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Samuel García
29 de marzo de 2006

Bonos a 30 años

El grado de confianza que tienen los inversionistas en el manejo de las finanzas públicas de un país se mide por la calidad de deuda que estos emiten. Por ejemplo, a mediados de los años ochenta la deuda pública de México era una deuda de muy mala calidad y, por lo tanto, costosa para las finanzas públicas del país. La mayor parte de la deuda nominada en pesos mexicanos se emitía a 28 y 91 días de plazo y el gobierno pagaba por ella tasas reales elevadas a los inversionistas.

Ningún especulador o inversionista en su sano juicio estaba dispuesto a tomar deuda mexicana a plazos mayores por la desconfianza que generaban finanzas públicas en estado crítico; una economía con un proceso inflacionario galopante y una paridad cambiaria altamente explosiva. Pero, a dos décadas de distancia, esa situación ha cambiado drásticamente.

El cambio en este tiempo se mide a través de la calidad de la deuda que emite el gobierno mexicano. Es cierto que a ello ha abonado la abundante liquidez que existe en los mercados financieros internacionales desde hace un par de años para acá y que se traduce en una mayor tolerancia al riesgo parte de los inversores a través de menores exigencias en tasas y mayores plazos. Sin embargo, es innegable que la calidad de la deuda del país, a partir de una mejor calificación de riesgo por parte de las casas calificadoras, es estructuralmente mejor.

De hecho uno de los éxitos más notables de la gestión del secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, será realizar la primera emisión de bonos mexicanos a 30 años nominados en pesos, si es que no ocurre ningún contratiempo en lo que resta del gobierno.

Las emisiones de deuda de largo plazo en moneda local son características de las economías maduras que han logrado institucionalizar su política fiscal y monetaria a través de consensos políticos, lo que genera confianza en la comunidad de inversionistas y de manejadores de fondos internacionales.

Realizar una emisión de bonos de este plazo en moneda local será, sin lugar a dudas, un éxito para el gobierno de Vicente Fox.

No está de más recordar que nunca antes en su historia el gobierno mexicano ha realizado una emisión de deuda de esta naturaleza y sería el primer país de la región en hacerlo.

La emisión de bonos a 30 años era un objetivo que se venía persiguiendo desde hacía tiempo. Las emisiones anteriores en pesos a 15 y 20 años de plazo, producto de la alta demanda de los extranjeros por títulos de deuda mexicanos, fueron solamente el preámbulo. Lo mismo ocurrió con la recientemente aprobada Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, que establece la obligación del equilibrio presupuestario en la que sólo se permite el déficit fiscal en situaciones claramente justificadas y con compromisos específicos para ser cubierto. Ambos eran precondiciones para abrir el camino hacia emisiones de deuda mexicanas a plazos mayores, similares a las de economías maduras.

El asunto ahora es cuándo se realizará esta histórica emisión. Formalmente la Secretaría de Hacienda ha dicho que lo hará en el segundo semestre de este año. En una entrevista con la agencia Prensa de Negocios, el subsecretario Alonso García Tamés -por cierto el artífice operativo de la reconversión de la deuda pública- fue más específico. Dijo que la emisión está contemplada para agosto o septiembre y que la convocatoria se haría hacia julio próximo por un monto inferior a los que se ha colocado la deuda a 20 años.

En este asunto el tema de los tiempos es muy relevante. No sólo por las condiciones cambiantes que podrían sufrir los mercados financieros en el mundo y que escapan al control del gobierno mexicano, sino también porque en México se llevarán a cabo elecciones presidenciales que son un verdadero parteagüas para el calendario político anual.

Difícilmente una emisión histórica de deuda como la que estamos comentando, se puede desligar de un hecho político tan relevante como la elección del nuevo presidente y más aún cuando han crecido las posibilidades de que el candidato de la izquierda gane las elecciones.

Si los grandes inversionistas financieros que tienen asentados sus reales en México tienen algún asomo de duda con que llegue al poder Andrés Manuel López Obrador, el candidato de la izquierda, un buen termómetro para medir el grado desconfianza será la aceptación del bono mexicano a 30 años.

El solo hecho de anunciar la emisión del bono a 30 años enviaría un mensaje de confianza del gobierno mexicano en la institucionalización en el manejo de las políticas fiscal y monetaria. De allí es muy probable que -en la medida en que no cambien sustancialmente las tendencias electores en las próximas 5 o 6 semanas- se adelante el anuncio de la emisión del bono para el mes de mayo o quizá junio, con la intención de que éste se coloque a más tardar en agosto próximo.

El asunto no es para echar las campanas al vuelo, pero tampoco puede pasar inadvertido. A veces se pierde la perspectiva de cómo ha cambiado -sustancialmente- la confianza en México. Una emisión de un bono de esta naturaleza en medio de una elección presidencial era inimaginable en el país hace sólo una década. Ahora, la emisión sería un signo de confianza y reflejo de que la estabilidad paga buenos réditos.

Y es que la deuda pública a largo plazo se traduce, tarde o temprano, en mejores condiciones para la deuda privada. Y eso, tarde o temprano, tiene repercusiones directas en mejores condiciones en los créditos a las familias.

Sígale la pista.

1. Hay que seguir con cuidado los movimientos que en las próximas semanas podrían producirse en el grupo financiero BBVA.

2. La cancelación de la presencia del panista Felipe Calderón en la reunión anual de los banqueros va más allá de una cuestión de estrategia de campaña o de falta de tino de su equipo. Lo más grave es que el hecho dejó ver la ruptura que existe al interior del búnker azul. A pesar de que horas antes estaba confirmada la presencia de Calderón en Acapulco, la gente muy cercana al candidato dijo ni siquiera estar enterada de la asistencia de su gallo. Concediendo que el desaguisado se debió a fallas graves de comunicación al más alto nivel en un evento de esos vuelos, imagínese lo demás.

sgarcia@elsemanario.com.mx

 
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PERFIL
 
Actualmente es director general de Prensa de Negocios, S.A. de C.V., una empresa periodística de reciente creación. Además, fue fundador y director editorial de Negocios del Grupo Reforma (1997-2000), fundador y director editorial de Infosel (1990-2000), así como director de Negocios de EL UNIVERSAL (2003-2004). Asimismo, ha sido columnista especializado en economía y negocios de El Financiero (1999), Reforma (1993-2003), Expansión (2001-2002) y EL UNIVERSAL. Es licenciado en Economía con posgrados en Economía y Política Internacional, así como en Finanzas.
 
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