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¿Quién le teme a López Obrador?Por primera vez un candidato proveniente de un partido de izquierda se puede convertir en presidente de México. La más reciente encuesta que publicó EL UNIVERSAL muestra a Andrés Manuel López Obrador creciendo en la preferencia de los electores desde que arrancaron las campañas por la Presidencia de la República. Las encuestas mensuales de EL UNIVERSAL, realizadas entre enero y marzo, arrojan que López Obrador ha sostenido una tendencia creciente: 33% en enero, 39% en febrero, y 42% en marzo. Felipe Calderón y Roberto Madrazo se estancaron en marzo. Tengo la impresión de que el rápido crecimiento de López Obrador en la preferencia de la gente tiene que ver con dos cuestiones: la debilidad de las candidaturas de sus dos contrincantes y el pragmatismo en el discurso de López Obrador. La cuestionada figura y trayectoria de Roberto Madrazo hace de éste un candidato del pasado, que rememora en la mente del ciudadano los viejos tiempos del PRI en su acepción más oscura. La percepción de falta de credibilidad en la palabra del candidato priísta es la principal barrera para comunicarse con el electorado, a pesar de su avalancha de publicidad desafiante dedicada a cuestionar a López Obrador. Felipe Calderón es un candidato presidencial que -teniendo buenos argumentos para hacerlo- no logra transmitir su mensaje a la población en general. Logró hacerlo en la campaña interna panista, pero las luchas internas que no han cesado, la intervención presidencial que ´le roba cámara´ ante los medios y el electorado (pareciera que Fox es el candidato panista cuando discute públicamente con López Obrador, dejando las respuestas de Calderón en un segundo plano), y una deficiente estrategia para comunicar las soluciones concretas que interesan a la gente; le han llevado a pasar inadvertido. Incluso se gastan bromas señalando "¿quién es Calderón?" Es la falta de "peso específico" en las candidaturas de Madrazo y Calderón -sobre todo del segundo- la que tiene a López Obrador prácticamente solo en campaña. Habilidad, por cierto, para la que el tabasqueño se pinta solo. Pero hay otro factor más que ha encumbrado al candidato perredista: el pragmatismo de su discurso. Los temas que públicamente plantea López Obrador los conoce la gente, los entiende y se identifica con ellos. Desde que inició su campaña El Peje ha enfatizado en favorecer a los pobres, en combatir la corrupción en el gobierno, en anular los beneficios a los ex presidentes, en reducir el costo de las gasolinas, la electricidad y el gas, y en invertir grandes sumas de dinero público en obras como vías férreas de alta velocidad y refinerías. Pragmatismo puro. Este es un ingrediente clave para López Obrador. Las clases populares y, especialmente, las crecientes clases medias del país no se identifican con colores partidistas ni con ideologías. Lo que están buscando es al hombre que tenga las agallas para hacer que -de una vez por todas- el país dé el brinco que no ha podido dar; y con esto, que se abran las oportunidades que todo mundo sabe que se tienen enfrente, pero que por cuestión de intereses políticos no ha ocurrido. No es que la gente -por lo menos aquellos que no son perredistas- esté convencida de que Obrador es el mejor candidato presidencial, ni que crean a pie juntillas en sus planteamientos y transformación económica; pero sí se muestran dispuestos a votar por él porque les parece que es el único con agallas para enfrentar la situación; aunque, contradictoriamente, las propuestas que ha presentado adolezcan precisamente de cómo resolver los problemas. El perredista ha logrado sostener una imagen en las plazas públicas y en los medios de comunicación del "yo sí puedo enfrentar y resolver lo que a ustedes les preocupa", aunque no sepa aún cómo hacerlo. Sólo basta ver su gestión al frente del DF en la que los temas que hoy son de su campaña -como corrupción en el gobierno, abatimiento de la pobreza o inseguridad- tuvieron pobres o nulos resultados. Pero la clase media mexicana está buscando respuestas pragmáticas más que ideologías a las oportunidades que sabe tiene enfrente. Y esa percepción, hoy en día, se la ofrece López Obrador; que es lo que se está reflejando en las encuestas. Entonces, a la pregunta de ¿quién le teme a López Obrador?, la respuesta es cada vez menos gente, incluidos los empresarios medianos y grandes. En la medida en que el electorado mexicano busca un político pragmático y no un ideólogo, López Obrador gana terreno, a pesar de que el presidente Fox y Felipe Calderón insisten en ubicarlo en ese campo, que no es el del elector. Las frases de "populista" y de "izquierdoso" como adjetivos de ataque electoral, no hacen mella en la campaña de López Obrador, porque él tiene el beneficio de la duda frente al elector. Tanto el PRI como el PAN ya gobernaron el país y los resultados no son satisfactorios para esta población. Aunque le cuesta trabajo, López Obrador intenta inscribirse en la izquierda de la socialdemocracia de tradición europea, más que en la izquierda autoritaria tan característica de América Latina de los ochenta. De allí que sus asesores electorales se preocupan cuando el tabasqueño ofrece pinceladas autoritarias como la frase de "cállese, Chachalaca" en relación con el presidente Fox que pronunció la semana pasada. Un proceso parecido le ocurrió al líder sindical Lula da Silva, quien con un discurso de campaña más moderado y pegado a la socialdemocracia, le ganó abrumadoramente a José Serra, candidato de Fernando Henrique Cardoso, un presidente bastante respetable en Brasil. López Obrador ha logrado presentarse en la calle como el candidato pragmático que la clase media mexicana busca. Sin embargo, para las elecciones del 2 de julio todavía falta un largo trecho por recorrer: tres meses y medio. Un tiempo demasiado extenso en medio de una frenética carrera por la Presidencia. Ahora Obrador tendrá que ir más allá. Tendrá que convencer que su discurso radical de antaño -y que le brota de vez en vez en las plazas públicas- está alejado de la ideología de la izquierda autoritaria que enarbola Hugo Chávez en el Cono Sur. Allí se plantea su mayor riesgo. Pero el tabasqueño seguirá creciendo y abatiendo los temores de la población urbana y con mayores índices de educación y de ingreso, en la medida en que Felipe Calderón -el único candidato que podría enfrentársele en las urnas- ceda los espacios si sigue insistiendo con una campaña mediocre que no alcanza a hacer contacto con las preocupaciones y aspiraciones de las amplias clases medias del país, comenzando por la ciudad de México. La gente está buscando un presidente que la atienda en sus aspiraciones y en la búsqueda de oportunidades. No ideologías. Quien le ofrezca esto, será el próximo Presidente de la República. Sígale la pista. 1. En la junta de accionistas que se llevó a cabo en Bilbao, el consejero delegado del BBVA, José Ignacio Goirigolzarri, anunció que para este año BBVA-Bancomer será más agresivo en sus estrategias de crédito al consumo, Pymes e hipotecario. Para ello se van a transformar algunas de sus áreas corporativas. 2. Esta será una semana importante para los mercados financieros tanto en México como en EU. La atención aquí estará puesta en la decisión del Banco de México sobre su política monetaria el próximo viernes. En el vecino del norte, hoy a las 6 de la tarde, hora de México, Ben Bernanke, presidente de la Fed, pronunciará un discurso en Nueva York que podría dar señales sobre el rumbo de los bonos en Estados Unidos. sgarcia@elsemanario.com.mx
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