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El éxito de López ObradorEl nombre de Andrés Manuel López Obrador domina las conversaciones en los pasillos, las oficinas y los restaurantes más elegantes del país. Allí empresarios, ejecutivos de todos los niveles y funcionarios públicos discuten sobre el hombre que -piensan- tiene las mayores posibilidades para llegar a la Presidencia de la República en julio de 2006. El candidato del PRD ha logrado en estos primeros dos meses del año lo que no ha podido hacer Felipe Calderón con su campaña y mucho menos el priísta Roberto Madrazo: meterse en la cabeza de los hombres de empresa y ser considerado en esos círculos como un serio aspirante presidencial. En esta primera etapa y a diferencia de Calderón, López Obrador no ha intentado vender a los empresarios ideas puntuales sobre política económica, sobre reformas estructurales o sobre asuntos de competitividad. Por eso es que despreció casi todas las invitaciones de los organismos empresariales que se le hicieron llegar. Simple y llanamente no le interesaron como estrategia porque allí no se ganan las elecciones. Si algo conoce bien el tabasqueño es precisamente la forma cómo ganar adeptos. Y para ello había que ir a las plazas públicas en todos los rincones, había que manejar hábilmente a los medios de comunicación especialmente electrónicos, había que consolidar las redes de promoción del voto y las alianzas convenientes. A eso se dedicó. El resultado ha sido fabuloso para su causa: mantiene el primer lugar en las preferencias a cuatro meses de la elección. Con esta carta de presentación, se da el lujo de imponer condiciones en las negociaciones para los debates, en los lugares y eventos en donde se presenta, y obliga a las elites empresariales a ser tomado en cuenta en serio. Pasa, pues, de la confrontación, del lenguaje de denuncia y reto que le gusta escuchar a la gente, y la obligada arenga de las plazas públicas, a una nueva etapa de presentación de propuestas. La estrategia ha funcionado. Los empresarios asentados en Monterrey, una ciudad con casi nula votación histórica por el PRD, no sólo se han visto obligados a aceptar la candidatura de López Obrador como la de mayor viabilidad hoy en día, sino que muchos de ellos han modificado su tradicional animadversión por el tabasqueño y comienzan a mostrar simpatías por su candidatura. La razón es simple. Mas allá de la fuerza de las encuestas que han machacado con el primer lugar del candidato perredista, a muchos empresarios -incluyendo por supuesto a los grandes- les agrada escuchar de López Obrador mensajes como la reinstauración de una política industrial que incluya precios preferenciales y bajos precios de los energéticos, impulso a la construcción, a la banca de desarrollo, e ideas similares. Como dijo ayer el presidente de la Canacintra en una entrevista con Milenio, "si a un industrial le dices que le vas a bajar los precios de los energéticos, lo enamoras". Pues bien, esto exactamente está ocurriendo con la efectiva campaña electoral de López Obrador. Si estas propuestas son cortoplacistas y coyunturales, eso ahora no parece importarles mucho a los empresarios, porque lo que están escuchando les favorece en lo inmediato. Lo demás, no parece importar mucho. por ahora. Por lo pronto, en una o dos semanas más Andrés Manuel López Obrador iniciará su segunda etapa de la campaña en la que promete aceptar invitaciones para plantear propuestas concretas. Quizá el primer foro empresarial en donde veamos al candidato perredista exponiendo sus ideas sea la Convención Anual de los Banqueros que se llevará a cabo en Acapulco el próximo 23 y 24 de marzo. Allí, cerrará el evento después de que hayan desfilado Felipe Calderón y Roberto Madrazo. Obviamente, y él lo sabe bien, los ojos de los banqueros nacionales y extranjeros estarán puestos en su discurso: en el tono y en el contenido, en los temas que aborde y en los que no. La expectativa es natural después de que una de las banderas políticas más importantes del candidato ha sido precisamente su denuncia del rescate bancario, hacia los funcionarios públicos involucrados y a los banqueros y empresarios que se beneficiaron de él. Hábil como es, ese día López Obrador tenderá puentes con la comunidad financiera y empresarial del país invitando a sumarse a su propuesta de gobierno a quienes lícita y honradamente hacen negocios en México. Difícilmente veremos a un López Obrador en campaña discutiendo programas de gobierno y políticas públicas a fondo. No es de su interés para los fines electorales. En todo caso serán sus asesores, como Rogelio Ramírez de la O, quienes abordaran específicamente algunos de los asuntos de los que no se puede escabullir. Mucho menos se debatirán los ´cómos´ o las consecuencias de algunas de sus propuestas iniciales en materia de política económica. En estos dos meses ha quedado claro que López Obrador conoce a la gente mucho más que sus contrincantes. Sabe como ganar una elección aunque tiene la desventaja de reunir a un alto número de ciudadanos que simpatizan con él pero que aún no puede contar con su voto de forma estable. Lo cierto es que en esta primera etapa el tabasqueño ha logrado que los empresarios hablen de él, le consideren un candidato con altas posibilidades e, incluso, que muchos de ellos ya muestren signos de enamoramiento. Todavía resta tiempo por delante, pero esta carrera se gana por etapas. Sígale la pista. 1. Las cifras siguen confirmando que Gigante se hace cada vez más pequeño. El reporte financiero a 2005 que entregó la cadena de supermercados a la Bolsa Mexicana de Valores, así lo confirma. Si bien la empresa de la familia Losada se ha dado a la tarea de reflotar a la compañía a través de una agresiva campaña de descuentos, los resultados financieros siguen siendo bastante malos. Lo grave para Gigante es la pérdida de clientes y que están migrando hacia la competencia, en especial hacia Wal Mart que, por otro lado, continúa mostrando una fortaleza que sorprende. Gigante se achica. 2. Alrededor de 7 millones de dólares cobraría el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, por los derechos de sus memorias que publicará en breve. A Greenspan lo representa Robert Barnett, un reconocido abogado en el mundo editorial que negoció los 12 millones de dólares que se embolsó el ex presidente William Clinton por "My Story", y los 8 millones de dólares que cobró Hillary Clinton por la publicación de "Living History". La industria editorial estadounidense ha logrado colocar grandes tirajes de libros escritos por personajes públicos que han desatado controversia o, como en el caso de Greenspan, han dejado un halo de misterio en su carrera. Por ahora las negociaciones para la edición de las memorias del ´ex banquero mas poderoso del mundo´ se mantienen con grandes casas editoriales como Simon & Schuster, Penguin, HarperCollins, Random House y Time Warner Books. sgarcia@elsemanario.com.mx
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