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Juan Domingo Argüelles
09 de abril de 2006

López Velarde,a quien Neruda denominó, admirativamente, "el más provinciano de los poetas", escribió algunos de los poemas en prosa más bellos de las letras mexicanas y, sin exageración, de la lengua española.

Esos poemas son a la vez crónicas íntimas, pequeños ensayos incisivos, apuntes líricos de gran hondura e intensidad, y bitácora sentimental e intelectual que reivindica nuestro paso por la tierra.

Pocos han sido los poetas y ensayistas mexicanos que han seguido ese carácter de la prosa lopezvelardeana, en parte porque López Velarde llevó estas prosas a su máxima tensión estilística y a su más lograda expresividad. Sin embargo, de vez en vez surgen algunos escritores que, sin afán de imitar, dan de pronto con esta estética, de un modo natural, a través de prosas poéticas y de ensayos líricos.

Entre estos nuevos poetas y ensayistas mexicanos hay que situar a Jorge Olmos Fuentes, provinciano también, como López Velarde, nacido en Irapuato, Guanajuato, en 1963, y quien ha venido produciendo una obra rica en intensidades y en reflexiones y que, desde la prosa, sigue siendo poesía y a la vez crónica íntima.

En esta vertiente, Olmos Fuentes publicó dos libros en 1993 y 2001: Amor de arena y En la propia tierra. Luego, en España y en 2002, mostró su manejo extraordinario y rítmico del verso, en el volumen Tierra del corazón, del cual es este momento singular: Si algo digo/ digo de ti/ nombre dulce/ erguido seno/ púa/ flecha/ veneno/ eso digo/ y digo de ti.

Los poetas tienen la capacidad de escuchar el estrépito de lo sutil y a veces, incluso, del silencio; saben dónde se quema la noche y dónde la luna vuelve a aparecer para reconstruir el universo. Entre esos poetas lo sabe también Olmos Fuentes, y lo supo decir en su libro En la propia tierra, donde la reflexión es más acentuada, pero donde, pese a ello, la poesía no se pierde.

Escribe el poeta: "Sólo quien haya mirado de frente el rostro del horror, sin bajar los ojos, puede elaborar un testimonio capaz de estremecer a otros. Sólo quien haya descendido a esos páramos consigue traer en sus manos jirones de la vida que discurre más allá o más acá de estos huesos. Sólo él tiene derecho a colocarse cerca de la luz."

En realidad el poeta ve lo que nadie ve, percibe lo que nadie más percibe, y ahora Olmos Fuentes nos muestra a qué grado el poeta puede oír, y hacer oír al lector, La música negra el enunciado (2005). En este su nuevo libro, publicado por la Universidad de Guanajuato, nos entrega un puñado de poemas en prosa donde la poesía se lee y se escucha en su tensión emotiva e intelectual. Escribe, por ejemplo: "Para qué hablar de la Luna llena: encima de un territorio devastado, los enigmas casi pétreos seducían el tacto, la mirada, perturbaban a veces el sueño, asediaban la imaginación. Reunidos en torno de una hoguera, en tanto nuestros padres compartían asuntos serios, cosas de risa, las horas nos acariciaban con la dulzura de un ademán de gato. Nos asustaba el brillo de sus ojos, y el ladrar intempestivo de los perros, y la oscuridad y el silencio nocturnos. Ninguno de aquellos niños quiso salir al mundo. Permanecemos ahí en cuclillas. Hablamos en voz baja. Los ojos niños en las lenguas del fuego. Nos quedamos allí dormidos y nadie nos encuentra. Un ojo. Una mano."

En la poesía en prosa y en verso de Jorge Olmos Fuentes hay siempre un misterio que se evoca, pero no hay la deliberada intención de oscurecer el lenguaje para parecer más inteligente. La verdadera inteligencia se expresa en claridades, incluso dentro de la más espesa oscuridad del entendimiento.

 
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Este espacio trata los temas relacionados con el libro, los lectores y la industria editorial. Busca ser un servicio para quienes deseen tener información de actualidad sobre estos temas. Propone un diálogo sobre escritores, editores y productores del libro, a nivel internacional. Argüelles es actualmente director de Normatividad de la Dirección General de Bibliotecas del Conaculta y gusta de compartir la experiencia de su trabajo con los lectores.
 
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