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    Esquina Baja
Paco Ignacio Taibo I
30 de marzo de 2006

José Emilio Pacheco con el peluquero

Cuando José Emilio Pacheco sale del país, la voz crítica y cultural de México baja 10 puntos.

Ya nos acostumbramos a sus comentarios e investigaciones, a sus paráfrasis y experimentos: a que ponga el cascabel al gato inculto.

Acudir a José Emilio Pacheco es asegurarse un muy especial goce, porque este personaje desgalichado y siempre hambriento es como la bolsa de la eterna sorpresa y el conocimiento incesante.

No hace mucho lo encontré en la calle; se iba a cortar el pelo y cargaba unos cuatro kilos de libros. Dimos tres vueltas a la cuadra charlando y pasando ante el inquieto peluquero que decidió, al fin, parar nuestro peregrinaje y meter en un salón a José Emilio Pacheco.

Allí lo dejé; perdiendo pelo a tijerazos.

Después supe que se había ido, una vez más, a contar fuera de México lo que aquí tanto necesitamos. Porque este José Emilio Pacheco es una de las conciencias nacionales; la voz de una honestidad beligerante que suena fuerte y clara.

Para los días de desfallecimiento moral, una cura de José Emilio Pacheco es necesaria; demuestra que no todo lo han conseguido estropear los políticos y que aún hay quien se resiste y señala el camino.

Poeta de voces muy distintas, se pasea por el mundo este hombre tocando con sabiduría las cosas más diversas; puede hacer verso bello y claro a los ojos de los peces, que son "como escudos después de la batalla", y también inclinarse sobre el camino y descubrir a la hormiga que pasa y "parece decir adiós al inclinar sus antenas".

Y después de este amoroso encuentro zoológico, José Emilio Pacheco mira a su alrededor y va señalando con el dedo lo malo de tanto hombre como nos atribula.

Lo dejé en la peluquería y me fui contrito; porque dar vueltas a la cuadra, como caballos bien amaestrados pero con ansia de conseguir una huida, es cosa que me pareció estupenda.

Así que lo dejé cayéndosele el pelo que tiene zonas blancas y maldiciendo al hombre de la tijera por haber acabado un paseo tan bello para mí.

Después, ya en mi casa, pensé que me faltó picardía y sentido; que bien hubiera podido entrar yo, también, con el peluquero y seguir hablando y hablando; a riesgo de que me dejaran calvo.

 
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Cuando se enteró que su columna se publicaría en la parte inferior izquierda de la página, Taibo recordó la frase usada por los camioneros: "esquina, bajan", y le hizo gracia jugar con ese humor. De eso hace más de 18 años, durante los cuales el periodista, quien además tiene 53 libros publicados, no ha dejado de escribirla un solo día.
 
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