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    Corte!... y Confesión
Ysabel Gracida
03 de abril de 2006

No te muevas

El goteo con el que se exhiben películas europeas o asiáticas en nuestro país más la extraña selección de lo que se difunde, hace que ciertos productos envejezcan un poco más de lo que ya eran cuando nacieron.

Es el caso de No te muevas (2003), producción de Italia, España y Gran Bretaña, que apenas llega a las carteleras y que poco tiene ya de atractivo, salvo la posibilidad de ver a una Penélope Cruz desglamurizada para el mejor papel de los que ha realizado hasta ahora, salvo lo que veamos uno de estos días en Volver de Almodóvar.

La cinta, dirigida y actuada por el poco expresivo Sergio Castellito, permite, de cualquier manera, asomarse a un género, el del melodrama, que tiene ecos de otros momentos del cine italiano, específicamente la actuación de Cruz que intenta traer a la memoria el sentido de algunos de los personajes que Giulietta Massina bordó admirablemente para el cine universal.

La cinta tiene varios puntos débiles, aunque en términos generales logra que los espectadores se interesen en la trama y puedan tomar parte de una historia correctamente narrada desde la perspectiva del protagonista, Castellito en papel de médico y quien como director utiliza el recurso, tal vez exagerado, de la retrospección, para construir un relato basado en la novela homónima de su esposa Margaret Mazzantini.

La película, tiene desde su concepción y lo asume explícitamente, una dirección hacia el melodrama más convencional. Hay en la trama ingredientes clásicos para que funcione el engranaje del género, como bien nos lo ha enseñado la cinematografía mexicana, tales como la familia, la pasión del hombre por una mujer de una clase social marginada y de contrastante fealdad frente a la esposa perfecta; la cobardía del hombre, la paternidad, la maternidad, un accidente de la hija adolescente y algunos asuntos más (tópicos, sería mejor) que van tejiendo una historia que se antoja ligeramente fuera de tono, ante la realidad que nos circunda.

Quizás este sea el talón de Aquiles de No te muevas; haber realizado un relato en el que no se alcanzó a definir el tono, el sentido de lo narrado y la cinta apuesta a conseguir el interés de los espectadores más por las zonas morbosas de lo que se cuenta que por la forma en que se relatan los hechos.

En contraste, el acierto de la cinta y por lo que puede interesar verla, es por el trabajo impecable de Penélope Cruz que en el papel de Italia, desaliñada, sucia y con los dientes podridos, se convierte en el objeto del deseo del médico, frente a una mujer como la interpretada por Claudia Guerini, de la que sobresale su hermosura y su seguridad en la vida.

Penélope Cruz ha dicho de su trabajo en No te muevas, con el que ganó el premio David de Donatello a la mejor actriz de 2004, que "es uno de los personajes más bonitos que he encontrado en mi carrera, un tesoro, un personaje que representa el sur del mundo y la miseria. Italia es una mujer que vive como un perro, que uno puede encontrar en las calles o en los túneles del Metro de cualquier gran ciudad".

En todo caso, la película de Sergio Castellito tiene algunos apuntes interesantes de la vida paralela de las grandes ciudades en donde conviven el "Estado de bienestar" más que logrado con una forma de miseria extrema que no es sólo la de quienes poco o nada tienen, sino la de los que su marginación ha instalado en un vacío existencial en el que poca cabida hay para la dignidad. El personaje de Castellito, por su parte apunta (no lo consigue del todo) al retrato de un hombre contemporáneo lleno de contradicciones por el que los espectadores no alcanzan a sentir ni simpatía ni rechazo, quizá porque la redención que está implícita en buena parte de la narración, simplemente no se logre con su escasa ética en la vida.

 
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PERFIL
 
Desde hace más de catorce años, Ysabel Gracida, profesora de tiempo completo de la UNAM, "conversa" con sus lectores en torno a diversos ángulos del fenómeno fílmico. Comparte su mirada personal sobre el cine y sus contextos haciendo de su trabajo un quehacer centrado en la intertextualidad. Prefiere las funciones matutinas en las que escapa (sólo un poco) de la dimensiones olfativas y auditivas que generan las "palomitas" y la brutal plaga de los celulares.
 
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