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Cuando nace el caprichoHace más de 200 años nació, lo que hoy Fernando Cesarman podría llamar, el viaje al fondo de la mente. El autor de tal peregrinaje se llamaba, igual que yo, Paco y nació en 1746. En la fecha que señalo más arriba Francisco de Goya y Lucientes inició la aventura surrealista a la que me refiero; dibujar desde las cavernas de la imaginación: brujas tripulando escobas, monstruos voraces, viejas que llevan dentro de sí los resabios de la liviandad, vuelos cavernarios y gritos sordos que sólo escucharemos si nuestra imaginación está tan despierta como el oído de don Francisco. Se cumplieron 260 años desde que nació aquel portento que dedicó su vida a desnudar sus sueños y a desnudar el caparazón de las máscaras reales. La serie de grabados titulados Los Caprichos han conformado uno de los itinerarios más traumáticos del arte. Quien entra en ellos sólo podrá salir llevando consigo el mundo blanco y negro de sus alucinaciones. Los visitantes de museos prefieren las majas, desnudas o vestidas, los tapices de ambiente campesino y los rostros degenerados de la realeza. Yo desde siempre he preferido las brujas y las escobas a las que acompañan esos mensajes, también, oscuros y dolientes que Goya ponía al pie de cada grabado como quien duda que el espectador entienda lo que el dibujo le dice. Para muchos, vive en las páginas de los cientos de libros que reproducen sus Caprichos y nos permiten ese viaje al terror que dio lugar, más tarde, a otras tantas películas en las que el sueño de Goya ha sido falsificado a todo color. Don Francisco de Goya y Lucientes murió fuera de España en el exilio. Uno más que se fue con todo y sus sueños.
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