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Samuel García
17 de marzo de 2006

El populista Bush

José Ángel Gurría lo advirtió el miércoles pasado ante los diputados. Si no se corrigen los llamados "déficit gemelos" estadounidenses, se perderá la confianza en el dólar, las tasas de interés tenderán a subir y la economía mundial iniciará una recesión.

La advertencia no es gratuita para los políticos mexicanos que aspiran a gobernar el país a partir de diciembre próximo y para el propio gobierno del presidente Vicente Fox. Una sacudida al dólar y a las tasas de interés internacionales ocasionará graves daños al crecimiento económico esperado en México y a la salud de las finanzas públicas.

La advertencia del secretario general designado de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) vino poco después de que se diera a conocer que el déficit fiscal de Estados Unidos alcanzó su máximo histórico en febrero pasado (119 mil 199 millones de dólares), lo que hace presagiar un déficit para el año superior a los 400 mil millones de dólares.

Pero eso no es todo.

El mismo Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal estadounidense, había llamado la atención -un día antes de que Gurría expusiera- acerca de la tendencia que sigue el déficit comercial en aquel país, que en 2005 superó los 723 mil millones de dólares.

Para este año las previsiones muestran que podría rondar los 800 mil millones de dólares, cifra que buena parte de los expertos en aquel país señalan como "insostenible", sin que el dólar sufra una caída importante.

El problema de fondo es que Estados Unidos ya no tiene los recursos suficientes para financiar el crecimiento de su economía.

Ante la escasez de su ahorro interno, el gobierno de George W. Bush ha adoptado una política populista: pedir prestado al resto del mundo para financiar su crecimiento económico y sostener una "abundancia" relativa que en realidad se ha esfumado por la adopción de políticas económicas equivocadas respecto de la generación de ahorro interno y, en última instancia, de la fatídica política fiscal que adoptaron el presidente Bush y su círculo de consejeros en la Casa Blanca que alentaron fuertemente el consumo (sólo hay que ver el boom que se generó con los bienes inmuebles y que hoy representa un serio riesgo) despreciando el ahorro financiero.

La pregunta es ¿quién está financiando el crecimiento estadounidense?

En realidad son muchos países asiáticos y europeos, pero básicamente son dos de las economías más pujantes: China y los países petroleros aliados.

Y es que la urgente necesidad estadounidense de financiar su déficit comercial, de más de 700 mil millones de dólares, y de sostener el crecimiento de su economía, les ha llevado a ofrecer masivamente deuda gubernamental de largo plazo en dólares.

Hoy, China por ejemplo, es uno de los grandes acreedores de la economía estadounidense. De allí que Estados Unidos no tenga la autoridad suficiente como para "reclamar" la política comercial china, cuando el gigante asiático es uno de los que está sosteniendo su ritmo de crecimiento superior a 3% anual.

Por ello es que las amenazas del gobierno estadounidense de imponer mayores aranceles a las importaciones chinas, en atención a los reclamos de sus propios productores locales, más bien parecen discursos dirigidos a calmar los ánimos internos, que realidades de política comercial.

Y es que una agresiva política comercial hacia China sería para el gobierno estadounidense como darse un balazo en el pie. Y claro, las consecuencias sobre la deuda y las tasas de interés podrían ser también desastrosas.

Hay un riesgo explícito de financiamiento de la cuenta corriente estadounidense. De allí la advertencia de José Ángel Gurría a los diputados.

Esto provocaría, inevitablemente, una debilidad del dólar frente a divisas duras como el euro o el yuan, con consecuencias sobre el precio de la deuda de largo plazo que emite Estados Unidos para financiar -torpemente- el crecimiento de su economía.

La advertencia de este riesgo no es una cuestión académica sobre economía internacional. Un incremento en las tasas de interés de largo plazo en Estados Unidos significará un fuerte golpe al costo de la deuda contraída por países emergentes, al nivel de riesgo país y a las paridades cambiarias, especialmente para países con una alta dependencia comercial hacia Estados Unidos, como México.

El populismo en las decisiones de política económica no es exclusiva de países emergentes como los latinoamericanos. Allí está Bush como ejemplo de ello.

Claro que en un país hegemónico y motor de la economía mundial -como Estados Unidos-, el costo de las malas decisiones no las pagan sólo sus ciudadanos, sino también millones alrededor del mundo, incluyendo a los mexicanos.

Sígale la pista.

El miércoles pasado el magnate de los medios de comunicación en el mundo, Robert Murdoch -dueño de News Corp-, pronunció un discurso que bien vale la pena atender para quienes nos movemos en el mundo de la prensa y los medios de comunicación.

Murdoch no es muy dado a los discursos y no es un personaje precisamente cercano a las grandes casas editoras de periódicos del mundo, por el contrario. Pero esta vez en Londres Murdoch se soltó: "El poder se está desplazando lejos de la vieja élite de nuestra industria, los editores, los jefes ejecutivos y, asumámoslo, los propietarios".

Para Murdoch, internet ha venido a desmoronar el establishment de la prensa mundial y de las grandes marcas ("algunas ciudades o compañías que esperan que su glorioso pasado los acorace contra el cambio fallarán y caerán, eso me aplica a mí tanto como a cualquier otro negocio en el planeta").

Aunque no pronosticó la desaparición de los grandes rotativos en papel, sí advirtió que internet será el nuevo estándar de comunicación e información para las nuevas generaciones.

No por nada Murdoch ha invertido más de mil millones de dólares en desarrollos de nuevos proyectos en internet.

sgarcia@elsemanario.com.mx

 
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PERFIL
 
Actualmente es director general de Prensa de Negocios, S.A. de C.V., una empresa periodística de reciente creación. Además, fue fundador y director editorial de Negocios del Grupo Reforma (1997-2000), fundador y director editorial de Infosel (1990-2000), así como director de Negocios de EL UNIVERSAL (2003-2004). Asimismo, ha sido columnista especializado en economía y negocios de El Financiero (1999), Reforma (1993-2003), Expansión (2001-2002) y EL UNIVERSAL. Es licenciado en Economía con posgrados en Economía y Política Internacional, así como en Finanzas.
 
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