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Los gringos no entiendenSAN FRANCISCO, Cal.- Los gringos no parecen estar entendiendo lo que sucede en su país. Rápidamente, después de haber ignorado la prensa nacional prácticamente en forma unánime la primera explosión de protesta contra la ley de inmigración que llevó a las calles de la Unión Americana a cerca de un millón de personas, ahora, tras la segunda, decidieron dedicarles numerosas páginas a tratar de explicar el fenómeno. El rumbo que toma el debate, sin embargo, no es alentador, y en las primeras planas de varios periódicos se está empezando a dibujar a los inmigrantes como una nueva amenaza para esta nación. Ya no es la comunista, como lo fue durante tantos años, que veían como una afrenta contra su seguridad nacional; ya no el narcotráfico, gracias a lo cual le colocaron a México y Colombia un sello mundial sobre la frente que dice "narcoestados". Con los inmigrantes, ahora, están cambiando a parámetros más cercanos a los ciudadanos, su economía, su bolsillo y sus necesidades diarias. La máscara es progresista, incluyente y abierta, pero las líneas de pensamiento se acercan a la de los halcones en Washington que quisieran sellar la frontera con México, en particular, y poner freno a la inmigración indocumentada, en lo general, como una forma de colocar una burbuja alrededor de este país que disminuya las posibilidades de un ataque terrorista como el que los sacudió y redefinió el 11 de septiembre de 2001. La primera plana de Los Ángeles Times de este domingo es un ejemplo. En casi la mitad de ella arrancan una serie sobre "La nueva ayuda al exterior", dedicando la primera de cuatro entregas a México, desplegando el material insólitamente en cuatro páginas en interiores. La tesis no es nueva, son las remesas, pero el enfoque de la ayuda exterior es peligrosamente original. La ayuda exterior es proporcionada por el gobierno de EU a muchas naciones para desarrollo, siempre y cuando, condicionan, que sus políticas internas y externas vayan de la mano de las de Washington. Durante mucho tiempo, la ayuda exterior sirvió como herramienta en la guerra fría al jugar con los países como si fueran peones de ajedrez, y todavía hoy, a más de 15 años del colapso de la Unión Soviética, es utilizada como mecanismo de presión. Hay países que nunca recibieron ese tipo de ayuda, como es el caso de México, pero el planteamiento de las remesas que hace Los Ángeles Times ubica el dinero enviado por los inmigrantes en la misma categoría. El diario cita el dato del Banco Mundial de que las naciones más pobres recibieron 167 mil millones de dólares de sus trabajadores inmigrantes el año pasado, lo que supera la ayuda externa que les proporcionan Estados Unidos y el resto de los países industriales. Los ilegales mexicanos envían anualmente de EU más de 20 mil millones de dólares, que es la segunda entrada de divisas después del petróleo y que ha ayudado a numerosas comunidades -eje del reportaje del diario angelino- a mejorar las condiciones de vida en una forma que ninguna política social gubernamental había logrado. ¿Cuál es el truco en el reportaje? Deliberada o inopinadamente, el Times angelino se coloca en la punta de un debate aún bastante soterrado en Washington y algunas capitales donde hay importantes volúmenes de mexicanos inmigrantes, para gravar fuertemente las remesas, argumentando que es dinero obtenido de empleadores estadounidenses, y soslayando que éstos no pagan seguridad social de sus trabajadores. Los estadounidenses quieren frenar las remesas, y o las gravan o, como empiezan a mencionar, las colocarán bajo un monitoreo de autoridades federales por la creencia de que forman parte del circuito del lavado de dinero de los cárteles de la droga mexicanos. Incluso, el FBI llegó a pensar tras la primera manifestación contra la nueva ley migratoria que el dinero para la movilización procedía, en parte, de capos del narco. El miedo, como antes lo fue al comunismo, forma parte de estas nuevas líneas de pensamiento en la prensa estadounidense. Otro ejemplo aparece hoy en la primera plana de The New York Times, donde se publica un reporte en el cual se afirma que la nueva ley de ayuda médica, que entrará en vigor el 1 de julio, afectará a unos 50 millones de personas que tendrán que probar que son ciudadanos estadounidenses con sus actas de nacimiento, pasaportes o algún otro documento oficial. Quien no lo tenga, como anticipan que sucederá con la gente más pobre -al menos 27 millones de personas-, la gente de color o los nativos -indios-, no podrá disfrutar de esos beneficios. ¿Cómo afecta a los inmigrantes? La naturaleza de la ley fue establecida por uno de los principales autores de la iniciativa, el diputado republicano de Georgia, Charlie Norwood, quien declaró que el proyecto busca "detener el robo de beneficios médicos por parte de los ilegales". Una lógica simple, como tiene la mayoría de los estadounidenses, es que una ley que fue diseñada para un grupo específico de personas que llegaron ilegalmente al país va a modificarles la vida de manera gratuita. No entienden los gringos lo que está pasando, como sucede cuando les cae un fenómeno social que no habían registrado antes. El origen de las protestas de los inmigrantes no es porque quieran la residencia o la ciudadanía, o porque desean seguridad social, ayuda médica, seguro de desempleo o cupones para alimentación, sino porque en la Cámara de Diputados, republicanos y demócratas -en una minoría-, con la autoría intelectual del gobierno de George W. Bush, propusieron en diciembre que ser ilegal en EU dejara de ser una violación a las leyes migratorias y se convirtiera en un crimen. Es decir, simplificando el problema, en lugar de ser deportados los indocumentados terminarían en la cárcel. Se sorprenden los gringos de que tantos ilegales salieran a las calles y desafiaran a la policía, y que otros inmigrantes, notoriamente los chinos, se manifestaran codo a codo con ellos. Quizás si se detuvieran a reflexionar sobre el porqué en sus ciudades siempre hay barrios de todas las nacionalidades empezarían a entender la esencia de su propio país, que logró expandirse estratégicamente al oeste gracias a las primeras migraciones de escoceses e irlandeses. ¿Se habrán dado una vuelta por el Barrio Chino de San Francisco, donde se encuentra la comunidad china más grande fuera de su país? Buen número de sus empleados no son chinos, sino mexicanos. ¿Y en Silicon Valley? ¿Y en las empacadoras del medio oeste? ¿Y en las tabacaleras de Carolina del Norte? En Chicago, los mexicanos son los mejores pagadores de impuestos, y en el país como un todo económico, contribuyen con un porcentaje significativo al producto interno bruto. No se trata de un quid pro quo, sino bastaría que vieran el bosque en su totalidad y no dejar que las ramas asusten a las cándidas conciencias, tan fácilmente proclives a caer en versiones modernas del macartismo. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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