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Raymundo Riva Palacio
31 de marzo de 2006

La profecía autorrealizable

La profecía autorrealizable es un término que se utiliza más bien en la economía, cuando todo lo malo que piensa uno que podría suceder se concreta por razones eminentemente subjetivas, arrollando cada uno de los factores objetivos. Un clásico ejemplo de profecía autorrealizable es el "error de diciembre", que sumió a México en una de sus crisis financieras más profundas y que obligó al rescate bancario que todavía sigue lastimando las heridas. El llamado "error de diciembre" fue una devaluación obligada al iniciar el gobierno de Ernesto Zedillo que calculaba que sería de 15%. Técnicamente estaba en lo correcto, pero soslayó que en México las devaluaciones son sicológicas. Así fue. La devaluación fue de 100%, cayó el secretario de Hacienda, la Casa Blanca tuvo que entrar a un rescate financiero por razones de seguridad nacional, y miles de mexicanos perdieron su patrimonio. Hoy vivimos otro tipo de profecía autorrealizable, pero en la política.

Se trata del caso del candidato presidencial puntero Andrés Manuel López Obrador, quien técnicamente sería imposible hoy en día que ganara la elección presidencial. Esto es si se ven fríamente los resultados electorales de la última elección presidencial y aún inclusive si se juega, comparando peras con manzanas, los resultados en otro tipo de elecciones en los tres últimos años. En la elección presidencial de 2000, el Partido de la Revolución Democrática tuvo con Cuauhtémoc Cárdenas poco más de seis millones de votos, que significó un techo histórico, pero que se quedó sumamente lejos de Vicente Fox, que alcanzó casi 16 millones de votos, y de Francisco Labastida, que tuvo 13 millones y medio. Ciertamente, Cárdenas no tiene ni el carisma de López Obrador ni es un producto tan mediáticamente atractivo, ni el contexto en el que compitió, como ahora, es de un desánimo sobre un candidato similar que era Fox que ofreció el cambio, ni hay un candidato con tan mala imagen en el Partido Revolucionario Institucional como Roberto Madrazo.

Jugando con otros resultados que metodológicamente no podrían ser comparados, para efectos de argumentación política, se puede analizar el bastión del PRD en el Distrito Federal y su zona conurbada, donde se concentra el voto duro de López Obrador, sus mejores redes clientelares y la mayor molestia, tanto contra Fox -no en términos de popularidad sino sobre su competencia como gobernante-, como contra el Partido Revolucionario Institucional y cualquier candidato que presente ese partido. Sumando el número de votos por partido y coaliciones que tuvieron en las elecciones federales intermedias de 2003 y en las reciente elecciones locales mexiquenses, se ve claramente el avance del PRD, que llegó en ambas casi dos millones y medio de votos, pero no muy lejos en términos reales del PRI y del PAN, que pese a sus retrocesos electorales tuvieron un millón 800 mil y un millón 760 mil votos respectivamente. Es decir, en las dos mejores plazas electorales del PRD y López Obrador, su diferencia frente al PAN de Felipe Calderón y al PRI de Madrazo, es menor a 700 mil votos. Si se toma como una referencia la elección federal intermedia de 2003, al PRI le bastaría sólo con Jalisco -donde el PRD prácticamente no tiene presencia-, para neutralizarlo, y el PAN tendría en Guanajuato su palanca compensatoria. Jugando aún más con los números, y asignando al PRD en el DF no 40% de la votación de 2003, sino 60%, que reflejan las preferencias de voto para su candidato al gobierno de la capital, el PRI necesitaría sólo de Veracruz y el PAN mantener su votación en Jalisco para neutralizarle el bastión.

Una vez más, si se analizaran fríamente los comportamientos del electorado, el PRD no tendría cómo entrar en competencia real con el PAN y el PRI el próximo 2 de julio. De hecho, la construcción de las redes ciudadanas de López Obrador es el reconocimiento explícito de que para que ganar la Presidencia necesiten mucho más que el voto del PRD. Pero un partido no se construye en meses, y el carisma, por más sugerente que pueda ser el de López Obrador, no basta. El fracaso de Yeidkol Polevnsky como candidata al gobierno del estado de México donde López Obrador le hizo su campaña invirtiendo su imagen y capital político, es una demostración de las limitaciones del fenómeno mediático. En las elecciones locales mexiquenses el PRD avanzó por el buen trabajo político que realizó, pero en otras zonas del país, tras los pasos de López Obrador no está quedando nada por la falta de ese mismo trabajo político.

Es decir, si los electorados se comportaran objetivamente, se podría anticipar que López Obrador no sólo perdería la elección, sino que se quedaría varios puntos abajo del ganador. Pero los votantes no se comportan de esa manera y se está viendo en las preferencias electorales y en las percepciones que se han extendido de la generalidad de la población abierta a sectores informados políticamente, particularmente en el PRI, donde la molestia contra Madrazo está haciendo que algunas de sus figuras, estén abandonando el barco priísta y buscando acomodo con el PRD. El propio comportamiento de algunos sectores conservadores, particularmente dentro del empresariado, hace pensar que empiezan a descontar sus pérdidas y asumir la probable victoria de López Obrador, sumándose a la idea extendida de que será el ganador el 2 de julio. Resumiendo se podría argumentar que el manejo de las percepciones sobre los candidatos está permitiendo que se desarrolle el fenómeno de la profecía autorrealizable, donde López Obrador, sin tener realmente la estructura que le permita ganar la Presidencia, está marchando hacia esa victoria por el simple pero contundente factor subjetivo que domina el actual proceso electoral.

 
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PERFIL
 
Reconocido periodista y analista, Raymundo Riva Palacio ha obtenido dos Premios Nacionales de Periodismo. Durante su fructífera carrera, ha escrito para numerosos periódicos de México, España, Canadá y Estados Unidos. Es autor de "Centroamérica: la guerra ya empezó", "Más allá de los límites: ensayo para un nuevo periodismo", y coautor de "Aún tiembla" y "La cultura de la colisión". Su último libro se titula "La prensa de los jardines". Actualmente es director editorial de El Gráfico, El M, y coordinador de asuntos internacionales de EL UNIVERSAL.
 
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