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Raymundo Riva Palacio
06 de marzo de 2006

La enfermedad del ´Doctor Simi´

En la cocina de las eventuales crisis postelectorales del 2 de julio, se está preparando una ante los ojos de todos que, sin embargo, no se le está prestando la atención adecuada para desactivarla. Se trata de la onerosa cruzada de Víctor González Torres, el Doctor Simi , para competir en la elección presidencial como candidato ciudadano. Esta es la última fase desde que comenzó su recorrido hacia Los Pinos con una masiva propaganda respaldada por sus Farmacias Similares, que venden productos genéricos a bajo precio, e intentó comprar la candidatura del Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina, logrando sólo su fractura y muerte anticipada. Al fallar su intentona de apoderarse de la candidatura aceleró su "candidatura ciudadana", y hace unos días envió al Instituto Federal Electoral (IFE) una carta que de no ser por las amenazas para el proceso electoral en puerta y la construcción a la democracia que ella entraña, sería una pieza del más puro surrealismo oroliano.

González Torres hizo siete preguntas concretas al Instituto Federal Electoral que van desde puntos que ya han sido legalmente respondidos por diferentes autoridades, hasta aspectos que son absolutamente ridículos, que quizás obedecen sólo a una provocación disimulada. González Torres pidió respuestas fundamentadas al IFE sobre, por ejemplo, si se debería registrar individualmente para ser votado en las boletas el 2 de julio, o bastaría que los ciudadanos lo asuman como candidato independiente. El Instituto Federal Electoral no le ha respondido todavía -algo que tendrá que hacer-, pero la respuesta la encuentra en la experiencia que siguió el proceso legal de Jorge Castañeda, quien no pudo registrarse pese a que la Constitución mexicana tiene un vacío legal que le permite votar y ser votado, por la regulación de la ley electoral, respaldada por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que le otorga la atribución exclusiva de registrar candidatos a los partidos políticos.

Pero así como presentó preguntas retóricas, le inquirió sobre qué criterio utilizará para contar aquellos votos que realicen los electores en dado caso que escriban su nombre con faltas de ortografía -su argumento es que la mayoría de la población no tiene educación-, o que no escriban su nombre completo. Inclusive, pidió la autorización para que quien vote por él pudiera hacerlo también con su seudónimo del Doctor Simi. Estas preguntas se caen al no existir espacio legal en la elección para un candidato ciudadano, pero más allá de lo absurdo del caso, en el fondo arropan dos preguntas más que son la probable fuente de un posible conflicto postelectoral. La primera tiene que ver con la petición al Instituto Federal Electoral que confirme su criterio de que los votos emitidos por un candidato ciudadano tienen la misma validez que aquellos registrados por un partido político; la segunda solicita que si en lugar de nombre o seudónimo, puede pegarse en la boleta una calcomanía del Doctor Simi.

¿Para dónde va el Doctor Simi? Esas dos preguntas prefiguran su camino. La respuesta del IFE, que irá en contra de sus pretensiones, le dará un nuevo aliento a su campaña propagandística en medios, introduciendo seguramente la idea de que, conforme a la Constitución mexicana, los votos sufragados por él contabilizarán legalmente y no estadísticamente, como sucedía con los altos números -nunca suficientes para ganar una elección- que obtenía Cantinflas. Proponer el uso de calcomanías significa que acudirá a sus clientelas naturales, los miles que compran medicinas sin patente en sus farmacias, para entregarles las pegatinas y pedirles que acudan a votar y las pongan en el espacio en blanco de la boleta electoral. Para efectos de argumentación, si logra que un millón de personas peguen las calcomanías, se sabrá oficialmente que ese número votó por el Doctor Simi. ¿Y luego qué?

Esta es la gran interrogante detrás de la cruzada de González Torres por la Presidencia. Nadie tiene respuesta clara sobre qué busca en el fondo. González Torres pertenece a la familia que es propietaria del Partido Verde, el instituto político que más dolores de cabeza ha causado al IFE en toda su existencia, y el que más iniciativas de ley que afectan a la industria químico-farmacéutica ha introducido en el Congreso. La industria se ha enfrentado sin éxito a González Torres, y las críticas sobre la mala calidad de sus medicinas se han estrellado siempre ante un muro que protege los intereses empresariales de quien ahora se ha disfrazado de político. La misma industria tiene un amplio expediente sobre el Doctor Simi, pero ni lo han dado a conocer ni, según quienes los conocen, tienen muchas intenciones de darlo a conocer.

La liquidez de Víctor González Torres, dada la intensa y permanente campaña mediática en la mayoría de los periódicos, y en radio y televisión, levanta cejas por doquier. El Doctor Simi compra varias horas de televisión al día -en canales no costosos y horarios no estelares- para realizar proselitismo. Y si alcanzara ese hipotético millón de votos, tendría márgenes para desatar un conflicto postelectoral. Podría argumentar que le hicieron fraude, que no contaron bien sus votos, que le impidieron tener representantes de casilla porque no querían que llegara un verdadero representante del pueblo, escondiendo en la manipulación y enajenación colectiva la ilegalidad y nulidad de sus alegatos. Con su dinero podría desarrollar una campaña mediática para desvirtuar el proceso electoral. Si tuviera ese número de votos, y sabiendo propagandísticamente de lo que es capaz, hay que tener clara una cosa. O de una vez por todas las instituciones, los partidos y los medios lo colocan en su lugar de empresario y ciudadano, pero no candidato a la Presidencia, o será una molestia para cualquiera que gane la Presidencia de la República, quien tendrá que, o negociar las cosas que a él le interesan, o aplastarlo políticamente. En ambos casos, el Doctor Simi ganará, y el presidente electo y la democracia serán los derrotados.

 
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PERFIL
 
Reconocido periodista y analista, Raymundo Riva Palacio ha obtenido dos Premios Nacionales de Periodismo. Durante su fructífera carrera, ha escrito para numerosos periódicos de México, España, Canadá y Estados Unidos. Es autor de "Centroamérica: la guerra ya empezó", "Más allá de los límites: ensayo para un nuevo periodismo", y coautor de "Aún tiembla" y "La cultura de la colisión". Su último libro se titula "La prensa de los jardines". Actualmente es director editorial de El Gráfico, El M, y coordinador de asuntos internacionales de EL UNIVERSAL.
 
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