionó al PRI por haber secuestrado, pervertido y envilecido la política. Durante todos esos años los opositores de izquierda criticaron la antidemocracia y el autoritarismo del PRI, las groseras imposiciones en la dirigencia partidista, en cargos de elección popular; exhibieron la inmoral manipulación política, el corporativismo, el culto al jefe máximo, la corrupción y el uso de recursos públicos para fines electorales, y, por supuesto, la línea e imposición en las cámaras del Congreso. El PRD y su más aventajado presidenciable, dijimos entonces, caminan rumbo al síndrome de Estocolmo. En efecto, no fue más que cuestión de tiempo para confirmar que el PRD y su candidato son víctimas de estos síntomas. Hoy en el PRD se impuso al candidato presidencial, al aspirante a jefe de gobierno, al dirigente del partido y a las dirigencias en el país. El PRD está en el puño del nuevo caudillo, que a su vez es el candidato presidencial, y que se llama Andrés Manuel López Obrador, de quien depende si se mueve hasta la más pequeña hoja de ese árbol. El asunto no se queda ahí. Por obra y gracia del caudillo de la dizque izquierda, 80% de las candidaturas federales a puestos de elección popular -diputados y senadores- fueron entregadas a ex priístas, muchos de ellos de cuestionadas hojas de servicio, algunos, probados delincuentes electorales, combatientes de la propia izquierda y hasta acusados de ordenar el crimen de militantes del PRD. De esa manera, la desmedida ambición de poder ha atrapado al PRD en las redes del síndrome de Estocolmo. El Partido de la Revolución Democrática y su candidato presidencial terminaron por "enamorarse" de sus secuestradores y por sus prácticas políticas, como la antidemocracia, el caudillismo sexenal, la desmedida ambición de poder y las peores prácticas de la política, como la manipulación, el engaño, la corrupción, el uso de recursos públicos y la rehabilitación de delincuentes electorales y criminales, con tal de ganar el poder. Pero lo más preocupante no es que el caudillo del PRD y todo el aparato partidista hayan terminado atacados por el severo síndrome de Estocolmo. No, lo alarmante es que el bicho también parece haber picado a un amplio sector social, incluyendo a intelectuales, periodistas, personalidades, además de electores "de a pie", quienes reconocen que el PRD y AMLO se han emparentado con el viejo PRI, pero justifican todos los excesos que impone ese parentesco. El síndrome de Estocolmo parece que también afecta a los potenciales electores del candidato de la coalición Por el Bien de Todos, quienes justifican todo, perdonan todo, por quién sabe qué recurso mental. En el fondo pareciera que buena parte de los potenciales electores quieren el regreso del PRI, aunque sea con su nueva vestidura, la del negro y amarillo, aunque sea con nuevos engaños, los de la preocupación por los pobres, aunque sea con lo peor del PRI. Se trata de enamorados del viejo tricolor, quienes si bien cuestionan al Revolucionario Institucional de Madrazo, defienden al PRI de AMLO. Acaso tengan razón quienes dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. ¿O no?
Y por cierto, en Chiapas está a punto de consumarse la más reciente imposición. El priísta Juan Sabines, sobrino del poeta Jaime Sabines, será postulado por el PRD como candidato al gobierno estatal, y el perredista Emilio Zebadúa será lanzado al vacío. Zebadúa buscará la candidatura por el PAN y, si se descuidan, les ganará la partida. Al tiempo.
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