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AMLO, nervioso S e le podría aplicar la receta que él mismo hizo famosa: "¡Serénese, señor candidato!". Y es que Andrés Manuel López Obrador parece nervioso, asustado. Quienes lo conocen, aquellos que a diario cruzan palabras con él, dicen que está irritado. Se exalta por nada y se le percibe nervioso y hasta asustado. Y todo porque una buena parte de las encuestas públicas, y la mayoría de los sondeos internos, muestran que AMLO va a la baja en las preferencias electorales. Y no es tanto la tendencia a la alza que reporta el candidato panista Felipe Calderón -que no rebasa dos puntos porcentuales-, sino la caída sostenida que muestran las preferencias hacia el candidato de la coalición Por el Bien de Todos. Pero los signos del nerviosismo y la irritación de López Obrador no sólo los perciben sus más cercanos colaboradores, sino que están a la vista de todos. La primera señal pública la dio el propio López Obrador cuando anunció una "tregua unilateral" hacia el presidente Fox. A tres semanas de la arrogante estrategia de callar al Presidente, de insultarlo con el célebre "cállate, chachalaca", AMLO entendió que se había equivocado, que el insulto resultó contraproducente. Claro que no reconoció el equívoco, porque en su diccionario no existe la palabra "equivocación". Sólo dijo que proponía una tregua para no lastimar la silla en la que él pudiera sentarse. Y entonces cambió de estrategia. Dirigió sus baterías contra Calderón y Roberto Madrazo, en ese orden. Pero al mudar de estratagema dejó de marcar la agenda y se colocó a la defensiva. Primero negó las encuestas que lo colocan a la baja y frente a un virtual empate técnico. "Las únicas encuestas que valen son las mías", dijo. De las que lo dan con una tendencia a la baja, señaló, "son parte de un complot" de sus adversarios. Esa no era ninguna novedad, porque López Obrador siempre ha negado las encuestas que le son adversas. Lo sorpresivo, en todo caso, es que por primera vez en su campaña formal cuestiona las propuestas de sus adversarios. Así, se le vio refutando la oferta de Calderón para "eliminar la tenencia vehicular", un impuesto inmoral que según AMLO "es imposible de quitar, porque Fox también lo prometió y no lo cumplió". ¿Cuándo se había visto y escuchado a López Obrador refutar las propuestas de sus adversarios? Nunca. Y es que está desesperado. Junto con sus estrategas, que incluyen al diario oficial y escribidores amigos, diseñó una "contracampaña" para combatir los efectivos spots del PAN y el PRI, en los que se le compara en sus gestos de intolerancia con Hugo Chávez, en los que se le hace ver como miedoso por no querer debatir, y en aquellos que se exalta el endeudamiento del gobierno capitalino. Los mensajes, que en efecto pueden resultar harto cuestionables, en realidad tuvieron una notable eficacia para los fines electorales de PAN y PRI. Pero en lugar de remontar ese nuevo tropiezo, de reconocer el error y trascenderlo, López Obrador se mostró de nueva cuenta reactivo, a la defensiva. ¿Cuándo se había visto a AMLO responder a un spot con otro spot? Volvió a perder la iniciativa y a colocarse a la zaga. Para ello utilizó la imagen de la escritora Elena Poniatowska --que en un simpático y candoroso spot asume el papel de Sara García metiendo en cintura a los rijosos "Tres García"-, en lo que ya se perfila como un nuevo error de cálculo, porque en lugar de salir y dar la cara, de argumentar contra sus adversarios, se esconde en el candor y la imagen de una escritora que, apreciada y todo, poco entiende de la guerra político-electoral a la que fue llevada. Otra vertiente de la "contracampaña" de AMLO, que ratifica que la serenidad no está de parte de los estrategas del candidato de la coalición Por el Bien de Todos, es la campaña para hacer creer que los spots de PAN y PRD son "una cochinada". Y puede tener razón, es posible que los mensajes de sus adversarios sean parte de la "guerra sucia" de la política mexicana. Pero AMLO y sus estrategas parecen desconocer que los electores tienen perfectamente claro, como pocos, que la política toda es un cochinero. Pero apenas los pasados sábado y domingo López Obrador volvió a la carga contra Calderón. ¿Qué no hace unas cuantas semanas lo que decía AMLO era el centro de los discursos de Calderón y Madrazo? ¿Qué no era AMLO el hombre a vencer? Pues hoy parece que los patos le disparan a las escopetas. Y es que AMLO sabe que no es el puntero, el indestructible. López Obrador está nervioso. Por eso ha llegado al despropósito, al extremo del cinismo, al comparar a Felipe Calderón con René Bejarano. Dijo ayer, en Michoacán: "Hablan de las maletas de Bejarano, ¿y las maletas que está recibiendo el candidato del PAN, ahora de Banamex y de otra gente? Nada más que no hay videos, eso es lo único, pero claro que está recibiendo maletas de dinero". AMLO escupe para arriba. Y es que se siente perdido. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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