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Raymundo Riva Palacio
15 de marzo de 2006

Más allá del carisma

Todos los analistas se han volcado al carisma del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador para explicar el gran éxito que tuvo el PRD en el estado de México, al convertirse, por primera vez en su historia, en la segunda fuerza electoral del principal granero de votos en la República. Aunque el PRI mantuvo la victoria total, la elección local de este domingo pasado puede considerarse sumamente cerrada, al superar al PRD por casi 30 mil votos, casi igualarle en el número de diputados y empezar a reducir la brecha en gobiernos municipales. El PAN perdió al caer a la tercera fuerza, pero el PRI sufrió la mayor pérdida en votos, alcaldías y diputados.

Sin embargo, adjudicar sólo a la personalidad y carisma de López Obrador el avance electoral del PRD sería no sólo llevar al reduccionismo el análisis electoral de los comicios mexiquenses, sino soslayar la forma como se comportó la estructura y la maquinaria perredista este domingo y menospreciar la estrategia seguida por el aspirante presidencial. El PRD ganó no sólo por el imán de López Obrador, sino por el trabajo político a fondo que hizo junto con el que desarrolló el partido en la entidad, coordinado por el ex gobernador de Zacatecas Ricardo Monreal.

A nadie engañaron. López Obrador anunció que dedicaría los ocho días previos a la elección en el estado de México a realizar campaña en tierras mexiquense. Lo cumplió, pero no como una escopeta en busca de votos, sino con un diseño cuidadoso y, a la luz de los resultados, exitoso. La estrategia consistió en visitar 41 municipios, de los cuales en 21 de ellos era primera o segunda fuerza política, y que comprendían a 75% del voto. Entre ellos se encontraban su bastión Neza, donde casi le sacaron el doble de votos al PRI; Naucalpan, que es enclave panista, donde quedaron en tercer lugar; Tlalnepantla, otro granero panista donde, sin embargo, rebasaron al PRI para quedarse en segundo lugar; y Ecatepec, el principal logro perredista, donde desbancó por casi 25 mil votos al PRI.

Frente al diseño del PRD y López Obrador, el candidato priísta Roberto Madrazo hizo una campaña electoral en el estado de México totalmente fragmentada, y visitó apenas cinco municipios en los cuales es una fuerza abrumadora. Pero si Madrazo y sus estrategas fallaron en enfrentar al PRD y López Obrador, el caso del aspirante panista, Felipe Calderón, fue mucho peor. Calderón anunció que sólo iría a aquellos lugares donde lo invitaran, lo cual significa una claudicación prematura de hacer campaña electoral. Los resultados demuestran con suma claridad la desorganización en el equipo de Calderón, que está desarrollando una estrategia electoral sin pies ni cabeza.

El estado de México se convirtió en estos comicios en el laboratorio para la elección presidencial. Pero no es el laboratorio mal entendido de que los resultados reflejan lo que vendrá en la elección presidencial sino porque es en las tierras mexiquenses, que presentan complejidades por lo heterogéneas donde se prueban las maquinarias de los partidos y las estrategias electorales.

La llamada de atención, urgente de sí, es para el PAN, el partido en el poder, y el PRI, que quiere recuperarlo. López Obrador les está demostrando que puede jugar en varios niveles. Uno es el de la retórica fácil, el pingponeo discursivo, el de la búsqueda de enemigos gratuitos -como el ex presidente Salinas-, y otro es el trabajo profesional que está haciendo el PRD y su disciplina para aceptar la estrategia que le plantean. El desafío mayor lo tiene el PAN, pues ya bien avanzada la campaña, ésta permanece desarticulada y con sus operadores políticos sin entender bien a bien lo que necesitan para ir acumulando fuerzas. Madrazo tiene problemas diferentes. No está claro el porqué no fue más tiempo a la entidad a hacer campaña, salvo por la posibilidad de que el problema nacional que está teniendo con los caciques regionales se haya extendido a tierras mexiquenses.

Aunque distinto, el problema es idéntico: no están mostrando estar en condiciones de competir por la Presidencia. Cada semana están siendo rebasados por una mayor inteligencia política y electoral del aspirante perredista y de sus estrategas, que les está dando excelentes frutos por cuanto a ir ensanchando las redes de votantes por fuera del PRD que necesitan para ganar la elección presidencial. Está claro que los responsables de ir conquistando mayores voluntades, están lográndolo. No se sabe si con mucho trabajo o, por la inercia carismática de López Obrador, no tengan tantas dificultades. Pero lo que sí está claro es que de mantenerse esta dinámica, la diferencia de preferencia electoral que mantiene López Obrador hoy en día podría irse incrementando de forma significativa conforme se acerque el 2 de julio.

rriva@eluniversal.com.mx

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Cuando se enteró que su columna se publicaría en la parte inferior izquierda de la página, Taibo recordó la frase usada por los camioneros: "esquina, bajan", y le hizo gracia jugar con ese humor. De eso hace más de 18 años, durante los cuales el periodista, quien además tiene 53 libros publicados, no ha dejado de escribirla un solo día.
 
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