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Michael Chertoff, del Departamento de Seguridad Interna, por tercera vez en meses, visita la frontera tamaulipeca con Texas. Antes fue a Laredo y luego a El Paso. Se reúne con funcionarios federales de México. Por la parte mexicana acudieron Carlos María Abascal, secretario de Gobernación; José Luis Santiago Vasconcelos, de la PGR; Eduardo Medina Mora, de la Secretaría de Seguridad Pública federal, y Gerónimo Gutiérrez Fernández, de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Al mismo tiempo se celebra en Valle de Bravo una más de las reuniones interparlamentarias Estados Unidos-México. Ya emanan de ahí "buenas vibraciones": vamos, hasta a la Patrulla Fronteriza no le gusta mucho la idea del "Muro de la Tortilla". La real "reforma migratoria comprensiva" va por otro lado: por el camino de las discusiones en el comité del Senado que preside en Washington el señor Specter. Hay esperanzas de que se apruebe una ley, la cual implique alguna clase de regularización para los millones de trabajadores indocumentados en EU. Y, de repente, ocurrió algo lógico pero en verdad poco esperado: el cardenal Roger Mahony, de Los Ángeles, California, ha dicho que si los actuales esfuerzos en el Congreso para criminalizar la ayuda humanitaria a los inmigrantes logran su cometido, el cardenal dará instrucciones a sus sacerdotes y al personal de la Iglesia para desafiar la ley. Exacto: en un gesto extraordinario de solidaridad, el llamado de Mahony significa ni más ni menos que la desobediencia civil frente a los aspectos más crueles e inhumanos de un posible ordenamiento jurídico. La caridad cristiana no puede ser un "crimen federal", recuerda el cardenal en estos días de Cuaresma. Excelente tiempo para su valeroso gesto. Pronto se celebrará la Reunión Binacional, la cual reúne a los más altos funcionarios de los gobiernos federales de EU y México. Luego se presentará el encuentro de los presidentes Bush y Fox, y finalmente acudirá a una reunión tripartita en Cancún el nuevo primer ministro de Canadá, Steven Harper. Por reuniones, encuentros y cumbres no quedamos en falta los norteamericanos (de Norteamérica). A todos estos encuentros los ha precedido el reporte anual estadounidense sobre el control internacional de drogas. La subsecretaria de Estado para Asuntos Internacionales de Narcóticos, Anne W. Patterson, afirmó que México y otros países latinoamericanos tienen "enormes espacios sin gobierno"; México es todavía el mayor punto de entrada para cocaína, metanfetaminas y precursores químicos y, claro, el narcotráfico es la principal fuente de fondos para el lavado de dinero en el sistema financiero. México es "un enorme desafío", dijo la funcionaria. En la nota del corresponsal José Carreño para EL UNIVERSAL, publicada el jueves 2 de marzo, en la página electrónica, hay un párrafo especialmente importante: "La proximidad geográfica contribuyó a la situación de México como un proveedor principal de heroína, y contó para casi 30% del consumo estadounidense", a pesar de su relativamente pequeña producción a nivel mundial. Por si fuera poco, una nota de Associated Press coloca con mayor claridad la situación (EL UNIVERSAL, 2 de marzo). La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la ONU señaló que México es ahora el segundo proveedor de heroína en el mercado ilícito de EU, pese a que su participación en la producción mundial de opio es menor a 5%. Alrededor de 60% de la heroína que llega a EU se introduce de contrabando desde Colombia, pasando por México, mientras que el restante 40% se produce en territorio mexicano, según el reporte presentado por José Vila del Castillo, representante de la oficina regional especializada de la ONU. Queda claro: cerca del total de la heroína consumida por los adictos estadounidenses pasa por México; 60% proviene de Colombia y el otro 40% es producción mexicana. La heroína producida por Afganistán, el mayor proveedor mundial, se vende en Europa y Asia, no en EU. Un momento: ¿de qué estamos hablando? Veamos: un kilo de cocaína colocado en la frontera mexicana con EU, dependiendo de su pureza, cuesta de 6 a 8 mil dolares al mayoreo. Sólo al cruzar el río Bravo su precio alcanza de 12 a 15 mil dólares. En los grandes centros de consumo, puede llegar a valer de 20 a 25 mil dólares, precios al mayoreo. Pero la heroína es otro nivel. Un kilo comienza cerca de 80 o 100 mil dólares, dependiendo de su calidad. Esa cantidad puede multiplicarse varias veces ya en las grandes ciudades y centros de distribución. Y el consumo estadounidense de heroína es abastecido casi en su totalidad desde México: 60% de la producción es colombiana; 40% es mexicana. Piense en toneladas métricas (¿cinco, ocho, o más?) de consumo anual en EU. De esto estamos hablando. El tráfico ilegal de heroína es el más protegido y peligroso del mundo. Y los mexicanos producen opio en territorio nacional desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Departamento del Tesoro de EU fue designado por una ley de 1942, la Opium Poppy Control Act, como el responsable de la producción de goma de opio, generada especialmente en Sinaloa. Y, luego, de la producción de morfina en territorio del propio EU para los soldados heridos. Exacto: antes de la explosión de la cocaína, los traficantes de droga que se daban a respetar eran conocidos como "los gomeros", los productores de goma de opio. La producción y el tráfico ilegal de mariguana en Canadá, EU y México es una cosa seria. El contrabando de cocaína desde Sudamérica a México y a EU, destino final del mayor consumo, es algo muy importante. Pero producir o contrabandear heroína colombiana y mexicana hacia el mercado estadounidense es algo más que el contrabando de armas o diamantes. Un capo de la mariguana, la cocaína y las metanfetaminas, el gerente operativo de un cártel multidrogas, es alguien muy importante. Un productor y contrabandista de heroína es simplemente un "don". Alguien que se ganó el privilegio de la producción y el mercadeo de un producto extraordinariamente valioso, en términos de dólares. Y muy, muy peligroso. El oligopolio más delicado del mundo. Un oligopolio que no podría existir sin la protección oficial de gobiernos enteros y la ceguera o incapacidad de otros: ¡that´s life! Algo ya ocurrió, desde hace años, en los cárteles mexicanos: los más poderosos y silenciosos están ganando porciones mayores en el control de la heroína destinada al consumo de los adictos en Estados Unidos. Los colombianos producen; pero necesitan de los mexicanos para el paso de la droga a EU. Los mexicanos producen heroína y no necesitan a los colombianos, a no ser como confiables proveedores. Cuando se habla de la disputa sangrienta por las plazas y las rutas generalmente pensamos en la cocaína o los cárteles multidrogas. ¿Pero qué sucede si algún grupo se atrevió a retar a los cárteles de Sinaloa, Durango y Chihuahua en la producción y contrabando de heroína? Ése no es, en forma alguna, un mercado abierto. Ése es, de nueva cuenta, un delicadísimo y protegido oligopolio. Queda entonces la impresión de que, con motivo de la violencia desatada en las ciudades de la frontera y en algunos territorios perfectamente localizados como productores de opio y heroína, mucho de lo discutido por los responsables de la lucha antinarcóticos, tiene una directa relación con este cambio cualitativo en el crimen organizado. Y sus extraordinarias consecuencias para la vida de las tres naciones. Montreal es también un lugar de paso de la heroína. Al menos, claro, que los funcionarios también se encuentren narcotizados. Dormidos, pues. mvalle131@aol.com
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