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Las famas diversasLa mayor parte de la gente desconfía de la fama mientras no son famosos. Algunos, los más sabios, desconfían aun después de haber llegado a la fama. Yo pienso que habría que distinguir entre fama y fama. Hay unas ciertas famas que repugnan, como son las famas de los dictadores; y otras que se diría son famas secundarias o poco famosas, ya que su popularidad se diluye pronto y deja tras de sí un rumor o algunas memorias. Hay una fama grande y gorda que da ciertos premios por ciertos conocimientos que, sin embargo, no son muy conocidos. Es una fama con prestigio misterioso que se aplaude con los ojos cerrados. La televisión da una fama de tranco corto que viene y se va dejando al famoso con los ojos cuadrados y el alma golpeada. Es una fama prestada con la obligación de devolverla tal y como se la encontró a su llegada. La fama íntima y amada es la que nace en la familia y sólo llega a pocos amigos que la aplauden y gozan. Pero es fama poco famosa. La fama mundial sólo se consigue dejando caer una bomba atómica en Japón o acostándose con la mujer más famosa del mundo. Esta última es fama de dormitorio y la primera de asombro y enciclopedia. La popularidad se reparte entre vecinos y no lleva lejos, pero permite tener una buena mesa en el restaurante de la colonia y la simpatía en el mercado. A los populares les brindan toros y les hacen caricaturas. Nadie ama a los famosos y cuando son famosos malos, se les teme. Yo conocí a un famoso que no sabía que lo era, y por lo tanto era normal. Era, para mí, la perfecta fama.
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