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Personaje de la semana
Jorge Cisneros
El Universal
Viernes 31 de marzo de 2006
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Los dueños del control

Periodistas, editorialistas y legisladores corrieron la versión: las televisoras amenazaron a Felipe Calderón, candidato del PAN a la Presidencia, y a Roberto Madrazo, del PRI-Verde, con sacarlos de las pantalla si no daban línea a sus legisladores para que aprobaran la reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión.

Adicionalmente, señalaba el trascendido, los senadores que buscan brincar de Xicoténcatl a San Lázaro, y prolongar su vida como legisladores, estaba obligados a votar a favor de las modificaciones a esa ley, redactada por el legislador Javier Orozco, cuyo trabajo anterior fue en el área jurídica de una televisora, Televisa, que se declaró abiertamente a favor de la reforma.

De modo que, sin chistar, Emilio Gamboa, ex secretario de Comunicaciones, Sadot Sánchez, Eric Rubio, Orlando Paredes y Héctor Vicario, entre otros, integrantes de la comisión de Comunicaciones, comprometieron su apoyo a la reforma. De acuerdo con la denuncia, eso les salvó del veto y podrán seguir su camino a la curul, el fuero, los aguinaldos de cientos de miles de pesos.

No estuvieron solos. Militantes del PAN también los acompañaron en el empeño: Juan José Rodríguez Pratts, Jorge Nordhausen y Diego Fernández de Cevallos, a quien la politóloga Denise Dresser definió así: "demostró -de nuevo- qué bien cultiva el conflicto de interés. Qué bien administra los sobornos y los reparte entre su bancada. Qué bien sabe concertacesionar y sabotear. Qué bien protege el plan de negocios de quienes le pagan".

Legisladores opuestos a la medida e investigadores en medios de comunicación bautizaron a la iniciativa como ley Televisa, aunque algunos han especificado que son dos las empresas que pueden ostentarse como ganadoras, la de San Ángel, claro, pero también la del Ajusco. La razón de calificarla así no se debe a los vínculos de su redactor e impulsores, como Javier Tejado, asesor jurídico de Televisa, quien se reunió varias veces con legisladores para impulsarla, sino por los beneficios que traería a esas compañías.

El cuestionamiento se ha centrado en el artículo 28, donde se establece que las frecuencias liberadas cuando a los actuales concesionarios se les entregue una digital podrán seguir siendo usadas por ellos mismos. Con que el concesionario presente una solicitud para ampliar sus servicios ante la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, podrá usar dos frecuencias, la que le asignaron originalmente, y la nueva, para transmisión digital, todo ello, sin pagar un centavo.

Según investigadores opuestos a la reforma, naciones como Gran Bretaña han aprovechado la digitalización de frecuencias para recuperar parte del espectro radiológico y volverlo a subastar, lo que generaría ingresos para las arcas públicas.

Pero ni las acusaciones de regalo de un bien público, como el espectro por el que se transmiten las señales, ni los conflictos de interés han detenido la reforma, que se aprobó anoche en el Senado. Los legisladores, quizá temerosos del veto o la congelación, decidieron votar a favor de la iniciativa aplaudida por los dueños del control.

Pero no sólo los senadores, y los diputados, que aprobaron la iniciativa de manera unánime, sin la menor objeción, demostraron que no quieren ganarse la antipatía de quienes tienen el control en las manos. El presidente Fox, quien en otras ocasiones ha vetado o condenado leyes que considera inadecuadas, ha guardado un prudente silencio respecto al tema y su vocero ha dicho, a la manera de Bora Milutinovic, el ex entrenador de la Selección Nacional de Futbol, quien constantemente era cuestionado, que "él respeta".

Los principales aspirantes a sucederlo, Andrés Manuel López Obrador, Felipe Calderón y Roberto Madrazo, también han escurrido el bulto. El primero dijo que no cree que haya habido presiones de las empresas a los legisladores; el segundo llamó a votar con cuidado y el tercero dijo que el problema no es suyo, sino de los legisladores. Confiados en alcanzar al puntero, o mantener la delantera, con una pequeña ayuda de sus amigos de la tele, los aspirantes a la Presidencia evitaron pronunciarse, como lo hizo Manuel Clouthier en 1988, contra los medios de comunicación más poderosos del país.

En resumen, ninguno condenó o resaltó las insuficiencias de la ley o sus posibles defectos. Para llegar al poder, los candidatos prefirieron someterse a un poder más grande y nada espiritual, sino enteramente terrenal. Cien días antes de las elecciones, los candidatos mostraron que sin importar los apellidos del próximo gobernante, quiénes son los verdaderos dueños del control.