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Identidad y mucha energía
Felipe Bustamante, el tecladista de Panteón Rococó, reconoce en la ya mítica música de Mano Negra una inspiración clara para la propuesta sonora de su banda, que con una trayectoria de 10 años fusionando sonidos de ska, ritmos latinos y rock, y un activismo comprometido con la justicia social, se ha ganado el reconocimiento no sólo en la escena musical mexicana sino también en varios países europeos.
Mano Negra Amérika perdida (1991) Es difícil hablar de un solo disco que pueda considerar como el más importante o con más influencia dentro de toda mi historia personal, pues creo que han sido bastantes. Sin embargo, uno de ellos fue sin lugar a dudas la recopilación Amérika perdida, de la legendaria agrupación francesa Mano Negra. Al inicio de los años 90, cuando con algunos de mis actuales compañeros de banda comenzamos a hacer música, y en el lapso entre componer algo propio y no copiarle a todo el mundo, llegó a mis manos este disco. Amérika perdida me replanteó mucho de lo que en ese entonces entendía como rock, pues salvo importantes propuestas como Maldita Vecindad y un poco más adelante Tijuana No, no existía en ese momento en México la apertura a incorporar ritmos y temáticas que dieran un sentido de realidad e identidad, pues la apuesta era más copiar lo extranjero. Sin embargo, Mano Negra, al incorporar y fusionar rítmicas y cadencias poco usuales para este estilo e incluso tomar tanto elementos de temas populares como con sentido social, agregando además fuerza y energía, me hizo entender la música desde una óptica más propia, como algo que puede y debe reflejar lo que se siente y piensa desde acá, desde dentro. Ver y valorar nuestra propia realidad, sin tener que recurrir a copias ajenas.
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