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Macario Schettino
10 de abril de 2006
La moda de las sillas vacías (Foto: Lucía Godínez)

Crecimiento y distribución

El miércoles pasado veíamos que la muy común idea de que la desigualdad ha crecido en los tiempos del neoliberalismo resulta falsa. De acuerdo con la información que tenemos, el 10% más rico de la población perdió ingresos, comparando con la época del "desarrollo compartido" (1971-1986). Bajaron su participación de 38.4 a 37.5%, prácticamente un punto porcentual, caída similar a la que sufrió el grupo intermedio, de 44.7 a 43.7% del ingreso. Este grupo intermedio lo construimos con los deciles VI al IX, que es el grupo de población que hoy tiene ingresos de entre 3 y 10 mil pesos mensuales por hogar.

La mitad más pobre del país, que como puede usted ver hoy mismo tiene ingresos inferiores a dos salarios mínimos por hogar, ha incrementado su participación en esos dos puntos que perdieron los demás. De 16.9% del ingreso que tenían en aquellos tiempos "compartidos", ahora tienen 18.8%.

Esto no significa que estemos bien, ni mucho menos. Esta columna ha insistido por años en que el problema principal de nuestro país, y de hecho de toda América Latina, es una desigualdad obscena, que no sólo ocurre en el ingreso y la riqueza, sino que atraviesa todas las características de la sociedad. Seguimos siendo premodernos.

Datos

Sin embargo, lo que sí es claro es que la desigualdad no sólo no se ha incrementado en el neoliberalismo, sino que se ha reducido ligeramente. De hecho, aunque los datos son todavía menos seguros, tenemos suficiente información para creer que la desigualdad en Europa se ha reducido poco a poco desde el siglo XVI en adelante, en este periodo que genéricamente llamamos "capitalismo", al que normalmente se le atribuye exactamente el efecto contrario.

Bueno, pues la información sobre desigualdad no es la única que va en contra de las creencias populares. También pasa lo mismo con el crecimiento económico. Resulta que si calculamos el crecimiento del PIB por habitante en México, desde los años 50, la época actual no es la peor. Sin duda, queda por debajo de los años del desarrollo estabilizador, cuando todo el mundo crecía, pero la actual no es una época de estancamiento, a pesar de que esto se dice con frecuencia.

Utilizando los datos que ha construido el Centro de Comparaciones Internacionales y que se conoce como las Penn World Tables, podemos calcular el crecimiento del PIB por habitante medido en dólares constantes. De acuerdo con esta institución, esa variable alcanzaba en México, en 1950, los 2,990 dólares. Para 1971, que es el punto de cambio entre el desarrollo estabilizador y el llamado compartido, el PIB por habitante era ya de 5 mil 596 dólares. Para 1987, cuando cambiamos a la época actual, conocida como neoliberalismo, el PIB per cápita era de 7 mil 251 dólares. Las tablas llegan sólo al año 2000, pero podemos calcular al 2005 con base en los datos de INEGI, y la cifra que obtenemos es de 9 mil 789 dólares por habitante. Como información, el último dato de las tablas, para el 2000, es de 8 mil 762 dólares por persona.

Si calculamos entonces el crecimiento promedio anual, para el tiempo del desarrollo estabilizador obtenemos el ya conocido 3% anual. Para el desarrollo compartido, el crecimiento apenas llega a 1.6%, y para el neoliberalismo, 1.7%. Anual por habitante, como ya decíamos, en dólares constantes.

Estas cifras chocan con las creencias. Estamos acostumbrados a pensar que en tiempos de Echeverría y López Portillo crecíamos a buen ritmo, y por eso no suena lógico que la tasa sea inferior a la del periodo anterior. Sin embargo, esto ocurre porque normalmente se piensa en la década de los 70 sin considerar la crisis posterior, que no tiene otro origen que los excesos de los presidentes mencionados. Pero, como ya lo hemos comentado varias veces, la época neoliberal no inicia sino hasta bien entrados los años 80.

A mediados de 1986, si queremos utilizar el ingreso al GATT, antecedente de la OMC, como la primera medida neoliberal, o a fines de 1987, si partimos del inicio del Pacto de Solidaridad Económica. Antes de estas medidas, no hay prácticamente nada que podamos considerar neoliberal. De hecho, no hay nada más que capear la inmensa crisis de 1982.

Las creencias

Y note usted cómo durante esta etapa el crecimiento resulta ligeramente superior al del desarrollo compartido, aunque claramente inferior al desarrollo estabilizador. Como en el caso de la distribución, esto no significa que México esté bien, o que nuestra economía sea exitosa. Simplemente se trata de mostrar que muchas de nuestras creencias acerca de la economía son sólo eso: creencias.

Los datos pueden ayudarnos a tomar mejores decisiones, y es por ello que hay que regresar a ellos con frecuencia.

En el caso actual, lo que los datos nos permiten ver es que el "modelo" económico en que estamos no ha incrementado la desigualdad ni ha implicado estancamiento económico. Claramente, tampoco es un modelo que produzca gran crecimiento o grandes mejoras en la justicia social. Pero los anteriores, como hemos visto, tampoco lo eran.

Sigo creyendo que el cambio que necesitamos no es el que se discute en la política. Lo que necesitamos es dejar la premodernidad, pero eso lo podremos platicar con usted cuando acabemos de analizar las bondades y costos del modelo actual.

macario@macarios.com.mx

 
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