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La idea romántica del oeste estadounidense hace tiempo que fue rota con toda inteligencia por Sergio Leone, Sam Peckinpah, o Clint Eastwood. La ruptura más reciente en torno de un mundo de leyes inamovibles viene de los ojos de una mujer, Annie Proulx, con un relato, Brokeback Mountain, de escasas 39 páginas, que retoma Ang Lee para llevar a escena una propuesta de vida cotidiana en la que se entrecruza una historia de amor entre dos seres humanos que no responde a los cánones del oeste, llámese Wyoming, Utah o Montana. Al margen de las condiciones ajenas a la obra literaria y fílmica, a partir de las premiaciones que ha tenido la cinta en festivales (Venecia) y en Europa y, en este lado del mundo, en escenarios como el de los Globos de Oro y el del Oscar, en otro momento se abordará el trabajo de Ang Lee para tocar ahora otra película de vaqueros que apenas sobrevive en la cartelera ante la avalancha de lo "oscarizado"; otra de vaqueros con puntos en común en algunas líneas del género con la referida Brokeback Mountain y al mismo tiempo totalmente alejada de ésta en su propósito y en el resultado. Los tres entierros de Melquíades Estrada , desde su estreno, hace más de una semana, apenas tuvo algunas salas para su exhibición, a diferencia de las muchas que la mercadotecnia, pero sobre todo el morbo bien dosificado en un país tan machista como el nuestro le dio desde un principio a Brokeback Mountain , la cinta dirigida e interpretada por Tommy Lee Jones con base en una inteligente escritura de Guillermo Arriaga (quien hace un cameo) nos da una visión contemporánea del mundo rural, del mundo de la frontera, del mundo de vaqueros comunes y corrientes que se entienden desde su trabajo y desde las pequeñas cosas en cómun que no están marcadas por las diferencias étnicas o sociales. Los tres entierros de Melquíades Estrada es una película de dimensiones estéticas, sociales y políticas de gran peso. No es necesario, a lo largo de ella, hacer referencias explícitas a las condiciones del migrante, ni crear discursos de artificio para poder sentir en carne viva cuáles son algunos de los problemas más relevantes de la frontera de México con Estados Unidos, para desmontar los prejuicios, el racismo, la ignorancia, pero también, la solidaridad más allá de la comprensión de la lengua y la cultura de ambos lados de la cicatriz. Tommy Lee Jones, quien no tiene desperdicio como actor, ha tomado el riesgo de ponerse detrás de la cámara para hacer una cinta más que notable en su debut como director. El entendimiento con la historia, con sus personajes, con el paisaje, con el sentido de un camino recorrido en sentido inverso, ese cruce de la frontera de Estados Unidos hacia México, lograda metáfora del escritor y del director, hace de Los tres entierros de Melquíades Estrada un trabajo de gran calado en el cual Tommy Lee Jones no dudó en poner, además de su talento y kilos de empeño, una dosis de libertad y de ironía que sólo se nota en los grandes, en los que han dedicado su vida al cine viviéndolo desde sus entrañas y no desde los números de la chequera. A Tommy Lee Jones se le advierte seguro como director, se le advierte sólido y propositivo para relatar una historia, que como todas las que llevan la firma de Guillermo Arriaga, tienden a trabajar en círculos, en ires y venires, en planos alternos, con saltos en el tiempo narrativo. Y todo ello, lo sortea con talento el director-actor para, hacia la segunda parte de la cinta, cuando se hace el cruce de la frontera en sentido inverso con un cuerpo que enterrar en algún lugar del norte de México, se haga evidente la más interesante fase de la cinta, en cuanto a propuesta, pero al mismo tiempo el homenaje y, sí, también parodia, respecto a un género que pareciera estar en una fase crepuscular y que, sin embargo, con algunos rayos solares, revive de forma espectacular. Los tres entierros de Melquiades Estrada es cine mexicano pese a que sea también cine estadounidense y hasta francés. En dos horas, el humor, la sordidez, los juegos con la muerte, el absurdo y la burla se instalan en espacios convencionales o en grandes espacios abiertos para desnudar no sólo un territorio, personaje protagónico, sino también los prejuicios o la falta de ellos en las relaciones humanas que construye la frontera más grande del mundo. * Crítica de cine
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