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Los idealesSupongo yo que si un hombre cambia de ideales se convierte en otro hombre. De tal forma que si un hombre salta de uno a otro partido va acercándose al camaleón. Político hay en México que en beneficio del "otro hombre", que llevaba dentro, salta de uno a otro partido. Cabría al llegar a este punto que presentáramos una disyuntiva a estos altos que más parecerán propios de un caballo de ajedrez. El político que abandona su viejo partido para acudir a un partido nuevo puede tener, a mi juicio, dos razones. A) La búsqueda de un beneficio nuevo que bien pudiera llevarle a un estado de opulencia personal. B) La búsqueda de un beneficio para el país al que no le veía futuro, regido por fórmulas que ya consideraba desechables. Podría añadirse una tercera posibilidad que combinaran las dos anteriores. Pero cada ideal entraña un vocabulario, una actitud durante la vida, una serie de decisiones, incluso heroicas y acaso, también, una serie de infortunios. Un ejemplo sería aquel hombre que estuvo en la oposición y pagó esta postura con discriminaciones, incluso, con venganzas arteras. Al cambiar de ideales cambian los sufrimientos por nuevos goces y al hacerse compadre de quienes sustentan el poder canjea los duelos por lisonjas. Últimamente estos tránsfugas de la política se han dado en buen número en la sociedad mexicana y hay quienes consiguieron con su cambio de vestuario estupendas canonjías. Convendría señalar que estas ventajas del transformismo conllevan problemas de tipo moral. No sabemos si el camaleón pasa del verde al amarillo sin sufrir deterioro alguno, pero acaso, el que fue demócrata y hoy es conservador sufra penas del alma. Y en la noche se despierte acogotado por los remordimientos. Pero acaso, en el fondo de su alma se diga a sí mismo apoyándose en toda una teoría conservadora, que el que algo quiere algo le cuesta. Lo bueno es que miles de mexicanos nada creemos y esa nada, nada nos cuesta.
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